Michael Rufer, del Hospital Universitario de Zurich (Suiza), ha recordado que la literatura previa sugería que la alexitimia sí traía aparejada una menor respuesta a la psicoterapia. No obstante, al menos en lo que se refiere al abordaje cognitivo-conductual, el estudio llevado a cabo por Rufer no ha encontrado relación alguna de este tipo. En los tratamientos individuales, una posible explicación podía ser la adaptación de la terapia a cada enfermo. Por eso, se hizo un estudio en un tratamiento relativamente breve (cinco sesiones) y grupal, enfocado al abordaje de otro trastorno padecido por los pacientes, como ataques de pánico y trastorno obsesivo-compulsivo. El resultado ha sido concluyente: la comorbilidad con alexitimia no predice un fracaso o un menor impacto de la terapia.
“Es más, los enfermos involucrados experimentaron una disminución de la alexitimia con el paso del tiempo, aunque no era el trastorno abordado por el tratamiento”. Rufer cree que el efecto puede deberse a que la propia dinámica de las sesiones implicaba someterse a situaciones de ansiedad, aprender a manejarlas y describir lo que se sentía.
El futuro, según el investigador, pasa por comprobar si los resultados son similares con otros tipos de psicoterapia y estudiar los efectos neurobiológicos de reducir la gravedad de la alexitimia en un sujeto.
Hans Grabe, de la Universidad de Greifswald (Alemania), ha citado un estudio finlandés que ha seguido a la misma cohorte durante 31 años y que ha apuntado algunas posibles causas sociales de la alexitimia. “En las primeras etapas de la vida, sabemos que los bebés aprenden a modular sus emociones en función de las reacciones de la madre. Si ese vínculo está distorsionado por cualquier motivo –como que ella misma padezca el trastorno, por ejemplo-, puede tener un impacto en la salud mental del niño”.
Según trabajos de la Red Alemana de Epidemiología para el Estudio del Trastorno Obsesivo-Compulsivo (German Epidemiologic Network for OCD Studies, Genos en sus siglas en inglés), no hay relación entre los grados del trastorno de padres e hijos, medidos de acuerdo con el baremo más aceptado, la Escala de Alexitimia de Toronto o TAS 20, pero sí hay relación entre los niveles de madres e hijos.
“Los factores genéticos podrían explicar parte del problema”, señala Grabe, que atribuye a la herencia un tercio de los casos, aproximadamente, aunque no lo considera un factor principal.