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Enfermedades del aparato digestivo

Los abordajes endoscópicos se imponen en esófago de Barrett

La terapia ablativa fotodinámica o resección mucosa se está imponiendo en las técnicas endoscópicas de destrucción de tejido metaplásico en pacientes con esófago de Barrett, frente a otras como la coagulación con argón o la ablación por electrocoagulación.
06/05/2008

Ángel Lanas, jefe de sección del Servicio de Aparato Digestivo del Hospital Clínico Universitario de Zaragoza, ha indicado en una conferencia organizada por la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao que, "debido a que en pacientes con esófago de Barrett (EB) y displasias de alto grado no suele estar indicado el tratamiento quirúrgico, las técnicas endoscópicas se están afianzando como una solución con buenos resultados".

Existe una probabilidad de un 0,5 por ciento anual de que el esófago de Barrett se transforme en carcinoma. El tratamiento tradicional en estos pacientes se ha centrado en el empleo de antisecretores (inhibidores de la bomba de protones) "en dosis altas" para intentar controlar el ácido.

Si bien no hay estudios concluyentes sobre la eficacia de este procedimiento, "sí hay datos que apuntan a un menor riesgo de displasia en los pacientes con EB sometidos a este tratamiento". Otra de las alternativas, especialmente para pacientes jóvenes o para aquéllos que no puedan cumplir con el tratamiento médico, es la cirugía antirreflujo.

A este tratamiento -sobre todo en pacientes con displasia- se están asociando terapias endoscópicas, como la fotodinámica, que utiliza polímeros inyectados por vía sistémica que, al excitarse con una determinada longitud de onda desde la luz esofágica, destruyen el tejido alterado.

Otras técnicas endoscópicas son las de ablación por electrocoagulación, criocoagulación o mediante argón. También se están registrando buenos resultados con el empleo de radiofrecuencia en la técnica HALO.

Con respecto a la actitud terapéutica, los pacientes se están tratando desde un doble punto de vista: por un lado, se trabaja sobre los síntomas (el reflujo esofágico), y por el otro, se continúa investigando desde el punto de vista de prevención del desarrollo de cáncer derivado del EB. "Desafortunadamente, aún no se han determinado marcadores que puedan predecir con un cierto grado de exactitud la progresión biológica y molecular de la enfermedad".

Así, dentro del ámbito preventivo, las displasias de bajo grado son vigiladas endoscópicamente a los seis meses y al año, "y si persisten, se continúan las citas cada doce meses". Cuando no hay displasia, las citas para la vigilancia de la evolución del EB se establecen a los tres y cinco años.

Lanas ha comentado que, debido a la baja incidencia de progresión a cáncer en el esófago de Barrett, desde algunos ámbitos se han planteado algunas dudas acerca de si su vigilancia es realmente coste-eficaz en pacientes que no presentan displasia. Los trabajos se deben centrar, según este especialista, en identificar al enfermo de riesgo, "y éste es uno de los retos en la investigación actual".

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