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El tejido adiposo centra el estudio de la obesidad

El tejido adiposo no es un órgano pasivo, sino una pieza viva, clave en la aparición de la obesidad. Su estudio y el de su asociación con el sistema nervioso central ayudan a entender la fisiopatología de esta enfermedad.

Sonia Moreno - Miércoles, 27 de Mayo de 2009 - Actualizado a las 00:00h.

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El creciente número de niños obesos es una realidad que puede constatarse en cualquier consulta pediátrica. Los cambios sociales como la incorporación al trabajo de la mujer -la tradicional responsable de la alimentación familiar- han contribuido a que desaparezcan las pautas de mesa y mantel y al aumento del consumo de comida prefabricada y basura, en detrimento de una adecuada nutrición infantil.

  • El exceso de peso en la edad pediátrica favorece la obesidad adulta, así como la aparición de diabetes tipo 2, hipertensión arterial y dislipemias

Jesús Argente, jefe del Servicio de Endocrinología y director del Laboratorio de Investigación del Hospital Infantil Niño Jesús, de Madrid, ha expuesto que "el problema de la obesidad infantil es que conduce a otras enfermedades, tanto la diabetes tipo 2, como las alteraciones vasculares (hipertensión arterial), del metabolismo de los lípidos (dislipemias) y otros trastornos metabólicos (hiperglucemia e hipertransaminemia)". El grupo de Argente lleva años combinando la labor clínica con la investigadora. De hecho es el único equipo pediátrico incorporado al Ciber de Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición.

"Nuestras líneas de investigación están centradas en primer lugar en el diagnóstico y tratamiento de la obesidad, también en las alteraciones hormonales de los niños obesos y en el estudio sobre adipocinas producidas en el tejido adiposo de esos pacientes".

En cuanto a la investigación básica, "realizamos análisis de neuroendocrinología o de las alteraciones en el sistema nervioso central en la obesidad".

Argente ha coordinado una reunión en el Niño Jesús con John J. Kopchick, director del Instituto Edison de Biotecnología de la Universidad de Ohio, en Athens, para impulsar la colaboración científica entre ambas instituciones.

"Por una parte, hemos aprendido cómo se comportan los sujetos obesos desde el punto de vista de la resistencia a la acción de la leptina. En niños delgados, normalizamos los datos de las adipocinas y los comparamos con los de niños obesos, donde hemos demostrado diferentes alteraciones. Ahora estamos trabajando con técnicas de electroforesis que nos permiten analizar otras proteínas no detectables en plasma y así poder ver qué modificaciones aparecen en los pacientes obesos, y cuáles se producen cuando éstos son capaces de perder una o dos desviaciones estándar del índice de masa corporal (IMC). Estos datos son muy importantes porque nos permiten conocer por un lado, si podemos incidir con alguna medida terapéutica, tanto a través de la alimentación como con alguna medicación que llegue a desarrollarse en un futuro, para mejorar el control del peso corporal, y por otro, estos estudios mejoran nuestro conocimiento de las bases fisiopatológicas de la obesidad".

Ni la agencia europea para el control de medicamentos, EMEA ni la estadounidense FDA permiten el uso de fármacos específicos contra la obesidad en los pacientes pediátricos. Los estudios clínicos en población infantil son más costosos que en la adulta: los niños son un grupo muy heterogéneo -hay lactantes, preescolares, escolares- y debe velarse por que ningún tratamiento interfiera en su desarrollo y crecimiento, lo que dificulta la realización de ensayos con fármacos. Por el momento, las intervenciones terapéuticas para la obesidad se basan en la dieta y el ejercicio y, en los casos indicados, en psicoterapia.

 

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