La distocia o dificultad en el parto es el principal motivo por el que un embarazo termina en cesárea; sin embargo, apenas se conocen un puñado de factores de riesgo que causan esta dificultad: edad avanzada de la madre, obesidad y superar la semana 40 de gestación.
En cambio, no se han determinado con suficiente exactitud las razones biológicas que conducen a una distocia, aunque algunos trabajos han apuntado una inadecuada preparación del organismo para el parto, que en diversas especies de mamíferos ocurre con bastante antelación.
En el caso de las mujeres es bien sabido que el cuello uterino experimenta una serie de cambios en las semanas previas al parto, y también se ha demostrado que un cuello uterino corto en mitad de la gestación eleva el riesgo de un parto pretérmino.
Sobre estas consideraciones, un equipo de científicos encabezados por Gordon C. S. Smith, de la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido, ha analizado cómo influye la longitud del cuello de útero medida en la mitad del embarazo en el hecho de que el parto termine con una cesárea.
Para ello han estudiado a 27.472 primíparas, de varios centros del Reino Unido, cuyo cérvix medía 16 mm o más en la semana 23 de gestación y cuyo parto se produjo a término. Los resultados se publican hoy en The New England Journal of Medicine.
La tasa de cesáreas más baja (16 por ciento) se registró en el primer cuartil en las mujeres que presentaban la menor longitud (16 a 30 mm); la tasa ascendía en el segundo cuartil (31 a 35 mm) hasta el 18,4 por ciento; el tercero (36 a 39 mm) llegaba al 21,7 por ciento, y con el cuarto (40 a 67 mm) se registró un 25,7 por ciento.
Con estas cifras los investigadores concluyen que la longitud del cérvix durante la mitad de la gestación se puede considerar un factor predictivo independiente del riesgo de cesárea en las mujeres primíparas cuyo parto se produce a término.
(N Engl J Med 2008; 358: 1.346-53).
Anomalía del útero
Las conclusiones expuestas por Gordon Smith concuerdan con otros análisis sobre ciertos animales, como los roedores, en los que se habían observado cambios fisiológicos y bioquímicos en la segunda mitad de la gestación como una preparación para el parto.
Esa relación es la que se ha buscado en este trabajo, aunque los autores reconocen en The New England que "hace falta más investigación para determinar la posibilidad de que un cérvix largo en mitad de la gestación esté reflejando un desarrollo disfuncional del útero, lo que en realidad provocaría la necesidad de cesárea". Los autores también recuerdan que se han ajustado otras variables que pudieran influir, como el sobrepeso materno.