Última actualización: Viernes 04 de Septiembre de 2015 - a las 12:00h

Alergias alimentarias

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Qué es

Las alergias alimentarias son una respuesta exagerada del sistema inmunológico por el consumo de un alimento en particular. Tal y como señala Montserrat Fernández, del Servicio de Alergia del Hospital Clínico San Carlos, en Madrid, la respuesta normal del sistema inmunitario ante los alimentos es tolerarlos. Sin embargo, en algunos casos genera una respuesta alterada que puede provocar que, cuando las personas consuman determinados comestibles se desencadenen efectos nocivos y reacciones por parte del sistema inmunológico que dan lugar a las alergias alimentarias.

“El tipo de respuesta más frecuente es la mediada por los anticuerpos del tipo IgE, que producen reacciones inmediatas”, explica Fernández en el Libro de las Enfermedades Alérgicas de la Fundación BBVA, editado con el aval de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica. La especialista también señala que existen respuestas inmunológicas mediadas por células que provocan respuestas que se manifiestan más tarde. Éstas suelen ser cutáneas, como la dermatitis atópica, o digestivas.

Por otro lado, los alimentos también pueden causar alergia si están en contacto con la piel o tras la exposición por vía respiratoria. En el primer caso pueden provocar dermatitis y urticaria, entre otras; mientras que en el segundo pueden generar problemas relacionados con el aparato respiratorio, como asma o rinitis.

Los alimentos que con más frecuencia producen alergia son la leche, los huevos, el marisco, los frutos secos, el trigo, las legumbres, la soja, las frutas y el pescado.

¿Alergia o intolerancia?

En muchas ocasiones las personas confunden la alergia alimentaria con la intolerancia. No obstante, aunque comparten similitudes, como que provocan efectos nocivos en el organismo a causa de la ingesta de determinados alimentos, no son iguales.

Las alergias se producen por una respuesta inmunológica alterada a los alimentos, mientras que en las intolerancias no interviene el sistema inmunológico. Las principales causas de la intolerancia suelen ser por alteraciones en la digestión y/o el metabolismo de los comestibles.

Incidencia

Aunque la sociedad percibe que las alergias alimentarias son un problema de salud importante, sólo aproximadamente un tercio de las reacciones que comunican los pacientes al especialista se pueden confirmar en un estudio alergológico.

Según Fernández, de los resultados que se han obtenido en los estudios epidemiológicos en los que se demuestra que hay una respuesta IgE específica a un alimento mediante pruebas de provocación oral, se estima que la alergia alimentaria se da entre el 1 y el 3 por ciento de la población. “Es más común en los niños menores de 3 años, en los que la incidencia puede llegar hasta el 8 por ciento”, señala.

En los últimos años en países como el Reino Unido y Estados Unidos ha aumentado la frecuencia de las alergias, especialmente relacionadas con frutos secos. Aunque en España no hay en la actualidad datos sobre la prevalencia de la alergia a los alimentos, la especialista indica que en una década se han duplicado los diagnósticos, tal y como señalan los resultados de los estudios Alergológica realizados por la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica en 1992, 2005 y 2014.

Causas

Las alergias alimentarias aparecen debido a que se produce un fallo en la tolerancia inmunológica por factores como la carga genética de las personas, el estado de la barrera de la mucosa intestinal, la edad o el tipo, la cantidad y la forma de presentación del alimento, entre otros.

En las circunstancias en las que falla la tolerancia, el sistema inmunitario produce una respuesta de anticuerpos IgE frente a los alimentos. La respuesta comienza en el intestino (aunque también puede manifestarse en otras zonas como el aparato respiratorio o la piel); en la mucosa respiratoria y en la piel se encuentran unas células, los mastocitos, a los que se unen los anticuerpos cuando se desencadena la respuesta. Los anticuerpos también pueden adherirse a otras células, los basófilos, que se encuentran en circulación en la sangre.

