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Salud del hombre

Aproveche el infarto para dar un cambio a su vida

Un tercio de las personas que sufren un ataque cardiaco redescubren el sentido de la vida y mejoran las relaciones con su pareja; frente a este grupo, hay otro al que el infarto introduce en un mundo de miedos.
08/03/2007

Investigadores del Instituto de Enfermería de la Universidad de Basel, en Suiza, han estudiado cómo afecta un infarto a la vida de las personas que sobreviven mediante un estudio con 24 matrimonios en los que uno de sus miembros había sufrido un infarto.

"Todas las parejas estudiadas notaron la cercanía con la muerte, lo que les llevó a cambiar su estilo de vida", afirma Romy Mahrer-Imhof, del Instituto de Enfermería de la Universidad de Basel, en Suiza. "Aparecieron tres formas diferentes de enfrentarse al infarto: personas que afrontaron cambios positivos en su vida, otras que se sintieron psicológicamente peor y un tercer grupo, que intentó cambiar sus vidas, pero que fracasó".

De las 24 parejas, nueve afirmaron que el infarto de uno de sus miembros fue un revulsivo importante que consiguió que ambos estuvieran más juntos y ayudó a transformar sus vidas. Uno de los enfermos entrevistados dijo: "Después de sufrir el ataque cardiaco me plantee la vida de un modo más abierto y relajado. Ahora puedo relacionarme con mi esposa mucho mejor". Los cambios no sólo se han sentido en el campo personal, también en la mejora de los estilos de vida: "Ahora uso la bicicleta frecuentemente cuando tengo que ir a hacer la compra".

De otro modo se lo tomaron diez parejas, que sintieron temor a causa del infarto y por no poder controlar un futuro impredecible. "El médico que me trató me dijo que mi corazón no estaba bien. No podía entender qué me estaba pasando. Siempre intenté tener cuidado con lo que comía y nunca he fumado", afirma un paciente al que el infarto ha adentrado en un mundo de miedos.

El estudio, que se publica en Journal of Advanced Nursing, se centró en pacientes que habían sido hospitalizados por un evento agudo y que estaban dentro de un programa de rehabilitación. El 83 por ciento eran hombres con una edad media de 61 años. En las conclusiones del estudio se destaca que es necesario involucrar a las parejas dentro de los programas de rehabilitación, algo que puede mejorar su relación mutua.

Superar el miedo
"El miedo es una experiencia adaptativa del ser humano. Su aparición incrementa el estado de alarma, lo que ayuda a estar preparado para librarse de los peligros. El estado de alarma es momentáneo, pero si persiste puede ser contraproducente", afirma Luis Muiño, psicoterapeuta y autor del libro Perder el miedo al miedo. "Existen dos tipos de temor: uno paralizador, que impide seguir adelante, y que es negativo para el paciente, y otro que preserva y que es muy útil".

En su opinión, la cercanía a la muerte puede hacer al ser humano consciente de su fragilidad y hacerle apreciar mejor los aspectos buenos de la vida: "Estas personas se dan cuenta de lo que es importante: la relación con su pareja, sus hijos... Es un miedo enriquecedor. A las personas que logran aprender de esta situación se les denomina resilientes: son las que saben sacar del miedo una enseñanza".

Tarde o temprano todos somos resilientes: "Nadie se queda paralizado durante 50 años, aunque sí hay personas que superan el miedo en dos días y otras que lo hacen en dos semanas".

"No hay que hacer del infarto un tabú. La pareja debe participar en los programas de rehabilitación, incluirla en ese mundo", afirma Muiño, quien cree que el médico puede ayudar a que sus enfermos no se queden atrapados en el miedo improductivo: "Existen dos reglas generales que pueden usar los cardiólogos al relacionarse con sus enfermos: la primera es no esconderse del miedo. Hablar de él. El médico no debe obligar al paciente a reconocerlo, sino favorecer que éste lo haga espontáneamente. Una vez que se es consciente de su situación hay que investigar las posibilidades de aprendizaje que ofrece el infarto... Hay que dejar claro al enfermo que ahora tiene la posibilidad de mejorar".

Un teléfono de ayuda
El miedo es algo habitual entre las personas que han sufrido un incidente coronario. Es tan común que el Teléfono de la Esperanza de Burgos lleva varios años atendiendo un Servicio de Ayuda y Atención a Postinfartados (Saopi) en el número 947 204 242. El objetivo de esta iniciativa es prestar ayuda psicológica a personas que han padecido un infarto, ya que es común que las personas que lo superan sufren un cambio en su vida: "Se hacen más temerosos, pesimistas, sobre todo a los más jóvenes, que creen que no volverán a trabajar. Con ellos realizamos un trabajo psicológico y también de mejora de hábitos de vida", afirma Enrique Romans, coordinador de Saopi, quien opina que "muchos se plantean el infarto como un aviso que les permite intentar vivir de otra manera y reparar las cosas que antes no hacían bien".

-(Jour. of Adva. Nur. 2007. 57. 5, 513-521).

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