El estrés materno aumenta el riesgo de asma en sus hijos
Las prisas y agobios no sólo son malos para la propia salud. En el caso de las madres el estrés puede aumentar las posibilidades de que sus hijos sufran asma. Además, el riesgo de desarrollar la patología se intensifica bajo ciertos ambientes domésticos.
15/01/2008
Los niños cuyas madres están estresadas de forma crónica durante sus primeros años de vida tienen mayores tasas de asma. Así concluye un estudio que se publica en el último número de American Journal of Respiratory and Critical Care Medicine.
"Está cada vez más claro que los tradicionales factores de riesgo ambientales no explican por completo los orígenes del asma", ha explicado Anita Kozyrskyj, profesora asociada de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Manitoba (Canadá) y directora del estudio. "Están emergiendo pruebas de que la exposición a la ansiedad materna en los primeros años de vida juega un papel causal en el desarrollo del asma infantil".
Kozyrskyj y su equipo analizaron el historial médico de cerca de 14.000 niños nacidos en Manitoba en 1995 y que fueron revisados periódicamente por los Servicios de Salud de Manitoba hasta 2003.
De esta manera determinaron si los niños tenían asma a la edad de siete años mediante el análisis de los datos recogidos en las visitas a las consultas, las hospitalizaciones o la medicación en el año en que el niño cumplía siete años, y lo relacionaron con el estrés materno, dividido en cuatro categorías de acuerdo a su inicio y duración: sin estrés, estrés posparto, estrés a corto plazo y estrés a largo plazo.
Incluso después de controlar diversos factores de riesgo (género masculino, asma materno, localización urbana y número de visitas totales al médico), el estrés a largo plazo de la madre se asoció con el aumento de la prevalencia de asma infantil en un tercio.
El estudio también ha demostrado que el riesgo de asma asociado con el estrés materno se intensificó bajo ambientes específicos del hogar: hijos de madres con estrés crónico que viven en hogares con altos ingresos o que tenían más de un hermano tuvieron un riesgo mayor de desarrollar asma que otros niños cuyas madres no sufrían estrés.
Las madres deprimidas son más propensas a fumar y menos a dar el pecho, acciones asociadas con el desarrollo de asma. Sin embargo, otras investigaciones también han sugerido que las madres deprimidas interactúan menos con sus hijos. Por su parte, estudios realizados en modelos animales indican que la falta de atención de la madre afecta al estrés y a la respuesta inmune en las crías, aunque aún no se ha probado el mismo efecto en humanos.