La suspensión del tratamiento anticoagulante se debe individualizar
No en todos los pacientes se puede suspender el tratamiento anticoagulante sin tener en cuenta el balance riesgo beneficio. Por eso, Fernando Uresandi, del Servicio de Neumología del Hospital de Cruces, en Vizcaya, ha explicado que se debe individualizar en cada paciente, teniendo en cuenta la situación clínica de cada enfermo.
28/05/2008
No existe un criterio único sobre en qué momento es necesario suspender el tratamiento anticoagulante oral (TAO) en pacientes con enfermedad tromboembólica, y en torno al 50 por ciento de los casos la decisión debe ser individualizada sopesando la relación riesgo beneficio. No obstante, aunque no hay consenso absoluto, se está consolidando una tendencia a mantener la terapia de forma muy prolongada e incluso indefinida.
Así lo ha indicado Fernando Uresandi, del Servicio de Neumología del Hospital de Cruces, en Vizcaya, en una mesa redonda sobre anticoagulación y enfermedad tromboembólica desarrollada en el XIII Congreso de la Sociedad Asturiana de Patología Respiratoria (Asturpar), que se ha celebrado en Oviedo.
Los elementos que hay que tener en cuenta son presencia de enfermedad neoplásica, de trombosis de repetición, que se trate de enfermedad tromboembólica de naturaleza idiopática, la presencia de trombofilia y permanencia a los seis meses de trombosis venosa residual en las piernas, dado que los trombos adheridos en las extremidades inferiores pueden convertirse en factor de riesgo de recurrencia de la trombosis.
Otro elemento que no hay que olvidar es la repercusión cardiaca de la embolia, que si se mantiene al final del periodo agudo de entre siete y diez días indica que el paciente tiene más riesgo de repetir la enfermedad tromboembólica si se suspende la anticoagulación a los tres o seis meses.
La determinación de la prueba del dímero D una vez finalizado el tratamiento de tres o seis meses puede ser utilizada para decidir sobre la conveniencia de prolongar la terapia, "dado que si el resultado es positivo indica mayor probabilidad de recurrencia".
En el caso de pacientes con cáncer y en aquéllos con trombosis de repetición no hay lugar a dudas: habría que continuar el tratamiento. En el resto de casos es necesario individualizar la decisión, "si bien la tendencia actual es a mantener a los pacientes anticoagulados durante un tiempo prolongado, incluso de forma indefinida".
Así, está consolidándose la tendencia a considerar la enfermedad tromboembólica como una patología crónica "que tiende a repetir sus manifestaciones".
Y es que estudios desarrollados a diez años sobre pacientes a los que se suspendió la anticoagulación a los tres meses indican que casi un 40 por ciento recayeron; "de ahí que, aunque no haya un consenso absoluto, sí se está consolidando una tendencia a mantener la terapia anticoagulante".
En uno de cada cuatro pacientes no hay duda sobre la necesidad de continuar el tratamiento crónico. Son los que tienen cáncer y en los que se han registrado episodios tromboembólicos de repetición y los que presentan trombofilia de gran peso trombótico. En otro 25 por ciento la indicación es suspender el tratamiento a los tres o seis meses, dado que la trombosis ha tenido un factor desencadenante conocido como cirugía o inmovilización y no presenta factores de riesgo de recidiva.
En otros dos de cada cuatro es necesario individualizar la decisión en función del riesgo beneficio, si bien la tendencia es prolongar el tratamiento "con la revisión del riesgo de trombosis y el de hemorragia".