Las gestantes inmigrantes controlan peor el embarazo porque acuden más tardíamente a los servicios hospitalarios, aunque este comportamiento no tiene repercusión en los resultados neonatales.
Esta es la principal conclusión de un estudio que ha elaborado Yasmina Cabrera, del Servicio de Obstetricia y Ginecología del Hospital General La Mancha Centro de Alcázar de San Juan, Ciudad Real, sobre la relación entre inmigrante y atención obstétrica, con el objetivo de identificar el perfil epidemiológico, así como las características obstétrico-neonatales comunes y diferenciales entre mujeres gestantes autóctonas e inmigrantes.
La investigación fue dirigida por Ana Pascual, jefa de sección del Servicio de Obstetricia y Ginecología del centro, y por Juan Ignacio Álvarez de los Heros, catedrático de Obstetricia y Ginecología de la Universidad de Alcalá de Henares y jefe del Servicio de Ginecología y Obstetricia del Hospital de Guadalajara.
El estudio, que se llevó a cabo durante 2006 en el Servicio de Paritorio del hospital alcazareño -centro cuya tasa de partos de madres extranjeras asciende al 30 por ciento-, destaca que las mujeres extranjeras controlan peor el embarazo porque acuden más tardíamente, de forma más irregular y en menos ocasiones que las gestantes nacionales.
Las principales razones que explicarían este comportamiento, según su autora, son las denominadas barreras paramédicas, entre las que destacan los obstáculos lingüísticos, culturales y del sistema sanitario (horarios de atención, solicitud de citas ).
Mal uso de los servicios
Sin embargo, "el control deficiente del embarazo no supuso una sobreutilización de los servicios de urgencias", coincidiendo con las últimas publicaciones españolas que afirman que los pacientes inmigrantes no sólo no se exceden en el uso del sistema sanitario, sino que utilizan sus recursos en menor medida. "Se trata, pues, de un mal uso, más que de un abuso", puntualiza Cabrera.
En contra de lo esperado, el control inadecuado de la gestación no tuvo repercusión en los resultados neonatales. Esto puede deberse, según Cabrera, a la teoría del inmigrante sano, según la cual las gestantes que emigran gozan de buena salud y configuran un grupo de bajo riesgo. Los resultados del estudio avalan esta hipótesis porque el perfil de las pacientes fue el de madres más jóvenes, con menor consumo de tabaco y menor índice de masa corporal, entre otros.
Asimismo, las mujeres inmigrantes presentaron anemia con más frecuencia y con mayor gravedad. Además, solicitaron en menor medida analgesia, no mostraron diferencias en la vía del parto y se beneficiaron en mayor porcentaje de la lactancia materna en comparación con gestantes nacionales.
Del mismo modo, el estudio ha detectado que las embarazadas extranjeras consumieron ácido fólico preconcepcionalmente de modo minoritario -tan sólo un 5 por ciento-, por lo que el objetivo de las campañas de prevención debe dirigirse a los grupos de riesgo, entre los que se encuentran los inmigrantes.
Cabrera concluye que "el gran incremento que experimenta la población gestante inmigrante nos alerta sobre cambios en el perfil epidemiológico de las atendidas en los centros españoles. En el futuro serán necesarios más estudios que traten de identificar las características diferenciales".