“Los humanos apelan frecuentemente a un argumento que según su intuición puede ser mejor decisión que el razonamiento consciente”, señala el autor del estudio Mathias Pessiglione, del Centro de Neuroimagen Wellcome Trust de la Universidad de Londres. “Semejantes afirmaciones podrían basarse en un aprendizaje asociativo subconsciente entre señales subliminales presentes en una situación dada y el resultado elegido”. Por ejemplo, un experimentado jugador de póker podría jugar con más acierto gracias a una asociación aprendida entre resultados monetarios y manifestaciones de conducta subliminal de sus oponentes.
Para investigar este fenómeno, Pessiglione y sus colegas crearon señales visuales de símbolos nuevos, abstractos y confusos. La percepción visual fue evaluada desplegando dos de las señales camufladas y preguntando a los sujetos si ellos percibían alguna diferencia. “Llegamos a la conclusión de que si los sujetos eran capaces de percibir correctamente alguna diferencia entre las señales camufladas, entonces serían capaces de construir representaciones conscientes de asociaciones entre señales y resultados”, explica Pessiglione.
En el siguiente grupo de experimentos, los sujetos ejecutaron una tarea de condición subliminal empleando el mismo procedimiento de enmascaramiento, pero ahora las señales se emparejaron con resultados monetarios. Usando esta metodología, los investigadores observaron que emparejando premios y castigos dirigían a respuestas conductuales e incluso condicionaban preferencias por señales visuales que los sujetos no podían ver conscientemente.
Los autores acumularon escáneres del cerebro, usando exploraciones de resonancia magnética funcional, para investigar el circuito cerebral específico que está relacionado con la condición instrumental subliminal. “El cuerpo estriado responde a las señales subliminales y a los resultados visibles de una manera que aproxima estrechamente nuestro algoritmo computacional, la expresión de los beneficios esperada de acuerdo a unos valores y la predicción de errores”, señala Pessiglione. “Concluimos que, incluso sin un proceso consciente de señales contextuales, nuestro cerebro puede aprender su valor y usarlo para facilitar la predisposición en la toma de decisiones”.