Son muchas familias de minorías étnica encabezadas por mujeres, lo que supone que están en una situación más vulnerable y es más probable que caigan en ciertas condiciones como la prostitución, el contagio del VIH, la depresión, el abuso de drogas y alcohol, etc.”. Admite que suelen ser más adaptables que los varones y por ello escapan más a menudo de las adicciones, por ejemplo, pero cree imprescindible implantar programas específicos para ellas.
Ruiz considera que la Unión Europea en general, y España en particular, están asumiendo un fuerte impacto migratorio, lo cual hace más importante que los profesionales de la salud mental conozcan las fases propias de aclimatación por las que suele pasar el inmigrante. “Ciertos problemas, como las tasas de suicidio de un determinado colectivo, tiene que ver con la forma en que se adapta o no un grupo de personas”. En este sentido, Ruiz recuerda que hay formas nocivas de tratar de encajar en el nuevo destino.
Así, en algunos lugares de EEUU como El Paso, la proporción de suicidio es mayor en la población blanca, “porque ahí ellos son la minoría que debe hacer un esfuerzo para aclimatarse”.
Michael Musalek, de la Universidad de Viena, ha llamado a hacer un mayor esfuerzo de integración precisamente en los colectivos que se sienten más alienados ya que, en su opinión, el concepto de hospitalidad es clave en el movimiento migratorio.
Wolfgang Gaebel, de una clínica de Dusseldorf (Alemania), ha recalcado que el estigma es mayor o menor en función del diagnóstico concreto ya que, por ejemplo, la población tiende a considerar más peligrosos a los esquizofrénicos que a los depresivos. El prejuicio parece basado en el desconocimiento ya que, según datos del propio Gaebel, aquellas personas que han conocido pacientes mentales tienden a no considerarlos tan diferentes a ellos mismos en la escala social.
El problema es doble en los inmigrantes, ya que temen ser estigmatizados por su propia comunidad y además por el país de acogida.
Europa del Este