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Enfermedades de los músculos y huesos

El grado de evolución determina la analgesia en las espondilitis

Los opioides como la codeína o la dihidrocodeína son la mejor opción para los pacientes con espondilitis anquilosantes si el sufrimiento es leve o moderado. En los casos de dolor crónico intenso lo más adecuado es el uso de técnicas de neuromodulación.
31/03/2008

Las distintas opciones para el tratamiento del dolor en espondilitis anquilosante tienen como principal objetivo "mejorar la funcionalidad del paciente, pues eliminar el dolor por completo es prácticamente imposible". Así lo ha puesto de manifiesto Francisco José Sánchez Montero, de la Unidad del Dolor del Hospital Universitario de Salamanca, en el I Congreso Ibérico de esta patología celebrado en la ciudad castellana.

El anestesiólogo ha analizado en su intervención las posibilidades terapéuticas que tienen los pacientes de espondilitis anquilosante, que van desde la administración de antiinflamatorios no esteroideos hasta la implantación de bombas de infusión intratecal de morfina.

Grado evolutivo
Según el grado evolutivo de la enfermedad, y siguiendo la escala analgésica de la OMS, opioides como la codeína o la dihidrocodeína se presentan como la mejor opción si el sufrimiento es leve o moderado.

Son más potentes y presentan menos efectos secundarios que los antiinflamatorios no esteroideos y además, en un paciente con dolor crónico no provocan adicción. Según Sánchez Montero, "si bien los antiinflamatorios tienen una función controladora de la progresión de la enfermedad, su uso como analgésicos no es comparable con el de los opioides".

Las técnicas de neuromodulación pueden ser la opción más acertada ante un dolor crónico intenso. La mayor ventaja de estos procedimientos es que constituyen un tratamiento no invasivo y reversible. Entre ellos encontramos la estimulación nerviosa transcutánea (TENS); sin embargo, según Sánchez Montero, sus desventajas son mayores que sus ventajas.

Por otra parte, ha apuntado que hay referencias de la implantación de bombas de infusión intratecal de morfina u otros opioides en enfermos con dolor crónico benigno en patologías articulares, por lo que puede ser eficaz en afectados de espondilitis. El problema de esta técnica es el desconocimiento de sus efectos a largo plazo, ya que ha sido principalmente utilizada para enfermos oncológicos que fallecían en un breve periodo de tiempo.

"Parece ser que causan alteraciones hormonales pero todavía no se conocen los efectos que puede producir la implantación de por vida de una bomba en el organismo". En el caso de esta técnica hay que contemplar la dificultad de traspasar el ligamento que cubre la columna vertebral para introducir el catéter que administra el medicamento en estos pacientes. La estimulación eléctrica medular es otro de los procedimientos pero no hay referencias de su implantación en pacientes con espondilitis.

Radiofrecuencia
Según Sánchez Montero, no se ha demostrado la eficacia del uso de radiofrecuencia en las espodilitis y además puede producir lesiones irreversibles. No obstante, "existen controversias sobre la efectividad de este tratamiento si se utiliza para cauterizar los nervios que dan sensibilidad a la parte posterior de la espalda.

El problema viene cuando vuelven a crecer los nervios de esta zona pasado un tiempo y los dolores reaparecen, por lo que parece no ser muy útil".

El dolor y sus efectos psicológicos
"En pacientes con dolor crónico, el dolor es una enfermedad", ha señalado Sánchez Montero. Depresión, negatividad, insomnio, dependencia del médico y aislamiento social son algunos de los trastornos que acarrea el dolor crónico. Además, ha añadido que "todos estos síntomas se relacionan entre sí influyendo muy negativamente en la calidad de vida de los afectados de espondilitis anquilosante".

La incapacidad para llevar una vida normal puede provocar depresión y ansiedad, ya no sólo por el dolor sino también por los tratamientos que reciben pues "un abordaje inadecuado provoca otras patologías asociadas al dolor".

En este sentido, el anestesiólogo ha explicado que "el dolor produce depresión y ésta provoca dolor; se trata de un círculo vicioso que afecta al 54 por ciento de los pacientes". Pero esta situación se agrava cuando a la depresión y al dolor se añade la ansiedad: "Existe un mayor impacto social y un incremento de la incidencia de suicidio".

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