Cuando la persona alérgica consume el alimento que causa la reacción, el alérgeno se vincula a la IgE que se encuentra en la superficie de los basófilos y los mastocitos. En ese momento los activa y se produce la liberación de la histamina y de otras sustancias inflamatorias que son los responsables de que aparezcan las reacciones alérgicas.

Síntomas

Según especifica la médico especialista en Alergología, Montserrat Fernández, las reacciones alérgicas suelen presentar las primeras manifestaciones en las dos horas siguientes al consumo del alimento, aunque lo más frecuente es que aparezcan los síntomas en los primeros 30-60 minutos. “Estas reacciones pueden implicar a uno o varios órganos, incluidos la piel, el tracto digestivo, el respiratorio y el sistema cardiovascular”, añade Fernández, quien señala que la gravedad depende de la respuesta inmunológica del paciente, de la reactividad del órgano afectado y de las características del alérgeno.

Además, factores externos como la toma de medicamentos antiinflamatorios esteroideos, la realización de ejercicio físico o el consumo de alcohol pueden agravar las reacciones.

Las principales manifestaciones que pueden aparecer son las siguientes. Todas pueden desencadenarse asociadas o de forma aislada:

  • Cutáneas: Es la reacción más frecuente. Los pacientes suelen presentar urticaria.
  • Mucosas y faringe: Estos síntomas son los segundos más comunes. Los adultos que tienen alergia a los alimentos suelen tener reacciones en la mucosa oral y en la faringe, conocidas como síndrome de alergia oral, como la rinitis. En individuos con asma pueden producirse broncoespasmos en el contexto de la anafilaxis (reacciones alérgicas graves), este síntoma puede ser muy grave y con frecuencia puede causar la muerte por la reacción alérgica.
  •  Aparato digestivo: Por último se encuentran los síntomas relacionados con el aparato digestivo que incluyen diarrea, dolor abdominal, vómitos y náuseas.
  • Otros síntomas son el picor en la boca, la garganta, los ojos, la piel u otra área, dificultad para deglutir, mareo, desmayo, hinchazón de los párpados, la cara, los labios y la lengua o rinorrea. Entre los síntomas de alergia bucal destacan el picor en los labios, la lengua y la garganta y la hinchazón de los labios en determinados casos.

Prevención

No existe una forma eficaz de prevenir una alergia alimentaria; la principal recomendación para evitar los síntomas es evitar consumir el alimento alérgeno. 

Tipos

En la actualidad existen muchos tipos de alergias alimentarias. Las más frecuentes son cinco:

1. Alergia al huevo

La alergia al huevo de gallina es una reacción adversa inmunológica provocada por el consumo y el contacto con el huevo. Este tipo de alergia sólo se desarrolla en las personas que han producido inmunoglobulinas IgE dirigidas contra las proteínas del huevo. En estos pacientes, cada vez que tengan contacto con el huevo se producirá una reacción alérgica.

Los factores de riesgo más comunes de la alergia al huevo son los antecedentes familiares, haber presentado alergia previamente a otro alimento o tener dermatitis atópica.

Este tipo es la más frecuente en niños de más de 12 meses con una prevalencia en España entre el 0,5 y el 2,7 por ciento de la población general en los primeros años de vida. De hecho, el 44 por ciento de las consultas por alergia alimentaria en menores de 5 años es por el huevo y en mayores de 5 años esta cifra se reduce a un 10 por ciento.

A partir de los dos años los casos en los que se produce la alergia son muy raros. En adultos la prevalencia baja a un 1 por ciento.

La alergia al huevo es la más frecuente en niños de más de 12 meses.

La alergia al huevo es la más frecuente en niños de más de 12 meses.

Síntomas:

Según explica Elena Alonso, médico especialista en Alergología y Pediatría en el Servicio de Alergia del Hospital General Universitario Gregorio Marañón, en Madrid, al igual que en el resto de alergias, los síntomas de la alergia al huevo pueden ser muy diferentes y variar de manifestaciones leves, como un ligero picor en la boca y/o la garganta, hasta síntomas más graves que pueden llegar a poner en peligro a la persona. 

