El
cáncer de próstata es el tumor más frecuente en hombres de edad avanzada. Suele diagnosticarse entre los 65 y los 74 años y sólo en Europa provoca más de 80.000 muertes cada año. Los expertos subrayan la importancia del diagnóstico precoz de la enfermedad, ya que cuanto antes se detecte el tumor mayores serán las posibilidades de éxito en su tratamiento.
Actualmente se suelen aplicar cuatro tipos de terapia en el abordaje del cáncer de próstata: la vigilancia permanente, ya que la enfermedad puede evolucionar muy lentamente y el paciente puede vivir con el tumor sin que sea éste el responsable de su fallecimiento; la cirugía, destinada a extirpar una parte o la totalidad de la próstata; la radioterapia, que ataca el tumor con radiación, y la terapia hormonal. Estos tratamientos pueden emplearse aisladamente o bien de forma combinada para maximizar los resultados.
El crecimiento de las células cancerígenas de la próstata depende del nivel de andrógenos (hormonas sexuales masculinas) en el organismo, particularmente la testosterona. La terapia hormonal tiene como objetivo suprimir la acción de esta hormona sobre el tumor, lo que se puede conseguir de dos modos. Uno de ellos es la reducción de los niveles de testosterona y el otro es el bloqueo de su acción sobre la próstata.
RecomendacionesHasta hace poco se reservaba la aplicación del tratamiento hormonal a fases más avanzadas del cáncer de próstata. En estadios iniciales se abordaba la enfermedad con radioterapia, cirugía o vigilancia permanente. No obstante, las recomendaciones de la Asocicación Europea de Urología aconsejan el uso de la terapia hormonal en fases más precoces, cuando el tumor está localizado en la glándula prostática y no produce síntomas (apenas debilidad o quemazón en la micción).
Según ha indicado Gunnar Aus, del Departamento de Urología del Hospital Universitario Sahlgrens, en Goteborg, Suecia, hay estudios científicos que demuestran que aplicar la terapia hormonal en las fases iniciales en vez de esperar a que la enfermedad muestre una progresión clínica, podría traducirse en un aumento de la esperanza de vida del paciente de hasta 1,5 años. Igualmente, añadir bicalutamida, un fármaco que bloquea la acción de los andrógenos, a la terapia convencional consigue reducir a casi la mitad la progresión de la enfermedad y disminuye en un 33 por ciento el riesgo de que la enfermedad se traslade a los huesos (metástasis ósea).
Contra la impotenciaSegún ha comentado Antonio Allona, secretario de la Asociación Española de Urología, el aumento en el panorama farmacológico permite disponer de un amplio abanico de opciones con el fin de que el paciente pueda elegir aquella que se adapta mejor a su problema concreto, una especie de traje a medida.
Este especialista ha constatado el aumento en el porcentaje de españoles que solicitan a su médico información acerca de los tratamientos disponibles contra la disfunción eréctil. Estas cifran han pasado del 16 al 30 por ciento en pocos años, aunque aún son muchos los varones que no consideran que la patología sexual sea un problema de salud y que ignora que se dispone de soluciones terapéuticas para la impotencia.
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El urólogo y la prevención El envejecimiento de la población está ocasionando una transformación importante en el papel del urólogo, dado que la edad es el principal factor de riesgo en el desarrollo de los problemas que este especialista atiende. "Ya no se trata de atender exclusivamente enfermedades urológicas vinculadas a la edad, sino que también es necesario que pongamos todos los medios a nuestro alcance para prevenir su aparición", ha apuntado Remigio Vela Navarrete, urólogo de la Fundación Jiménez Díaz, en Madrid.
En su opinión, a los problemas derivados del envejecimiento de la próstata y la vejiga hay que sumar los provocados por la disminución de la testosterona, si bien no se sabe con certeza si todos los varones de edad avanzada experimentan esa reducción ni a partir de que edad comienza el descenso. "El efecto sobre la actividad sexual y la erección es el más conocido, pero el déficit de testosterona también puede condicionar la actividad intelectual, la concentración o la memoria así como la fortaleza y la resistencia física".
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