El equipo de Maryam M. Asgari, del Kaiser Permanente de California del Norte (Estados Unidos), ha llevado a cabo un estudio en 64.000 individuos de entre 50 y 76 años, que no presentaban antecedentes de melanoma cuando participaron en el estudio, entre los años 2000 y 2002.
Los sujetos habían consumido antiinflamatorios no esteoideos -incluidos aspirina, ibuprofeno, naproxeno, rofecoxib, piroxicam e indometacina- en la década previa a la realización del estudio. También se recopiló información acerca de su estilo de vida, hábitos alimenticios, factores oncológicos e historial familiar de cáncer cutáneo.
Cerca de dos tercios de los sujetos habían ingerido antiinflamatorios no esteroideos, de manera regular al menos una vez a la semana durante un año, antes de que se iniciara el estudio. Así, a finales de 2005, se habían producido 349 nuevos casos de melanomas malignos.
“Una vez determinado el riesgo de padecer la enfermedad y las dosis a suministrar de calmantes, no se hallado ningún tipo de relación entre ambos factores”, señaló Asgari. Además, no se ha encontrado asociación alguna entre las dosis de estos fármacos y la agresividad del melanoma. Los investigadores han concluido que “es necesario continuar la búsqueda de un agente quimioprotector contra el melanoma”, concluyó Asgari.