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Enfermedades del viajero

El paciente se va de viaje

Cada persona está adaptada a su lugar de residencia; es más resistente a las cepas de microorganismos, a la altitud y a las condiciones atmosféricas. Cuando se viaja a otro lugar el cuerpo se ve sometido a circunstancias ajenas, como cambios en la altitud, la humedad, la flora microbiana y la temperatura. Todos estos hechos se ven agudizados por el estrés y la fatiga.
Alberto Bartolomé 25/07/2003
El destino, la duración de la visita, su propósito, el lugar donde se va a residir y la higiene de los alimentos que se van a consumir deben ser factores tenidos en cuenta, especialmente por las personas enfermas que se desplazan.

Según Sabino Puente, responsable de la Unidad de Medicina Tropical de Hospital Carlos III, en Madrid, es bueno llevar medicación de sobra y copia del historial clínico, si se puede con una copia escrita en inglés y en el equipaje de mano si se va a viajar al extranjero en avión.

"Por enfermedades, los cardiacos deben evitar los viajes a zonas de altitud y deben revisarse antes de partir. Si el viaje va a ser largo hay que asegurarse que en el destino hay disponibilidad de la medicación. No se recomienda viajar a las personas con angina inestable o infarto reciente".

Los diabéticos deben ajustar su consumo alimenticio y realizar mayores controles de glucemia en viajes transoceánicos, debido al cambio horario; además tienen que conservar la insulina en las mejores condiciones posibles.

"Si se sufre insuficiencia renal hay que tener cuidado con la deshidratación y diarreas, al igual que las personas que padecen sida, que están más expuestas a infecciones. Estos pacientes tienen que controlar su nivel de CD4, y si son inferiores a 200 no viajar a lugares de riesgo".

La medicación también puede ser una fuente de problemas: "Algunos fármacos para controlar el sida pueden provocar hipersensibilidad al sol. Si se padece esta enfermedad, también hay que consultar al médico sobre las vacunas que se van a suministrar y saber si son de virus atenuados o inactivados".

Niños a bordo
Cuando viajan los más pequeños, hay que tener en cuenta que cada medio de transporte implica diferentes riesgos. Por ejemplo, no es recomendable que los bebés menores de 15 días viajen en avión, y si se realizan viajes largos con lactantes o niños es preferible reservar asientos de pasillo o de primera fila. Según Victoria Fumaró Pérez, responsable del programa Niño viajero del Hospital San Juan de Dios, de Barcelona, en viajes en barco es mejor situarse en la parte central para evitar cinetosis, no dejarles leer y administrarles un fármaco contra el mareo antes de partir. "Si el viaje es en automóvil, no hay que olvidar el asiento y el cinturón adaptado. Si se va a visitar un país tropical, se recomienda acudir al pediatra para iniciar la quimioprofilaxis preventiva y no viajar con lactantes, ya que algunas vacunas están contraindicadas en edades tempranas".
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