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Enfermedades del pie

Alinear el pie garantiza la prótesis de tobillo

Si se implantan de la forma correcta, las prótesis de tobillo son de utilidad para mantener la funcionalidad de la articulación. Se trata de una técnica que no ha ofrecido buenos resultados. Por eso está en desuso.
11/10/2004
La idea de que las prótesis de tobillo funcionan mal está extendida y ha provocado que la artroplastia de dicha articulación esté en desuso en España. Uno de los traumatólogos especializados en esta articulación, Fernando Noriega, director del Instituto Internacional de Cirugía Ortopédica y del Pie (Iicop), en Madrid, ha presentado una pequeña serie de artroplastias de tobillo en el XLI Congreso de la Sociedad Española de Cirugía Ortopédica y Traumatología (Secot), en la que se demuestra que "las prótesis sólo van mal si se colocan mal".
Noriega ha reconocido que sustituir un tobillo no es tan fácil como una rodilla o cadera, en donde el alineamiento de la pierna se consigue básicamente a través de la propia prótesis. En el tobillo, el alineamiento del pie tiene una repercusión muy importante sobre el hueso, "por lo que si éste no está bien alineado de antemano y se implanta la prótesis, es previsible que fracase en un periodo de tiempo relativamente corto".
Por tanto, previo al implante de la prótesis el pie tiene que reconstruirse para que esté plantígrado y no esté desviado para ningún lado. Los siete casos expuestos en el congreso pertenecen a una artroplastia de tobillo asociada a reconstrucción de retropié como tratamiento quirúrgico del pie varo. No obstante, la experiencia de Noriega en la colocación de prótesis de tobillo es más extensa e incluye el tratamiento de numerosas patologías como sinovitis vellonodular, hemocromatosis, necrosis del astrágalo o postraumatismos.
El traumatólogo ha indicado que la artroplastia de tobillo ha mejorado en dos aspectos. Primero, porque se ha sabido reconstruir el alineamiento del pie, como paso previo a la implantación y, segundo, porque el diseño de las prótesis ha mejorado. "El conjunto de estos dos avances ha permitido que los resultados mejoren hasta alcanzar un porcentaje de éxito parecido al de las prótesis de cadera y rodilla", ha comentado Noriega.
Aun así, a diferencia de estos dos tipos de artroplastia, que normalmente las implanta un traumatólogo general, las de tobillo siguen requiriendo a un traumatólogo subespecializado en pie por el grado de complejidad.
Las nuevas prótesis de tobillo son semiconstreñidas, lo que significa que, además de realizar movimientos de flexión y extensión, tienen un cierto margen de movimiento de lateralización. "El problema de las antiguas prótesis constreñidas, tipo bisagra, es que los movimientos de rotación del tobillo acababan por soltarla".
Con la correcta implantación de una prótesis de tipo agility se alcanza un grado de movimiento que está entre unos 10 grados de dorsiflexión y entre 20-25 grados de flexión plantar. Estas cifras permiten un rango óptimo para poder caminar, si bien en condiciones normales se camina con un rango de 30 a 35 grados.

Sujetos añosos
En la implantación de prótesis de tobillo se producen avances continuamente. Los últimos -apuntados por Noriega- se derivan del uso de cemento en personas mayores con un hueso deficitario, "en las que se solidifica el componente astragalino" o el empleo de factores de crecimiento extraídos de las plaquetas de los propios enfermos. Este último sistema osteoinductivo a base de un concentrado de plaquetas autólogo, que se emplea en España desde hace apenas seis meses, "consiste en extraer sangre del paciente en el mismo quirófano, centrifugarla para obtener los factores de crecimiento de sus plaquetas y aplicarlos en la zona de la interfase del hueso y la prótesis, lo que hace que ésta se adhiera con más fuerza al hueso y se evita el aflojamiento, una de las posibles complicaciones".
Si se opta por no realizar la artroplastia de tobillo, la única alternativa pasa por dejar fijo el tobillo, "una opción que a largo plazo da mal resultado; aunque inicialmente los pacientes se encuentran bien, el tobillo es una de las articulaciones esenciales del pie, de la que no se puede prescindir".
Noriega ha explicado que la fijación o artrodesis del tobillo provoca un mayor trabajo de las articulaciones que están por debajo de éste, que las deteriora y degenera completamente en unos diez años.
El pie no debe estar rígido porque queda imposibilitado para sus funciones básicas y provoca problemas en la rodilla.
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