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Enfermedades del pie

Pies sanos sin ampollas

Aunque los pies son nuestro mejor soporte, no siempre les prestamos la atención que requieren. De ahí que siempre luzcan pequeñas heridas o incluso ampollas. Aprende a evitarlas con estos consejos.
08/08/2003
Las heridas y las ampollas suelen ser el fruto del roce continuo con el calzado o con otras superficies. En el caso de las ampollas, la fricción hace que la piel se desprenda formando una burbuja líquida.

Las localizaciones más frecuentes son los pies y también las manos, sobre todo si se realizan trabajos manuales o se practican deportes como tenis, ciclismo o incluso levantamiento de pesas.

No obstante, son las ampollas de los pies las que suelen pasar más desapercibidas, ya que resultan menos visibles. Para evitarlas ten en cuenta los siguientes consejos.

  • Recuerda que el calor suele favorecer la formación de ampollas. Mantén los pies secos y procura utilizar calzado que facilite la transpiración.
  • Debes reducir la fricción mediante la elección de un calzado adecuado: el espacio entre el dedo más largo y la punta del zapato debe ser de un pulgar aproximadamente.
  • Los zapatos estrechos provocan ampollas en el dedo gordo y en el más pequeño.
  • Evita las arrugas de las medias y los tejidos sintéticos.
  • Nunca camines descalzo en las instalaciones de los gimnasios y las piscinas, ya que puedes contraer infecciones por hongos. Emplea zapatillas de goma y limpiate bien los pies antes de calzarte para salir a la calle.
  • Recuerda que la salud de tus pies es más importante que cualquier moda. No vale la pena emplear calzado que lesione el pie por una cuestión estética.

    Mantener un pie sano pasa por tomar una serie de medidas sencillas pero muy útiles a la hora de evitar los incómodos callos, juanetes o ampollas.

    Al elegir un zapato hay que tener en cuenta algunas cuestiones relacionadas con su uso, materiales y, especialmente, la talla. Un estudio realizado por el Servicio de Reumatología del Hospital del Mar, en Barcelona, observó que la mitad de los pacientes tratados calzaba un número menos que el que les correspondía, lo cual provocaba la aparición de durezas y callos en las partes blandas del pie y trastornos al caminar.
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