El tomate no tiene efectos anticancerígenos
La FDA ha revisado la evidencia científica disponible sobre la relación del tomate y el licopeno en la prevención del cáncer. El organismo regulador concluye que no hay pruebas suficientes que avalen este beneficio.
11/07/2007
Una revisión llevada a cabo por la Food and Drug Administration (FDA), el organismo que regula los medicamentos y los alimentos en Estados Unidos, no ha encontrado muchos indicios que asocien la ingesta de tomate con el descenso del riesgo de padecer ciertos tipos de cáncer, según se publica en la edición electrónica de Journal of the National Cancer Institute.
Varios estudios previos habían apuntado la relación entre el consumo de tomates y el licopeno que incluye, un carotenoide que proporciona el color rojo al tomate y a otras hortalizas y frutas, y el descenso del riesgo de padecer cáncer, en particular el tumor de próstata.
A fin de etiquetar los alimentos y los suplementos dietéticos recogiendo estas propiedades saludables, la FDA debe revisar y aprobar dichas alegaciones basándose en la evidencia científica disponible.
En un artículo de revisión, Claudine Kavanaugh describe la evaluación de noviembre de 2005 realizada por la agencia sobre las pruebas científicas que relacionan los tomates o los alimentos basados en tomate, el licopeno y la reducción del cáncer.
Sin evidencias
Esta revisión no encontró evidencias de que los tomates reduzcan realmente el riesgo de padecer cáncer de hígado, de mama, de endometrio, colorrectal o de cérvix. Hay, de todos modos, indicios limitados que relacionan el consumo de tomate y la reducción del cáncer de próstata, ovario, gástrico y de páncreas. Basándose en esta evaluación, la FDA ha decidido permitir la calificación con propiedades saludables sólo para estos cuatro tipos de cáncer.
Su análisis no encontró pruebas muy fiables de que el licopeno, ya sea en la comida o como parte de un suplemento dietético, estuviera asociado a la reducción del riesgo en ninguno de los tipos de cáncer evaluados.
El artículo apunta que sobre el cáncer de próstata "investigaciones científicas muy limitadas y preliminares habían sugerido que comer medio tomate o beber un vaso de salsa de tomate a la semana podría reducir el riesgo de cáncer de próstata". El organismo regulador estadounidense concluye que hay poca evidencia científica que sustente esta afirmación.
En uno de los editoriales que acompañan a la publicación del artículo, Paul Coates, del Instituto Nacional de Salud de Bethesda, en Estados Unidos, aborda también el número limitado de ensayos clínicos disponibles y el reto de comunicar al público las sutilezas de la decisión tomada por la FDA.
En un segundo editorial, Edward Giovannucci, de la Facultad de Salud Pública de Harvard, sugiere que el uso extendido de los test del antígeno prostático específico (PSA, por sus siglas en inglés) puede influir en los datos que relacionan el consumo de tomate y licopeno con el riesgo de sufrir cáncer de próstata.