El cuidado alimenticio es necesario para el viajero
El viajero debe extremar la precaución en las comidas y las bebidas en los destinos exóticos. Muchos viajeros sufren infecciones fecales-orales que hacen desagradables sus vacaciones.
David Rodríguez Carenas 25/04/2007
Las vacaciones suponen un descanso respecto al ritmo frenético de la vida diaria. Sin embargo, no por ello se puede bajar la guardia, sobre todo cuando se viaja a lugares tropicales, donde existen enfermedades que no están presentes en los países de origen y que allí son endémicas.
Existen muchas formas de transmisión de enfermedades en el viajero. Mientras que las picaduras de insectos son más difíciles de evitar, la transmisión fecal-oral es tan habitual como evitable. El problema se encuentra casi siempre en el origen de lo que se ingiere. La infección puede llegar por muchas vías, como la ingesta de carne contaminada con Salmonella sp, causante de enterocolitis, de mariscos y pescados recogidos en aguas contaminadas y que contengan biotoxinas o a través de larvas de parásitos enquistados en los músculos de la vaca, el cerdo y de algunos pescados, según Geografía de las Infecciones Tropicales, elaborado por el Servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital Ramón y Cajal, de Madrid.
Prevención sencilla
Las infecciones de transmisión fecal-oral se pueden prevenir sin realizar ningún sacrificio en la alimentación. Simplemente hay que mantener una serie de precauciones básicas. Es necesario lavarse las manos con frecuencia, sobre todo antes de las comidas. El peligro de los alimentos suele radicar en su preparación; cuanto más se cocina un plato el riesgo es menor, ya que la mayoría de los agentes etiológicos causantes de las infecciones no sobreviven a la cocción. Por esta razón, se deben evitar algunos mariscos o pescados crudos o poco cocinados y también las ensaladas, que se suelen lavar con agua que puede estar contaminada. Hay que huir de productos lácteos de elaboración local, salsas o helados, Y asimismo se han de evitar los puestos de comida callejeros, donde la procedencia de los alimentos y su preparación carecen de seguridad.
Los líquidos también pueden ser peligrosos. En muchas de las zonas exóticas el agua corriente no es potable. Por esta razón hay que beber sólo agua embotellada y desechar el acompañamiento de hielos, que seguramente proceden de agua sin tratar y que pueden originar tifus o la habitual diarrea del viajero, que afecta a entre un 20 y un 60 por ciento de las personas que viajan durante más de dos semanas. Para su tratamiento se suelen emplear fórmulas de rehidratación oral, ya sean comerciales o caseras. También se pueden emplear medicamentos como la loperamida u otros antidiarreicos opiáceos o antibióticos en diarreas de mayor intensidad o persistentes.