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Cáncer

La terapia fotodinámica, útil en carcinoma basocelular nodular y queratosis actínica

La terapia fotodinámica se ha convertido en una nueva vía para el tratamiento del cáncer, pero su uso no siempre es recomendable. Un estudio español señala el beneficio en tumores dermatológicos, principalmente, y en respiratorios y digestivos, en menor medida. En queratosis actínica y carcinomas basocelulares nodulares es útil, pero no en melanoma.
08/05/2008

Un equipo español coordinado por Ángeles Juarranz, del Departamento de Biología de la Universidad Autónoma de Madrid, trabaja en las posibilidades de la terapia fotodinámica (TFD) en el tratamiento del cáncer, un acercamiento que ha ido ganando relevancia en los últimos años. El uso de compuestos con propiedades fotosensibilizadoras, que se activan con la acción de la luz, está permitiendo mejorar el abordaje de diversos tumores, especialmente dermatológicos. Su trabajo se ha publicado en Clinical and Translational Oncology.

La investigación, en la que han colaborado los dermatólogos Pedro Jaén, del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, y Salvador González, del Sloan Memorial Kettering Cancer Center, de Nueva York, ha estudiado la administración tópica o sistémica de compuestos con propiedades fotosensibilizadoras que se acumulan preferentemente en tejidos tumorales. La irradiación de estos tejidos con luz visible ocasiona la formación de especies altamente reactivas de oxígeno, que son las responsables finales de la destrucción selectiva del tumor.

Ventajas
Los autores señalan que los componentes fotosensibilizadores más comunes suelen ser derivados de porfirinas, moléculas intermediarias secundarias en la síntesis del grupo hemo. El fotosensibilizante aprobado por la Agencia Española de Medicamentos es el metil aminolevulinato.

Juarranz ha explicado a Diario Médico que la TFD presenta ventajas respecto a tratamientos convencionales. Tiene escasa toxicidad sistémica, ya que el fotosensibilizador sólo se activa en presencia de luz; su capacidad de destruir tumores es selectiva, lo que permite disminuir efectos secundarios sobre otros tejidos, y se puede administrar en solitario o en combinación con quimioterapia, radioterapia, inmunoterapia y cirugía.

Los resultados de su aplicación van desde el retraso en el crecimiento tumoral en cánceres avanzados a una completa destrucción de la neoplasia. Es útil en tumores del sistema respiratorio y digestivo, pero sobre todo en cáncer dermatológico. Concretamente, "la TFD está indicada para queratosis actínicas (lesiones premalignas) y carcinomas basocelulares nodulares.

En cambio, en casos de carcinomas celulares escamosos y melanomas no es útil: mientas en el primero de los casos la penetración de la luz es imposible, en el segundo la pigmentación provoca que la luz se disperse y pierda efectividad".

Este acercamiento no sólo presenta ventajas para el tratamiento. Juarranz ha apuntado que es muy útil para diagnóstico en tumores de vejiga y, fuera del ámbito oncológico, en degeneración macular asociada a la edad (DMAE). También podría utilizarse con fines paliativos en el caso de tumores respiratorios. El equipo de Juarranz está buscando nuevas vías terapéuticas.

En el caso de la queratosis actínica han descubierto que la TFD retrasa la aparición de nuevas queratosis, por lo que su uso "también es reparador y preventivo". González lo define como "el procedimiento elegido no sólo para tratar lesiones cutáneas producidas por el sol, sino para prevenir el cáncer cutáneo fotoinducido". Tras realizar estudios in vitro con fibroblastos e in vivo con ratones, la terapia se está probando en pacientes y los resultados iniciales son prometedores.

Una sesión puede tratar varias lesiones
Salvador Gonzalez, del Sloan Kettering Cancer Center, de Nueva York, ha explicado que una sola sesión de terapia fotodinámica puede servir para tratar lesiones múltiples: "Por lo general, el tratamiento se realiza en dos sesiones con una semana de diferencia en el carcinoma basocelular, mientras que si se trata de una queratosis actínica puede bastar con una sesión".

Antes de administrar la crema metil aminolevulinato, el área afectada se prepara para permitir un acceso óptimo al tejido tumoral y maximizar la penetración de la luz. Aunque el tipo de preparación depende de la clase de lesión, González ha precisado que lo más normal es "una eliminación suave de la capa superficial de la lesión". La crema se aplica en la zona dañada en un área que abarca entre cinco y diez milímetros de tejido normal adyacente "para asegurar que se tratan todas las células del tumor, ya que algunas se pueden presentar dentro de los bordes del tejido normal". Posteriormente el área afectada se cubre durante tres horas con un apósito oclusivo permitiendo la absorción del principio activo.

Después se retira el vendaje oclusivo y el exceso de crema con solución salina y se ilumina el área afectada bajo luz roja a una distancia de 50 a 70 milímetros. Este proceso de iluminación dura aproximadamente de 7 a 9 minutos. Para finalizar, una semana después de la primera sesión "se aplicará una segunda sesión para completar el tratamiento basocelular".







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