Hospital Quirón de Madrid ha" />
La colangiografía es una técnica con muchos años a sus espaldas que está viviendo una segunda juventud. En los últimos años está sufriendo una revolución que puede observarse en tres avances puntuales, según ha explicado Diego Juzgado, jefe de servicio de Aparato Digestivo en el Hospital Quirón, en una jornada organizada por este centro en Madrid. Aunque este tipo de técnicas nació con vocación diagnóstica, su evolución ha permitido que hoy día sean eminentemente terapéuticas. De hecho, la colangiografía “se realiza como terapéutica en un 99 por ciento de los casos” con el objetivo de corregir una estenosis, abrir un tumor, extraer un cálculo y eliminar una infección, entre otras posibilidades.
La primera de las técnicas que Juzgado ha destacado se refiere al proceso de dilatación de vías como método para poder extraer cálculos de gran tamaño. Supone un apoyo hacia la papiloplastia, una técnica denostada hace no mucho debido a una asociación con la pancreatitis que ahora “se ha desvelado como falsa”.
Hacia el metal
La segunda señala el uso de prótesis metálicas para tratar estenosis biliares benignas. En este caso se pueden utilizar, entre otras opciones, stents plásticos colocados “unos encima de otros hasta lograr el diámetro deseado en la vía biliar”. Juzgado ha explicado la posibilidad de implantar prótesis metálicas, una técnica un poco más invasiva que, de hecho, en Estados Unidos es impensable porque su uso aún no está aprobado. Hasta hace poco se pensaba que este tipo de stent “era definitivo y que una vez colocado no se podía retirar”. Pero se trata de otra falsedad, ya que “hay muchos que pueden retirarse de la vía biliar con cierta facilidad: depende de cómo haya sido colocado, del tiempo que lleve puesto y de la experiencia de quien lo haga”.
En la actualidad el uso de stents metálicos está relacionado con patologías benignas, lo que supone, según Miguel Ángel Simón, de
Ver en los conductos
La tercera de las técnicas, quizá la más novedosa, está ligada al nombre de Douglas Pleskow y supone “un sistema de canulación nueva, diferente al papilotomo, en la que al tacto se añade la visión gracias a una guía óptica y en la que se logra canular sin hacer ningún tipo de daño ni fricción en la papila”. Pleskow, codirector de
En este sentido, uno de los retos es que la pancreatitis asociada a este tipo de técnicas disminuya hasta casi desaparecer. Pleskow cree que el cero “es un número muy atractivo”, pero señala que es muy complicado llegar a él: “Uno de los últimos estudios que conozco ha demostrado una incidencia de la pancreatitis de entre el 8 y el 0 por ciento. Más estudios han demostrado reducciones importantes de estos niveles, pero es muy difícil pensar que podamos llegar al cero por ciento”. Además de reducir la incidencia, este método podría disminuir su severidad: “La información de la que disponemos no señala si, cuando la pancreatitis sigue produciéndose, es menos severa gracias a este procedimiento. Aunque no hay forma de asegurarlo, mi opinión es que sí se reduce la gravedad”.
Sin preocupación por retirar el stent
Este tipo de novedades muestran cómo “se abren nuevas vías cada poco tiempo”, según han explicado Juzgado y Simón. El próximo reto, “para el que no habrá que esperar mucho”, es la llegada de stents biodegradables. Juzgado ha explicado que todo el mundo está trabajando en ello porque es vital poder colocar el stent en la vía biliar y no tener que pensar cómo retirarlo: se van a biodegradar solos. En cierto modo es como si un cirujano tuviera que pensar en quitar todos los puntos de sutura: es algo que debe formar parte del pasado.