“Los síntomas suceden en un tiempo corto, como mucho de una hora, tras comer el huevo. Los más habituales son el enrojecimiento de la piel, picor, urticaria, hinchazón de los labios y los párpados. Tampoco son raros los síntomas digestivos con vómitos, dolor abdominal y diarrea”, señala antes de advertir de que con menor frecuencia aparecen síntomas respiratorios que pueden ir acompañados de dificultad para respirar y tragar. Éstos son muy graves por lo que el paciente debe acudir al médico en el momento en el que empiecen a producirse.

Pronóstico:

El 70 por ciento de los niños alérgicos al huevo se termina curando. De hecho, en algunas ocasiones esto se produce precozmente. “A los 24 meses toleran el huevo el 20 por ciento de los niños”, explica Alonso, quien señala que esa cifra sube al 30-35 por ciento a los 3 años y añ 50-55 por ciento a los 5 años. “Más tarde, la evolución a la tolerancia se produce más lentamente, hasta alcanzar el 60-75 por ciento a los 9 años”.          

El pronóstico a la edad adulta todavía es desconocido.

Tratamiento y dieta:

El tratamiento para las personas que tienen alergia al huevo está basado en mantener una dieta exenta de este alimento y todos los productos que lo puedan contener. Sin embargo, esta opción suele ser complicada de lograr por lo que los especialistas recomiendan que los pacientes y los familiares conozcan bien los síntomas y el protocolo de atención que deben seguir si se consume huevo.

Los pacientes con esta alergia pueden tener problemas al seguir una dieta porque muchos productos contienen huevo sin que el consumidor lo conozca y aparece en otros alimentos, como las salsas o productos de repostería, y aparecer en lugares como los cosméticos.

2. Alergia al pescado y al marisco

Estos dos tipos de alergias son reacciones adversas que se producen por una respuesta del sistema inmunológico frente a un alimento. En estos dos casos, la respuesta inmunológica está mediada por anticuerpos IgE específicos para el pescado y el marisco.

Según explica Ana Fiandor, médico especialista en Alergología del Servicio de Alergia del Hospital Universitario La Paz, en Madrid, la alergia al pescado se desarrolla en los países con gran consumo de este alimento, como España.

“Las reacciones ocurren en los primeros años de vida y coinciden con la introducción del pescado en la dieta, hacia el primer años de vida”, expone Fiandor. “En los niños es la tercera causa de alergia y en los adultos es el responsable del 12-14 por ciento de los casos de alergia alimentaria en España”.

La alergia al pescado puede durar décadas, incluso toda la vida.

En el caso del marisco, este tipo de alergia es más común en los adultos que en los niños. Aunque, si aparece en niños, suele ser muy persistente.

Síntomas:

Las manifestaciones clínicas que se producen en la alergia al pescado y al marisco son similares a las de otros tipos de alergias alimentarias. Los síntomas aparecen tras el consumo aunque en el pescado y el marisco pueden aparecer sólo con la inhalación de los vapores de cocción o de las partículas que se desprenden en la manipulación de los alimentos.

Tratamiento:

El único tratamiento disponible en la actualidad es seguir una dieta que no incluya pescado, marisco y sus derivados y, en casos más graves, evitar el contado y la exposición a los vapores.

La alergia al pescado puede llegar a durar toda la vida.

3. Alergia a la leche

La alergia a la leche es una reacción adversa del organismo a las proteínas de este producto. Sin embargo, según María Flora Martín, médico especialista en Alergología en el Servicio de Alergia del Hospital Universitario de La Paz, en Madrid, no todas las reacciones adversas a la leche son alergias.

Esta reacción suele tener una base hereditaria, por lo que se puede transmitir de padres a hijos a través de los genes, aunque es en el desarrollo también participan factores ambientales.

Suele aparecer en el primer año de vida. En España, uno o dos niños de cada cien desarrolla alergia a la leche en el primer año de vida. De hecho, en los países desarrollados, la incidencia se sitúa entre el 2 y el 3 por ciento. “La mayoría de los niños pierde la alergia a la leche a lo largo de los tres primeros años y, entre la población adulta, la sensibilización clínica a la leche es excepcional”, añade Martín.

