Cada tipo de cereal está asociado a las costumbres de un área geográfica, así el arroz está ligado a las dietas alimentarias de los asiáticos, el trigo es más habitual de Europa, mientras que el consumo de sorgo está asociado a las costumbres africanas y el maíz a América.
Los cereales son la mayor fuente de fibra y almidones. El maíz tradicional, como el resto de cereales, aporta también proteínas, lípidos y poca agua. No obstante el maíz dulce es rico en hidratos de carbono, en vitaminas A, B y C, en fibra y en sales minerales como potasio, calcio y fósforo.
Así el maíz aporta al organismo por cada 100 gramos consumidos 8,9 gramos de proteínas, 3,9 de grasas, 2 gramos de fibra dietética y 72,2 gramos de carbohidratos. A pesar de ser el más alto en grasa su nivel de fibra es uno de los más elevados comparado con el resto de cereales.
Los usos de este cereal son muy diversos, así las mazorcas se pueden consumir asadas o cocidas, es también habitual su presencia en ensaladas, su ingestión en el desayuno y, como no, la costumbre de comer palomitas durante una película. Además, de estas utilidades, tiene propiedades diuréticas si se toma como infusión y es componente en ciertos aceites –aceite de maíz- y jarabes.
Lo más destacable de este grupo alimentario es, además de su riqueza en fibra y en almidones, la no presencia de colesterol. Por lo que se aconseja un consumo mayor de vegetales, de frutas, de pescado, de cereales y de legumbres para toda aquella persona que tenga el nivel de colesterol alto y a quién halla sufrido alguna enfermedad cardiovascular.
La Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC) recomienda consumir diariamente entre seis y once raciones de cereales o derivados, disminuir el consumo de bollería e incrementar la ingestión del pan integral sobre el blanco.