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Inyecciones de vitalidad

Para la gran mayoría, EPO (eritropoyetina) remite a un tipo de dopaje popularizado por algunos ciclistas, pero para muchas personas que se encuentran en diálisis o que están recibiendo un tratamiento contra el cáncer, EPO es sinónimo de vitalidad y de antídoto contra el cansancio extremo.

Sonia Moreno   |  12/11/2002 00:00

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Cerca de 20.000 pacientes con insuficiencia renal crónica (IRC) tienen que someterse a diálisis. Es el precio que pagan porque sus riñones no filtran de forma adecuada las toxinas de la sangre. Además de esta merma en la función renal, los afectados por la insuficiencia experimentan una disminución de la cantidad de glóbulos rojos en la sangre o anemia, dado que sus riñones tampoco producen la eritropoyetina, una sustancia fundamental para el desarrollo de estas células, al igual que el hierro o la hemoglobina.

Por este motivo, los nefrólogos coinciden en afirmar que, desde 1965, cuando se introdujo la diálisis en el tratamiento de la insuficiencia renal, el principal avance para estos pacientes ha sido el desarrollo de la eritropoyetina recombinante humana (rHuEPO en su acrónimo inglés o más popularmente, EPO). La EPO se sintetizó hace 12 años para el tratamiento de la anemia en insuficiencia renal crónica. Esta molécula eleva el número de glóbulos rojos, acercando así las cifras a la normalidad. Se considera que un hombre sano tiene una hemoglobina (concentración de glóbulos rojos) de 13 a 14 gramos por decilitro de sangre y una mujer, entre 12 y 13 gr/dl.

Quién se beneficia de la EPO

Lejos de los atletas menos escrupulosos que buscan nuevas proezas deportivas, la EPO se administra en los hospitales de todo el mundo a cerca de 3 millones de pacientes. Vía subcutánea o intravenosa (cuando la inyección se aplica directamente en la vena), este fármaco ayuda a luchar contra los efectos de la anemia por enfermedad renal, tumores e incluso es útil en recién nacidos prematuros con peso al nacer de entre 750 y 1.500 gramos y una edad gestacional de menos de 34 semanas.

“Diversos estudios han demostrado que la eritropoyetina mejora la calidad de vida de estos pacientes. Aspectos relacionados con la anemia y tan importantes como la vitalidad, el patrón de sueño, la función cognitiva o la sexual se benefician del tratamiento con eritropoyetina”, explica Aleix Cases, nefrólogo del Hospital Clínico de Barcelona.

El especialista ha participado en un simposio organizado por los laboratorios Roche en Lisboa, donde se revisaron los últimos avances del tratamiento de la EPO en la anemia.

“Corregir la anemia de estos enfermos no sólo es importante para mejorar su calidad de vida, puesto que también influye en la supervivencia. Recientemente, hemos constatado que la EPO reduce la mortalidad en pacientes con daño renal”, apunta Fernando de Alvaro, otro de los participantes del simposio.

El peligro de la aplasia

A pesar de que la eritropoyetina se puede administrar por vía subcutánea o por intravenosa, la Agencia Europea del Medicamento recomienda esta última forma de administración. La razón estriba en que desde 1998 se han producido varios casos de aplasia pura de células rojas en algunos pacientes tratados con la EPO. “La aplasia es una enfermedad por la que los pacientes desarrollan anticuerpos o defensas contra la propia eritropoyetina y bloquea la acción de todas las EPO, incluyendo la poca que pueda quedarle al enfermo, por eso es una anemia tan peligrosa”, explica el doctor Cases.

Por el momento, la aparición de este grave efecto secundario se ha constatado en eritroyetinas administradas por vía subcutánea, fundamentalmente epoetina alfa, por eso la vía recomendada es la intravenosa. No obstante, el doctor De Alvaro recuerda que “sólo hemos contabilizado 166 casos de aplasia desde 1998 de un total de 3 millones de pacientes tratados. Los especialistas estamos preocupados, pero no hay que olvidar que la EPO es un fármaco muy seguro, cuyos beneficios superan con creces los posibles riesgos. Todavía tenemos que averiguar qué subyace a estos efectos negativos del tratamiento”.

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