El estudio del SAHS en la infancia, junto con la incorporación a los estudios en apnea del sueño de biólogos moleculares y expertos en genómica y proteómica son los retos que tiene ante sí la investigación en la patología del sueño, según ha manifestado a Diario Médico Antonio Jiménez Gúmez, jefe de Sección del Servicio de Neumología del Hospital Marqués de Valdecilla, de Santander.
Según Jiménez Gúmez, que ha participado en Burgos en el XII Taller Teórico Práctico Básico sobre Trastornos Respiratorios del Sueño, "la apnea del sueño no es sólo un fenómeno mecánico que produce ronquidos, interrupciones del sueño, somnolencia durante el día y accidentes de tráfico, sino que ya hay muchos datos del papel de la apnea del sueño en la inflamación sistémica, que también está muy relacionada con la patología cardiovascular, y hay formas de investigar esas anomalías inflamatorias por métodos muy modernos que requieren la participación de especialistas que estén fuera del ámbito de la neumología".
Niños como adultos
El especialista ha precisado que por debajo de los nueve años alrededor del 10 por ciento de la población infantil ronca de manera habitual y entre el 1 y el 3 por ciento tiene apnea del sueño. Jiménez Gúmez ha precisado que, al igual que ocurre en la población adulta, en la infantil la obesidad también influye mucho.
"El tipo de niño clásico con apnea del sueño en el que pensábamos hace años con hipertrofia de anginas y vegetaciones y con la mandíbula pequeña, delgadito, que crecía poco, roncaba y se le quitaban las anginas y vegetaciones y se curaba, no es el único.
Cada vez más se ven niños obesos, que tienen una apnea del sueño muy parecida a la de los adultos, con hipertensión, trastornos del metabolismo, diabetes y somnolencia grave, es decir, con un cuadro que sólo se veía en los adultos".
En cuanto a la terapia, Jiménez Gúmez ha subrayado que "lo universal, tanto en adultos como en niños, es el dispositivo de presión positiva continua en vía aérea (CPAP), con el que hay más experiencia y mejores resultados. A corto plazo, salvo algunos tratamientos antiinflamatorios en niños, no se ve un reemplazo".