El 15% de los mayores de 65 años muestra algún tipo de trastorno de ansiedad
Los trastornos de ansiedad son frecuentes en los mayores de 65 años, y se estima que en torno a un 15 por ciento padece algún síndrome de este tipo, sobre todo, fobia social y trastorno de ansiedad generalizada, según se afirmó en el III Congreso de la Sociedad Española de Medicina Geriátrica, celebrado en Oviedo.
29/04/2008
Francisco Sanz, del servicio de Geriatría del Hospital de Cantoblanco, en Madrid, ha indicado que en torno al 8 por ciento de los mayores de 65 años padece una fobia específica y casi un 7 por ciento sufre un problema de ansiedad generalizada. La siguiente patología más frecuente es el trastorno de estrés postraumático obsesivo.
"En los ancianos hay menos presencia de síntomas psicológicos y más de corte somático. Es frecuente que el anciano hable de un malestar general que no responde a un trastorno físico concreto, o que tenga una sensación de temor difuso, lo que hace que el diagnóstico sea más complicado y por lo tanto, al menos aparentemente, la prevalencia sea menor que en la población adulta" ha indicado. La ansiedad con debut en las últimas etapas de la vida es rara, y obliga a intentar establecer el diagnóstico de forma exhaustiva. "Generalmente sucede que los trastornos de ansiedad debutan en la edad adulta y se arrastran a edades avanzadas".
Calidad de vida
Además tienen más riesgo de padecerlos las personas con patologías concomitantes, especialmente las cardiovasculares, o los polimedicados, a quienes algunos fármacos pueden ocasionar ansiedad como efecto secundario. La patología no sólo empeora la calidad de vida del anciano por las implicaciones emocionales, sino que además hay un fuerte riesgo de que se deteriore su estado general y su situación funcional, elevando el riesgo de discapacidad. "La angustia provoca que el paciente viva peor el resto de sus enfermedades si las tiene, que disminuya su predisposición a salir a la calle, aumente el riesgo de caídas y se limite su autonomía y estado general".
Sanz recomienda no pasar por alto estos trastornos y tratarlos adecuadamente, "con terapia psicológica (cognitivo-conductual) si hay disponibilidad de recursos o farmacológica, ya que ambos tratamientos son superponibles, aunque la pluripatología y la polifarmacia dificultan el abordaje".