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Salud de la mujer

Epidural

La anestesia epidural supone una opción para evitar el temido dolor del parto. Este tipo de analgesia actúa reduciendo la sensibilidad en la parte inferior del cuerpo, lo que disminuye considerablemente el malestar provocado por las contracciones.
27/11/2002

La epidural tampoco influye en el mecanismo del parto. Un estudio reciente, realizado por investigadores de la Universidad de Toronto, en Canadá, ha demostrado que esta anestesia no aumenta el número de cesáreas, un dato ampliamente discutido por los médicos. En principio, tampoco alarga la duración del parto, pero esto depende de cada mujer.

Estadísticamente, parece que la epidural acorta la primera fase del parto, mientras que la fase en la que el bebé es expulsado del útero, puede prolongarse algo.

La introducción de la anestesia se realiza a través de una aguja especial o catéter en el espacio que hay entre dos vértebras de la zona lumbar. Por el catéter se administra, de forma progresiva, la dosis del medicamento analgésico. Desde que se introduce el catéter, aproximadamente cuando se han alcanzado los 4 centímetros de dilatación, la epidural llega a su máximo efecto transcurridos unos 20 ó 30 minutos. A partir de este momento, la infusión de la anestesia se realiza de forma ininterrumpida, a lo largo de todo el parto.

Con la anestesia epidural la madre sustituye el dolor de las contracciones por una sensación de adormecimiento en la zona abdominal y parte de las extremidades inferiores, que, dependiendo de las personas, puede llegar incluso a la insensibilidad. A pesar de que la anestesia epidural facilita considerablemente el parto, este método anestésico ha suscitado bastante polémica entre las potenciales beneficiarias e incluso, la propia comunidad científica. Las razones básicas de estos recelos se centran en el posible daño que causa la anestesia al bebé, los riesgos para la madre y la afectación sobre el resultado del parto.

La anestesia epidural que se administra en la actualidad, ha mejorado mucho con respecto a las primeras, que empezaron a utilizarse hace ya varias décadas. La posibilidad de complicaciones que dañen o lesionen al bebé se reduce a un nivel prácticamente anecdótico, aproximadamente un caso por cada 3.000 ó 4.000 nacimientos, lo que hace de este método una práctica segura para el niño.

En cuanto a los riesgos añadidos para la madre, se estima que aproximadamente el 1 por ciento de las parturientas experimenta efectos secundarios, tales como dolor de cabeza, descenso de la presión arterial, mareos o sensación de dificultad al respirar, aunque los beneficios obtenidos parecen compensarlos. Además, la punción no tiene por qué ser dolorosa para la madre, puesto que la zona lumbar en la que se realiza es anestesiada previamente.

Las contraindicaciones de esta técnica se dirigen a aquellas mujeres que padecen algún trastorno importante de la coagulación, una infección grave o una enfermedad neurológica. También se desaconseja si la parturienta presenta una desviación grave de columna vertebral, o ha sido previamente intervenida en esta región. En España cada vez son más las mujeres que solicitan la administración de anestesia epidural.

El Insalud ha anunciado como uno de sus objetivos ampliar la cobertura de la epidural a todos los grandes hospitales, para que sean más las mujeres que dispongan de ayuda analgésica cuando den a luz. Sin embargo, cada caso tiene sus propias peculiaridades, por lo que es aconsejable que la embarazada se informe y consulte con su médico, antes de integrar un programa de anestesia epidural.

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