La respuesta es que sí. Según Trony Breitbach, de la Universidad de San Luis, hay cinco cosas que los padres pueden hacer para ayudar a que sus niños estén sanos y libres de enfermedades cuando hagan deporte este verano. El primer paso que propone Breitbach es asegurarse de que el equipamiento es el adecuado. Los niños generalmente ensanchan, lo que significa que lo que era perfecto el año pasado pueda ser demasiado pequeño ahora.
Hay que observar su dieta. Los niños necesitan comer una dieta apropiada y equilibrada (baja en grasas, con cantidades moderadas de proteínas procedente de carnes rojas y alta carbohidratos). Breitbach insiste además en que los padres deben asegurarse de que los niños están bien hidratados para poder realizar la actividad.
Se debe intentar que descansen lo suficiente y no estén sobrecargados. La correcta cantidad de horas de sueño y descanso es fundamental para funcionar día a día. Los atletas también necesitan que los ayuden a recuperarse del estrés o del esfuerzo excesivo de su juego o actividad. Esto es particularmente cierto para los niños que practican varios deportes, algunos incluso en el mismo día.
Otra de las propuestas es ayudarlos a estar físicamente en forma. En general, según Breitbach, cuanto más en forma estén, menos probable es que sufran daños realizando ejercicio. La mejor manera para que se mantengan es no permitirles nunca salirse fuera de forma. Es necesario asegurarse de que se mantengan activos y no confiar sólo en los deportes para que estén delgados.
Los niños necesitan que les gusten los deportes, pero la verdad es que muchos de ellos no son efectivos para perder peso (como el béisbol). Si el niño debe perder peso, lo mejor es que siga una dieta sana y acuda a un centro de adelgazamiento, donde le proporcionarán programas personalizados para adelgazar, según el autor del estudio.
Además, hay que tener cuidado con los daños desde el principio. Tomarse en serio los rasguños y dolores. Si el niño se ha hecho daño, debe asegurarse de que recibe atención médica inmediatamente. Finalmente, si el pequeño atleta se ha herido hay que cerciorarse de que la decisión de jugar o no es de un médico profesional. “Ellos son realmente los únicos que están cualificados para hacerlo, no los padres o los entrenadores”.