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La reconstrucción de la vejiga mejora la calidad de vida en cáncer

La reconstrucción de la vejiga con partes de intestino es uno de los mayores avances encaminados a mejorar la calidad de vida en los pacientes con cáncer vesical sometidos a una intervención para extirpar este órgano. En España, este proceso oncológico afecta a 20 personas por cada 100.000 habitantes/año y es tres veces más frecuente en los varones que en las mujeres.

DMedicina   |  09/07/2002 00:00

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"La nueva vejiga que construimos a partir de partes del intestino permite al paciente hacer prácticamente las mismas funciones que con el órgano natural", señala el profesor Jesús Castiñeiras, catedrático de Urología de la Universidad de Sevilla y miembro de la Asociación Española de Urología (AEU). "Se trata de que esta neovejiga se pueda vaciar completamente, prevenga la aparición de infecciones y cálculos y permita al paciente controlar la orina evitando el reflujo de la vejiga a los riñones".

Esta técnica consiste en la reconstrucción de la vejiga con partes de intestino, grueso o delgado, mediante los cuales se crean reservorios que imitan la morfología vesical y que, posteriormente, son implantados a la uretra restante. Esta intervención intenta reducir las deformidades que conlleva la cirugía radical en los tumores vesicales agresivos.

Según ha indicado el especialista, el reservorio se realiza con intestino y se puede realizar una derivación externa o interna. “La primera va asociada a un estoma (bolsa), es decir, que la orina deriva a un segmento intestinal y dicho segmento se dirige a la pared abdominal. Por el contrario, en las derivaciones internas el paciente no necesita bolsa y para ello se construye una vejiga ortotópica creada en el mismo sitio donde estaba el órgano original y se adapta a la uretra o también se puede construir una vejiga heterotópica”.

La ortotópica está indicada en pacientes cuyo tumor no ha alcanzado a la uretra. En caso contrario se opta por la vejiga heterotópica, que se crea en otro sitio distinto a donde estaba la vejiga primitiva. En estos casos el esfínter anal permite la continencia tanto de heces como de orina".

Tradicionalmente, con la utilización de intestino se producían altas presiones lo que entrañaba un riesgo de reflujo desde el reservorio hacia los riñones, resultado de lo cual se favorecía la aparición de pielonefritis (infección en el riñón). La solución a este problema pasa por la vascularización del intestino. Como explica Castiñeiras, "se procede a abrir la estructura anatómica a través de la cual se localizan los vasos que vascularizan el segmento intestinal y se seccionan, rompiendo todas las fibras musculares. La intervención, por un lado, previene el peristaltismo, que son los movimientos característicos de las paredes del estómago y del intestino que empujan el contenido gástrico hasta el ano, y, por otro, evita las altas presiones en el interior del reservorio. Todo ello facilita el diseño de un órgano lo más parecido posible a una vejiga, es decir con una cierta morfología esférica y un reservorio a baja presión".

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