"En cuestión de unos cinco o seis años la cirugía robótica se impondrá a la laparoscopia", sentencia Marceliano García Pérez, jefe del Servicio de Urología del Hospital de Valme, en Sevilla, y organizador del Curso Internacional de Urología que en su tercera edición se ha celebrado en la capital hispalense.
El especialista ha realizado un paralelismo con lo ocurrido con la litotricia extracorpórea: "Cuando apareció era una técnica poco accesible, pero hoy sólo se operan un 2 por ciento de los cálculos, mientras que el 98 por ciento restante se tratan con litotricia. Lo mismo va a suceder con la robótica". De hecho y según se ha comentado en el curso, en el triángulo que comprende Nueva York, Filadelfia y Nueva Jersey -lo que podría incluir 20 millones de personasya hay 170 robots funcionando; "en Estados Unidos prácticamente ya se ha impuesto".
El hecho de que la cirugía robótica se imponga va a depender de que se cumplan tres postulados: en primer lugar, este abordaje tiene que suponer una ventaja para el paciente; además, hay que abaratar los costes, "lo que se puede conseguir con recuperaciones más rápidas y estancias hospitalarias más cortas", y finalmente, la técnica debe estar en manos de equipos especializados. "Un robot que cuesta en torno a 1.500.000 euros y que implica un gasto de entre 2.000 y 3.000 euros por intervención debe estar bien gestionado. De todas formas, estas cifras parecen muy elevadas, pero hay que tener en cuenta que un paciente ingresado en un hospital durante siete días consume mucho más en medicación y en recursos".
Las principales indicaciones de la cirugía robótica son el cáncer de próstata y de riñón fundamentalmente, pero es de esperar que también se imponga en el abordaje de otros procesos, como el cáncer de colon, la histerectomía y la colocación de bypass y de válvulas.
Entre las ventajas que hacen de la cirugía robótica una técnica superior a la laparoscopia destacan que permite la visión tridimensional -frente a las dos dimensiones laparoscópicas- y emula el mismo movimiento de la mano -giros de muñeca incluidos- dentro del organismo. Además, consigue una eficacia similar a la de la cirugía abierta, con los mismos riesgos, y la curva de aprendizaje es más corta. "Puede darse la circunstancia de que un gran cirujano no sepa utilizar bien la laparoscopia, pero lo lógico es que un gran cirujano también lo sea con el robot".
Respecto al tratamiento del cáncer de riñón, otro de los temas que han centrado el curso, García ha abundado en el avance terapéutico que ha supuesto la aparición reciente de los fármacos antiangiogénicos.
"Hace poco sólo teníamos la opción quirúrgica y ahora empezamos a ver los resultados del tratamiento farmacológico de estos tumores en su fase metastásica. Con estas sustancias que inhiben la capacidad vascular de los tumores logramos supervivencias prolongadas e incluso reducciones del tamaño en los casos inoperables. Estos resultados sugieren que se ampliará la indicación".
Otros de los temas abordados en la reunión, que ha contado con la presencia de más de cerca de 500 especialistas, han sido la hiperplasia benigna de próstata, el conflicto en la extracción de riñón de donante vivo, las nuevas terapias para la incontinencia urinaria, las aplicaciones urológicas de la toxina botulínica y las nuevas alternativas para el tratamiento de la disfunción eréctil, entre otros aspectos.
Toxina botulínica contra la incontinencia
La inyección de toxina botulínica intravesical podría convertirse en un tratamiento para la incontinencia urinaria por vejiga hiperactiva.
Según ha comentado Marceliano García, "esta sustancia ya se emplea como medicamento de uso compasivo en España, al igual que en otros países europeos. Sin embargo, los buenos resultados obtenidos han dado lugar a que se replantee esta condición y se estudia convertirla en un elemento más del arsenal terapéutico para la urgencia miccional; incluso podría pasar a ser una opción de inicio del tratamiento de este trastorno".
La incontinencia urinaria, en sus diversas etiologías, ha sido otro de los temas tratados en el curso. Los urólogos asisten a un aumento paulatino de la alteración, en el caso de las mujeres principalmente por el parto, y en los hombres, por las cirugías prostáticas, cada vez presentes en sujetos más jóvenes. "La toxina botulínica consigue paralizar durante un tiempo, unos seis o siete meses, el músculo de la vejiga y así evita recurrir a medicación o incluso a la neuromodulación con el implante de un marcapasos. Se trata ahora de conseguir que la opción de la toxina pueda aplicarse de forma ambulatoria".