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Enfermedades neurológicas

Dos biomarcadores detectan el origen cardioembólico del ictus

El origen cardioembólico de los ictus indeterminados ya se puede conocer desde el inicio en un alto porcentaje de casos gracias a la identificación de dos biomarcadores -el BNP y el D-dímeroque son útiles para este objetivo, según un estudio catalán que se publica en Stroke.
30/07/2008
Los biomarcadores BNP y D-dímero permiten detectar el origen cardioembólico de los ictus indeterminados o sin causa conocida, según las conclusiones de un trabajo que se publica en el último número de Stroke y que ha dirigido Joan Montaner, del Instituto de Investigación del Hospital Universitario del Valle de Hebrón, de Barcelona. El estudio forma parte de la tesis doctoral de Mila Perea Gaínza.

Uno de cada tres pacientes, incluso en los hospitales grandes, recibe el alta hospitalaria sin que se esclarezca la causa del ictus que han padecido. Incluso tras realizarles un seguimiento con numerosas pruebas de diagnóstico por la imagen (resonancia magnética, TC y Doppler) así como exploraciones del corazón (electrocardiogramas y holter ecocardiográficos), no se consigue determinar el origen de estos ictus, ha explicado Montaner.

En este contexto clínico sería de gran utilidad hallar biomarcadores que pudieran determinar, desde el inicio, si un ictus tiene una etiología cardioembólica, con el fin de decidir si se debe aplicar un tratamiento u otro (antiagregante, con clopidogrel o ácido acetilsalicílico, o anticoagulantes orales, con Sintrom) y realizar la prevención secundaria adecuada.

En el nuevo estudio del equipo de Montaner se analizó una muestra de 707 pacientes que entraron de forma consecutiva en las urgencias hospitalarias dentro de las primeras 24 horas desde el inicio de los síntomas. Al llegar, se les practicaba una extracción sanguínea, de forma independiente al procedimiento diagnóstico habitual. Según la clasificación Toast estos pacientes tuvieron los siguientes tipos de ictus: el 36,6 por ciento, ictus cardioembólicos; el 21,4 por ciento, aterotrombóticos; en el 18,1 por ciento fueron lacunares, y en el 23,9 por ciento, indeterminados o de causa desconocida.

Subestudio
Los pacientes fueron sometidos a un subestudio en el cual se les siguió durante dos años para comprobar si recurrían y ver qué tipo de pruebas diagnósticas se les realizaban. Se midieron hasta diez biomarcadores en el plasma y se hallaron dos, el BNP y el D-dímero, con una alta especificidad -de más del 90 por ciento- para identificar el origen cardioembólico de los ictus.

En concreto, se observó que, cuando el BNP es de más de 76 picogramos por mililitro, el riesgo de sufrir un ictus cardioembólico es 2,3 veces más que si no se llega a este nivel; y si el D-dímero supera los 0,96 microgramos por mililitro, el riesgo de sufrir uno de estos ictus es 2,2 veces mayor que si no alcanza dicho nivel. En el caso de los ictus aterotrombóticos y lacunares no se han hallado biomarcadores que puedan ser útiles, a diferencia de los ictus cardioembólicos, para conocer su causa desde el inicio.

Sobre ello, Montaner ha afirmado que lo interesante sería encontrar al menos un par de biomarcadores para cada tipo de ictus, a fin de poder determinar fácilmente su causa, en la clínica.

¿Test rápido?
En este estudio la presencia y cuantificación de ambos biomarcadores se ha llevado a cabo con técnicas de Elisa convencionales, pero la idea es que en el futuro se pudieran aplicar técnicas rápidas de Elisa, de modo que, de prosperar esta línea de investigación, en urgencias se dispusiera de un test rápido para determinar la causa de los ictus.

Asimismo, los investigadores han desarrollado una serie de fórmulas matemáticas que figuran en el estudio de Stroke y que permiten calcular la probabilidad de que una persona haya sufrido un ictus cardioembólico. En el futuro se podría pensar en incorporar estos modelos matemáticos a una agenda electrónica de bolsillo para aportar rápidamente esa información a los urgenciólogos y facilitarles la toma de decisiones clínicas.

La investigación tiene un tamaño muestral importante. No obstante, el siguiente paso antes de poder utilizar en la práctica clínica los biomarcadores identificados sería que otro grupo de investigadores replicara los resultados, ha admitido Joan Montaner.

Orientación clínica con rapidez
"La trascendencia del estudio radica en que hemos hallado un par de marcadores que de forma rápida, en quince minutos, permiten orientar si nos hallamos ante un ictus cardioembólico, que precisa un tratamiento más agresivo que el resto de ictus", ha manifestado Joan Montaner. Los biomarcadores se han estudiado dentro de la ventana terapéutica de las tres primeras horas en las que el paciente llega al hospital y hasta las 24 horas desde el inicio de los síntomas. Los investigadores no los han estudiado más allá de este periodo. "Estos marcadores pueden ser útiles en prevención secundaria y, por lo tanto, constituyen una herramienta útil desde el punto de vista clínico y no una curiosidad", ha añadido Montaner.

Otra ventaja importante es que también permite al clínico orientar las primeras pruebas que debe realizar desde el inicio en urgencias e, incluso, decidir no realizarlas todas. Junto a sus ventajas clínicas, permitirían agilizar el protocolo diagnóstico, acortar las estancias medias hospitalarias y acelerar las altas.
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