El aumento en la producción de óxido nítrico (NO) podría ser la explicación de por qué es saludable hacer ejercicio.
Louis J. Ignarro, que recibió el Premio Nobel de Medicina en el año 1998, compartido con Ferid Murad y Robert F. Furchgott, por sus aportaciones sobre el NO y su papel en la señalización del sistema cardiovascular, ha impartido la Lección Ramón y Cajal en la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona.
Ignarro ha explicado que la actividad física produce un incremento en la producción de NO, lo que a su vez favorece la función endotelial y mejora el flujo sanguíneo. Según ha indicado, el aumento de esta molécula tiene un efecto protector contra las enfermedades cardiovasculares.
El NO, que fue nombrado molécula del año en 1992 por la revista Science, está implicado también en procesos nerviosos, antiinflamatorios, genitourinarios y pulmonares. Por ejemplo, se sabe que en la incontinencia urinaria podría haber deficiencia de NO.
En un aula completamente llena, el premio Nobel ha comentado que el NO y el factor de relajación derivado del endotelio están implicados en los procesos de la memoria y el aprendizaje; sin embargo, sugirió que hay todavía un largo camino por recorrer para determinar la forma en la que actúan. Añadió que es un área importante de investigación y que nuevos experimentos podrían aportar datos útiles para entender enfermedades como el Parkinson o el Alzheimer.
Durante la conferencia magistral titulada Óxido nítrico como única molécula señalizadora en Biología, Ignarro ha recordado a los asistentes que el NO tiene un papel fundamental en la regulación de la presión sanguínea, ya que produce la relajación de músculo vascular liso, genera vasodilatación arterial y reducción de la resistencia.
El investigador se ha dedicado a estudiar la producción y modulación del óxido nítrico y su acción sobre los vasos sanguíneos y otras estructuras biológicas.
Simposio EsteveDurante su estancia en Barcelona, Ignarro también ha participado en el III Simposio Internacional Esteve de Cardiología, en el que han ofrecido charlas magistrales Pere Brugada, director de Cardiología de la Universidad Libre de Bruselas, y Valentín Fuster, presidente del comité científico del
Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares.
Efectos del ejercicio, aún controvertidos
Un estudio del Hospital Clínico-Idibaps, de Barcelona, que se publica en el último número de la revista Europace determina que la probabilidad de padecer fibrilación auricular idiopática aumenta con las horas de ejercicio físico realizadas. Según este trabajo, la práctica de deportes de resistencia o una actividad física laboral intensa mantenida durante años aumenta el riesgo de padecer en un futuro la arritmia cardiaca más frecuente en la población adulta.
Este estudio, coordinado por Lluis Mont, demuestra que existe un efecto acumulativo del ejercicio físico, ya que la probabilidad de padecer fibrilación auricular aumenta con la cantidad que se practique a lo largo de la vida. Según este investigador, además de la actividad física, la altura y el tamaño de la aurícula son también factores de riesgo independientes para el desarrollo de esta patología cardiaca.