El estudio, dirigido por Kathleen Torkko, analizó a 932 hombres blancos y a 414 hispanos del sur de Texas. Se analizaron muestras de sangre para establecer la relación entre la presencia de polimorfismos genéticos y el riesgo de cáncer de próstata. Específicamente se centraron en los polimorfismos del receptor nuclear de vitamina D (CDX2 y FokI), que modulan la acción de la vitamina D, y de la 5a reductasa tipo II (V89L y A49T), que convierte la testosterona en dihidrotestosterona.
En los hombres blancos no hispanos los polimorfismos V89L y FokI se asociaron con un incremento en el riesgo de cáncer de próstata superior al 50 por ciento. Este efecto no se observó en los hombres blancos. En los hispanos blancos, los CDX2 y V89L aumentaron el riesgo de cáncer de próstata tres veces. Esta asociación no se observó en los hombres de origen caucásico.