Síntomas:

Las manifestaciones de esta reacción son diversas, así como la gravedad, que depende del grado de sensibilización y de la cantidad de alimento que ingiera. Además, los síntomas pueden empeorar si el paciente realiza ejercicio, consume alcohol o sigue un tratamiento farmacológico.

Las manifestaciones más frecuentes son las cutáneas, que aparecen en el 70 por ciento de las reacciones. Suelen ser picor acompañado de enrojecimiento de la piel con habones, urticaria, edema en zonas como los labios o los párpados, etc. Además, patologías como la dermatitis atópica, suelen empeorar cuando se produce la reacción.

Otros síntomas que suelen aparecer son los digestivos: dolor abdominal, vómitos, diarrea ocasional o dificultad al tragar. Por último, pueden aparecer síntomas respiratorios, aunque son menos frecuentes, como la rinitis o el asma.

Tratamiento y pronóstico:

En la actualidad, el único tratamiento eficaz es la exclusión de la leche de origen animal, de sus derivados y de productos que puedan contener leche de la dieta.

La mayoría de los casos de este tipo de alergia se producen de manera temporal y su pronóstico es bueno en los niños. “Más del 70 por ciento de los diagnosticados en el primer año adquiere tolerancia a lo largo de los tres primeros años. Al año, la tolerancia se establece en el 50-60 por ciento de los niños; a los dos años en el 70-75 por ciento y a los cuatro, en el 85 por ciento”, explica Martín. “A partir de los 10 años la alergia a las proteínas de la leche de vaca todavía persiste en un 10 por ciento de los casos iniciales. La evolución en la edad adulta es desconocida”.

La alergia a la leche suele aparecer en el primer año de vida.

4. Alergia a verduras y frutas

La alergia a las frutas es la causa más común de reacciones a los alimentos en niños mayores de 5 años y en adultos. Según los datos del estudio Alergológica, el 7,4 por ciento de las personas que acuden al alergólogo tienen una alergia alimentaria. De este porcentaje, el 33 por ciento son alérgicos a las frutas y el 7 por ciento a las verduras.

La prevalencia está supeditada a factores genéticos (que un miembro de la familia tenga alergia), medioambientales, como los hábitos alimenticios según la zona o la presencia de diferentes pólenes que pueden sensibilizar al individuo.

Las frutas y verduras más alérgicas:

Existen muchas frutas y verduras que producen reacciones alérgicas. En el caso de las frutas, las más alérgicas son las rosáceas. De esta familia, el melocotón es la que más alergias provoca. Otras frutas incluidas en este grupo son la manzana, la cereza, la pera, el albaricoque, la ciruela, la nectarina, la fresa, etc.

Además de éstas, otras frutas que provocan alergia son el kiwi, el melón, la piña, la sandía, las uvas, el aguacate y el mango.

Respecto a las verduras, las más alérgicas son las hortalizas, como el tomate, la zanahoria, la col, la lechuga, la berenjena o el pimiento. Otras verduras que provocan reacciones son la cebolla, la espinaca, el espárrago, así como especias como la pimienta o el comino, entre otras.

Síntomas y tratamiento:

Las manifestaciones más frecuentes son la aparición de síntomas locales como picor, eritema labial, hinchazón de labios y lengua, aparición de manchas rojas o ronchas en la piel, dermatitis, entre otras. También pueden aparecer manifestaciones que afecten al aparato digestivo y respiratorio.

Al igual que en otras alergias alimentarias, el único tratamiento eficaz es la eliminación de la fruta y/o vegetal de la dieta.

5. Alergia a los frutos secos, legumbres y cereales

Las reacciones a los vegetales dentro del grupo de los cereales, las legumbres y los frutos secos son muy habituales en las consultas del alergólogo. De hecho, tal y como expone Ernesto Enrique Miranda, médico especialista en Alergología de la Sección de Alergología del Hospital General de Castellón, los frutos secos son con las frutas la primera causa de alergia alimentaria en los adultos y una de las primeras en la edad infantil.

