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Con la llegada del verano las obsesiones por los cuerpos esqueléticos aumenta, y todo vale para conseguirlo: aprovechar una enfermedad como la diabetes para perder (excesivo) peso o dejar de comer durante el día para poder beber alcohol por la noche, son las dos opciones que más se extienden últimamente entre las personas que buscan adelgazar a toda costa.
Tamara Ojeda - Jueves, 21 de Mayo de 2009 - Actualizado a las 00:00h.
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Drunkorexia y diabulimia
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Comienza el calor y con él las dietas milagrosas, los gimnasios abarrotados y el gran culto al cuerpo diez. Una moda de tallas pequeñas que en muchas ocasiones se convierte en obsesión y, en el peor de los casos, en un trastorno alimentario. Fuera de disminuir el número de enfermos que padecen bulimia o anorexia, surgen nuevos métodos para conseguir el cuerpo de sus sueños.
La drunkorexia (o ebriorexia) es un desorden que se caracteriza por no comer, una abstinencia a la alimentación voluntaria con el fin de poder abusar de bebidas alcohólicas. Aquellas personas que padecen esta enfermedad no quieren comer para compensar las calorías que aporta el alcohol, por lo que, en situaciones extremas, las únicas calorías que ingieren son las de estas bebidas.
Gonzalo Morandé, jefe de la Unidad de Trastornos Alimentarios del Hospital Niño Jesús, considera que "lo que se conoce como drunkorexia no llega a ser una patología en sí". Según su explicación, estamos ante un problema aún más complicado. La adolescencia suele ser una de las etapas más complicadas, no sólo por la alteración de las hormonas, sino también por ese pensamiento habitual de seguir al resto para que no lo desplacen socialmente. Hoy en día, la media de iniciación al consumo de alcohol se sitúa en los 15 años, una práctica muy peligrosa para una edad tan joven y compulsiva.
A esto se le suma el aumento del consumo del alcohol en las jóvenes, que se ha equilibrado en cantidad con el de los chicos (antes bebían menos alcohol). Pero la tolerancia de estas bebidas no varía, sigue siendo menor en las mujeres, de ahí el riesgo que supone la drunkorexia. "En la actualidad, una de cada seis adolescentes tienen conductas de riesgo con respecto a la alimentación, es decir, por sus cabezas pasa la idea de adelgazar porque creen que les sobran algunos kilos. Si unimos este hecho con el aumento del consumo de alcohol nos encontramos con una práctica muy peligrosa, teniendo en cuenta también los efectos que producen las bebidas cuando no están acompañadas de ningún tipo de alimento", explica Morande.
Diabulimia
Los
problemas con la alimentación no sólo se extienden entre los adolescentes, también
afectan a todas las edades y sexo, aunque el número de mujeres que sufren estas
patologías sigue siendo superior a la de los hombres.
La diabulimia afecta a los pacientes que sufren diabetes tipo 1 que dejan de suministrarse insulina para perder peso. "Es un cuadro complicado donde se juntan dos enfermedades: la diabetes y la bulimia. Básicamente es el mal uso de la dieta y de la insulina en aquellas personas que quieren gestionar su peso. Para que se de esta enfermedad tiene que írsele de la mano al paciente, tener una conducta compulsiva". Abandonar las inyecciones de insulina, con la disminución de nutrientes en el estómago, puede tener consecuencias muy graves, incluso con posibilidades de caer en coma. "No es una enfermedad nueva, por el hospital ya han pasado varios pacientes realmente graves que padecían esta enfermedad", explica Morandé.
El problema de este trastorno alimenticio es su discreción. Los pacientes con diabetes tienen que llevar una dieta equilibrada, realizar ejercicio y la insulina se la inyecta cada uno. Para poder detectar este problema, Morandé explica que "tiene su parte de bulimia, y como tal, con ella siempre surgen otros trastornos compulsivos. Hay una serie de pautas que siguen, como el intento de suicidio, el alcohol y las drogas, los robos y las compras compulsivas o el sexo".
Estos trastornos están presentes durante todo el año, pero con la llegada del buen tiempo se intensifican más. "Aquellos que ya sufren la enfermedad antes de llegar a estas fechas pasan por una etapa más difícil. En los que aún no son enfermos aumentan las conductas de riesgo", culmina Morandé.
Los sujetos con enfermedad cardiovascular preexistente que siguen tratamiento a largo plazo con sibutramina tienen un riesgo elevado de infarto de miocardio e ictus no fatal, pero no de mortalidad cardiovascular o por cualquier otra causa.