Esta estrategia supone un gran cambio en la manera de tratar el cáncer, pues pasa de ser una entidad monolítica a una patología diferente en cada paciente y cuyo perfil genético puede cambiar desde que se inicia el tratamiento. Una rápida prueba diagnóstica de la impronta genética de las células cancerosas puede optimizar los resultados terapéuticos.
Así se revela en un estudio piloto realizado por investigadores del Hospital General de Massachusetts (MGH) cuyos resultados se publicarán el 24 de julio en The New England Journal of Medicine, aunque se adelantan hoy en la edición electrónica de la revista.
Los investigadores del hospital, junto con otros científicos de la compañía biotecnológica BioMEMS, diseñaron un chip (que han denominado CTC-chip) con el que se determina la firma genética de las células de cáncer de pulmón que circulan en el torrente sanguíneo.
A diferencia de los análisis genéticos de biopsias tumorales que se extraen en el momento del diagnóstico, el CTC-chip estudia el cáncer en tiempo real. Según afirma el autor principal del trabajo, Daniel Haber, director del Centro del Cáncer del MGH, "cuando el dispositivo esté listo para realizarse ensayos clínicos amplios brindará nuevas opciones para medir la respuesta al tratamiento, definir el pronóstico y estudiar la biología de las metástasis, todo ello fundamental para evitar que el cáncer avance y se convierta en letal".
El trabajo ha analizado la eficacia del chip en 27 pacientes con cáncer de pulmón no microcítico, de los que 23 presentaban mutaciones en el gen EGFR. Las muestras sanguíneas para el análisis se recogieron con regularidad a lo largo de todo el tratamiento.
Además de las mutaciones del EGFR, el dispositivo reveló una segunda mutación asociada a la resistencia al tratamiento en determinados enfermos, incluidos aquéllos que en un principio respondían al tratamiento pero que finalmente mostraron crecimiento tumoral.