Los síntomas y los tratamientos coinciden con el resto de alergias alimentarias.

Cereales:

Según Miranda, la prevalencia de la alergia a los cereales es baja comprada con otros grupos de alimentos, aunque varía dependiendo de la edad y de la zona geográfica. Este tipo es frecuente durante la infancia y suele desaparecer con la edad.

Legumbres:

La mayoría de las alergias de legumbres se deben a la ingesta de soja, lentejas, guisantes, garbanzos, judías verdes, altramuces o habas.

Esta alergia es más común en los países con dieta mediterránea, Oriente Próximo, Extremo Oriente e India. En España, las legumbres están en el quinto lugar de los alimentos que intervienen en las alergias en la infancia, siendo poco frecuente en la edad adulta.

Frutos secos:

La alergia al cacahuete es la más frecuente. En los países anglosajones se considera un problema de salud pública porque el 0,5 por ciento de la población es alérgica a él y en un 50 por ciento de los casos las reacciones que produce son tan graves que incluso pueden provocar la muerte.

La avellana es el segundo fruto seco que más alergia produce. Además, en España las nueces y las almendras provocan gran cantidad de reacciones.

Diagnóstico

Cuando el paciente haya sufrido alguna reacción al consumir algún alimento, la alergóloga Montserrat Fernández, recomienda que consulte a un médico. En estos casos el médico de familia o el pediatra considerarán los síntomas del paciente y si son sugestivas de alergia los remitirá al alergólogo.

Una vez que esté en la consulta del especialista, éste recogerá una historia clínica detallada de la reacción para intentar establecer qué alimento o alimentos han desencadenado la reacción y establecer una relación temporal entre la ingesta y la aparición de los síntomas para mandarle las pruebas necesarias para establecer el diagnóstico y confirmar la respuesta por IgE al alimento.

Tratamientos

En la actualidad el único tratamiento contra la alergia alimentaria es la eliminación del producto de la dieta. “Esta recomendación parece sencilla, pero nada más lejos de la realidad”, señala Fernández. “Una correcta dieta supone que el paciente lleve una vigilancia continua con el fin de evitar la exposición a los alérgenos presentes y ocultos que aparecen en los alimentos procesados”.

Por este motivo, la especialista recomienda vigilar y leer las etiquetas de los alimentos y la composición exacta de las comidas cuando se realizan fuera del hogar para evitar intoxicaciones accidentales.

En las últimas décadas se están empezando a desarrollar tratamientos específicos para intentar modificar la respuesta del sistema inmunitario y conseguir inducir una tolerancia oral en los pacientes con alergias persistentes. Estos tratamientos se conocen con el nombre de desensibilizaciones orales o inmunoterapia oral o vacunas antialérgicas, que podrían ser prometedores para la alergia a la leche, el cacahuete y el huevo.

 

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Pruebas para el diagnóstico

Las pruebas cutáneas en algunos casos permiten diagnosticar una alergia alimentaria; un resultado positivo no necesariamente significa que una persona sea alérgica a un alimento en particular, pero un resultado negativo señala que es improbable que sea sensible a dicho alimento. Después de un resultado positivo en una prueba cutánea, el alergólogo puede necesitar realizar una prueba oral para llegar al diagnóstico definitivo.

En una prueba de provocación oral, el alimento sospechoso se oculta en otra sustancia, como leche o compota de manzana, y el paciente lo ingiere. Si no aparecen síntomas, la persona no es alérgica a ese alimento. Las mejores pruebas son las pruebas "ciegas"; es decir, a veces el alimento en cuestión está mezclado con otra sustancia, y otras veces no. De esta forma, el médico puede determinar con certeza si el paciente presenta alergia a ese alimento en especial.

Una dieta de eliminación puede ayudar a identificar la causa de una alergia. La persona deja de ingerir los alimentos que presumiblemente están provocando los síntomas. Más tarde comienzan a introducirse en la dieta de uno en uno.

 

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