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Roy Calne y Thomas Starzl, artífices del trasplante hepático, que ha permitido una vida normal a miles de pacientes, han sido merecedores este año del premio Lasker en Medicina Clínica. En la categoría Básica se premia el avance en el conocimiento de las proteínas motoras.
DM | 11/09/2012 17:39
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El premio a la Investigación Médica Clínica otorgado por la Fundación Lasker ha recaído en Roy Y. Calne, catedrático emérito de la Universidad de Cambridge, en Reino Unido, y Thomas E. Starzl, de la Universidad de Pittsburgh, en Pensilvania (Estados Unidos), por el desarrollo del trasplante de hígado, que ha mejorado la calidad de vida de miles de pacientes con enfermedades hepáticas terminales.
A finales de la década de 1950, un rasgo específico de la anatomía del hígado captó la atención de Starzl. Dos grandes vasos sanguíneos sirven a este órgano, uno de los cuales -la vena porta- circula hacia el tracto gastrointestinal y el páncreas, recogiendo sustancias de las citadas localizaciones. Había controversia sobre si la presencia de altos niveles de nutrientes y hormonas en la vena porta contribuía a la salud hepática. Para estudiar esta cuestión, el científico realizó varios procedimientos de trasplantes de hígado en perros, sin intención de dar un paso hacia este tipo de cirugía en humanos.
Sin embargo, en marzo de 1963 Starzl intentó el primer tratamiento de trasplante hepático humano en un niño con atresia biliar. El paciente murió desangrado durante la operación. Los siguientes receptores de trasplantes hepáticos fallecieron en las semanas siguientes a las cirugías.
En los años siguientes Starzl mejoró el procedimiento en muchos sentidos. Al mismo tiempo, Calne leyó que un cerdo poco medicado que recibió un trasplante hepático sobrevivió durante un periodo sorprendentemente largo. Esto le intrigó y lo atrajo hacia el hígado. Posteriormente se demostró que los injertos de hígado en cerdos se toleraban mejor que otros tejidos trasplantados, observación que presagiaba resultados futuros en humanos.
Starzl reabrió el programa hepático de Denver en 1967 y ajustó el cuidado de los pacientes a las innovaciones que había desarrollado. Trataba a los pacientes con tres fármacos -azatioprina, esteroides y ALG- y sobrevivían más de un año. La paciente que ha sobrevivido más tiempo vive todavía y tiene 42 años.
Hoy en día, en Estados Unidos los cirujanos emplean este procedimiento en adultos con cirrosis hepática y en niños con atresia biliar.
Michael Sheetz, de la Universidad de Columbia, en Nueva York; James Spudich, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford, y Ronald Vale, de la Universidad de California en San Francisco, han merecido por su parte el premio Lasker de Investigación Médica Básica por los descubrimientos sobre las proteínas citoesqueléticas, máquinas que mueven cargas en las células, contraen los músculos y permiten los movimientos celulares.
Los científicos establecieron la forma de estudiar los motores moleculares. Estas habilidades permitieron el descubrimiento de la proteína motora cinesina y de los pasos por los que estos motores convierten la energía química en mecánica. Los motores minúsculos que subyacen en numerosos procesos vitales, y los logros de estos investigadores han llevado al descubrimiento de fármacos para problemas cardiacos y cáncer.
Premio Especial
El galardón especial de la Fundación Lasker ha recaído en Donald D. Brown, de la Institución Carnegie para la Ciencia en Baltimore, y Tom Maniatis, de la Universidad de Columbia, por su liderazgo en la ciencia biomédica. Ambos han realizado descubrimientos fundamentales relacionados con la naturaleza de los genes, han impulsado la divulgación de las tecnologías médicas y han contribuido de forma sustancial al prestigio de la comunidad científica.
La ceremonia de entrega se celebrará el próximo 21 de septiembre en Nueva York y los premiados serán galardonados con 250.000 dólares en cada categoría.
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