Por ejemplo, en Italia el 4 por ciento de la población padece cirrosis y ésta constituye la segunda causa de trasplante de hígado, por detrás de la hepatitis C. “La cirrosis es un problema que va en aumento debido a los cambios en estilo de vida y al incremento del número de mujeres y adolescentes que ingieren alcohol en exceso”, tal y como ha indicado Massimo G. Colombo, jefe de la División de Gastroenterología del Hospital Policlínico Universitario de Milán (Italia) y profesor de gastroenterología de la Universidad de dicha ciudad, en la conferencia inaugural de la XLIII Reunión Anual de la Asociación Europea para el Estudio del Hígado (EASL, según sus siglas en inglés), que se está celebrando en Milán.
Antonio Craxi, del Departamento de Gastroenterología de la Universidad de Palermo, ha destacado que “la cirrosis sólo puede ser revertida parcialmente; sin embargo, las terapias disponibles pueden frenar o ralentizar su progresión. Cuando las complicaciones llegan a ser irreversibles es necesario realizar un trasplante de hígado”.
Respecto a las patologías hepáticas que no son producto de un excesivo consumo de alcohol, como la enfermedad del hígado graso y la esteatohepatitis no alcohólica, Craxi ha explicado que “ahora están recibiendo más atención debido a que pueden progresar a cirrosis y a que supone un factor de riesgo adicional para los pacientes con enfermedades cardiovasculares”.
Por último, “a pesar de la mejora que se ha producido en la prevención, diagnóstico y tratamiento de las patologías que afectan al hígado, la progresión a un estado crónico de la enfermedad complica el abordaje de estos pacientes”, ha concluido Craxi.
Hepatitis C
La hepatitis C es una de las patologías que está concentrando el interés de la reunión de la EASL, en la que están participando casi 7.000 especialistas. Los pacientes con hepatitis C que logran alcanzar una respuesta viral rápida (viremia indetectable tras el primer mes de tratamiento) tienen grandes posibilidades de curarse de la enfermedad. En concreto, “el 90 por ciento de los pacientes con respuesta viral rápida se curan independientemente de su genotipo”, según ha apuntado a Diario Médico Javier García-Samaniego, responsable del CIBER de Enfermedades Hepáticas y Digestivas del Hospital Carlos III, de Madrid.
El especialista español ha explicado que los pacientes con VHC de genotipo 1 que negativizan el virus un mes después de iniciar el tratamiento con Pegasys (interferón pegilado alfa-2a) más Copegus (ribavirina) tienen una probabilidad de hasta un 91 por ciento de lograr una respuesta virológica sostenida, considerada como curación.
No obstante, el genotipo del VHC constituye uno de los principales factores que determinarán la respuesta antes de comenzar el tratamiento antiviral. Los pacientes con genotipo 2 y 3 exhiben las mayores tasas de curación en comparación con los portadores de los genotipos 1 y 4.
Por otro lado, la duración de la infección también está relacionada con la probabilidad de respuesta y en general, “los pacientes jóvenes con tiempos de infección cortos responden mejor que los pacientes con tiempos de infección más largos”, ha señalado García-Samaniego. De hecho, “la respuesta en el caso de las hepatitis agudas C (aquéllas con una evolución inferior a seis meses) es excelente, con porcentajes de curación que se aproximan al cien por cien”. Estos datos sugieren que el tratamiento precoz puede proporcionar las mejores tasas de curación.