El recién nacido tiene una agudeza visual de media décima, una visión horizontal de 40 grados (en contraste con los 180 del adulto) y no percibe los colores ni los contornos. Cuenta con los elementos que constituyen el órgano visual, pero todavía no funcionan plenamente.
AL CABO DE 3 o 4 SEMANAS
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Su capacidad visual se dobla y comienza a distinguir los primeros, aunque pálidos, colores. Ve el contorno de los objetos con bastante claridad, lo que le permite reconocer los rostros, sobre todo, el de la madre.
AL CABO DE 7 U 8 MESES
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Su capacidad visual vuelve a doblarse, los colores son más vivos y se le aclara el concepto de profundidad. Compara las caras con los demás objetos.
AL CABO DE 1 AÑO
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Su agudeza visual sólo alcanza 4 décimas, pero su campo visual es el de un adulto. Evalúa correctamente tanto los detalles como las distancias, pero sólo alcanzará una perfecta percepción de los colores cuando cumpla sus dos primeros años.