Última actualización: Lunes 13 de Julio de 2015 - a las 19:13h

Cáncer de cuello de útero

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Qué es

El cérvix o cuello uterino es la parte inferior del útero que forma el canal que lleva a la vagina. La mucosa que recubre el cérvix está en continuidad con la vagina y se denomina ectocérvix, mientras que la que recubre el conducto o canal cervical que lleva hasta la cavidad del cuello uterino, se denomina endocérvix.

En este tipo de cáncer, la mayor parte de los tumores surgen en la zona donde se une el ectrocérvix con el endocérvix dando lugar a carcinomas de células escamosas.

El cáncer se produce cuando las células normales del cuello del útero empiezan a transformarse y crecen de manera descontrolada.

Incidencia

Este tipo de cáncer es más frecuente en mujeres entre los 40 y los 55 años de edad. En la actualidad, es el sexto cáncer más frecuente en España, por detrás del de mama, pulmón, colorrectal, endometrio y ovario. De hecho, tal y como explica la oncóloga Isabel Bover, de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), este tipo supone el 3,7 por ciento de todos los cánceres femeninos, aunque su incidencia varía según la provincia.

“Las de menor incidencia son Navarra y Zaragoza con 4 o 5 casos por cada 100.000 habitantes”, afirma Bover. “La provincia con mayor incidencia es Baleares (concretamente Mallorca) con 13,6 casos por cada 100.000 habitantes”.

Las razones que explican que haya esta variación entre provincias se debe a las diferencias socioculturales de la población, como los hábitos sexuales, las dificultades para desarrollar programas de cribado o el mayor o menos número de parejas de la mujer.

A nivel mundial, las áreas con mayor mortalidad recaen en Latinoamérica, África y el Sudeste Asiático.

Causas

Existen algunos factores de riesgo que están relacionados con la incidencia del cáncer de cuello de útero. El más importante que participa en el desarrollo de lesiones premalignas es la infección por papilomavirus o virus del papiloma humano (VPH). Tal y como señalan desde SEOM, el VPH está presente en el 99 por ciento de los casos de cáncer de cérvix.

El VPH se transmite de persona a persona mediante las relaciones sexuales y el riesgo de infección aumenta si la actividad sexual comienza a edades tempranas, la mujer tiene muchos compañeros sexuales, o mantiene relaciones con un hombre que ha tenido muchas parejas, y mantiene una relación sexual con un hombre que tiene verrugas en el pene.

“La mayoría de las infecciones por VPH se resuelven espontáneamente”, afirma Bover. “Se desconocen los motivos por los que sólo algunas infecciones progresan a alteraciones malignas”.

El riesgo aumenta entre el final de la adolescencia y la mitad de los 30 años. Con 40 años la posibilidad de desarrollarlo sigue existiendo por lo que desde la sociedad recomiendan continuar con las citologías y chequeos para la detección precoz.

Otros factores que podrían causar este tipo de cáncer son:

  • El consumo de tabaco: Las mujeres que fuman tienen dos veces más posibilidades de desarrollar el cáncer que las no fumadoras.
  • La promiscuidad sexual: Las mujeres con muchas parejas sexuales o que mantengan relaciones sexuales con un hombre que ha tenido muchas parejas sexuales tienen más riesgo.
  • Edad precoz de inicio de relaciones sexuales.
  • Mujeres que tienen el sistema inmunológico debilitado por el uso de medicamentos utilizados en otras patologías, así como el tratamiento para el VIH u otros tipos de cáncer.
  • Mujeres con herpes genital.
  • Utilizar anticonceptivos orales aumenta las probabilidades de desarrollar cáncer de cuello de útero.

Síntomas

Casi todas las mujeres no tienen síntomas en los primeros estadios de este tipo de cáncer. La oncóloga Isabel Bover indica que los síntomas no aparecen hasta que el cáncer se ha extendido a otros tejidos y órganos.

Las manifestaciones que puede tener la mujer son:

  • Manchas de sangre o sangrado leve entre las menstruaciones o después de la misma.
  • Dolor al mantener relaciones sexuales.
  • Tener un sangrado menstrual más largo y abundante de lo normal.
  • Sangrar después del coito o durante el examen pélvico en la consulta del ginecólogo.
  • Aumento de la secreción vaginal.
  • Sangrar después de la menopausia.

La especialista señala que cuando aparecen estos síntomas, y aunque se parezcan a otros de patologías no tan graves, conviene que acuda al médico para comunicárselo con la mayor brevedad posible.

Prevención

Prevenir este tipo de cáncer es posible a través de la detección precoz de alteraciones celulares en la citología y administrando la vacuna contra el VPH.

En la actualidad hay dos formas comercializadas de la vacuna:

  • Gardasil previene la aparición de displasias cervicales de alto grado, carcinomas cervicales, lesiones displásicas vulvares y vaginales de alto grado y verrugas genitales causadas por los tipos de VPH 6, 11, 16 y 18. Estos dos últimos tipos de VPH causan el 70 por ciento de las muertes por este tumor.

Esta vacuna se dirige a niñas y mujeres de entre 9 y 26 años siendo cien por cien eficaz en aquellas que no hayan mantenido relaciones sexuales y que, por tanto, no hayan estado expuestas al virus.

La Agencia Europea de Medicamentos (EMEA) estableció que su uso estaba contraindicado en el caso de pacientes con síndrome coronario agudo, como angina o infarto de miocardio. Tampoco está recomendada en personas con enfermedad cardiaca isquémica y/o enfermedad arterial periférica, y su combinación con insulina debe darse sólo en casos excepcionales.

“Esta vacuna se administra mediante tres inyecciones intramusculares en un periodo de seis meses. La necesidad de revacunación dependerá de los resultados de los estudios que se están realizando en la actualidad”, señala Bover. “Existen datos que indican que la inmunidad contra el VPH dura un mínimo de 3 a 5 años”.

  • Cervarix está igualmente indicada para la prevención de las lesiones premalignas del cuello de útero y del cáncer de cérvix, relacionados causalmente con los tipos 16 y 18 de VPH y ofrece además protección cruzada frente a los tipos 31, 33 y 45. Induce niveles de anticuerpos en un orden de magnitud mayor que los encontrados tras una infección natural en mujeres de hasta 55 años, aunque el nivel de anticuerpos en sangre es mayor en los intervalos de edad de entre 10 y 14 años.

Entre sus particularidades, presenta un innovador sistema adyuvante AS04, que confiere gran potencia y duración a la inmunización. Consta, al igual que Gardasil, de tres dosis, adquiridas en la farmacia.

Tipos

Dependiendo del origen del tumor existen dos tipos de cáncer de cérvix:

  • Carcinoma epidermoide: Localizado en el ectrocérvix y el fondo de la vagina. Este tipo se da en el 85 por ciento de los casos.
  • Adenocarcinoma: Se origina en las células situadas en el canal cervical, en el interior del cuello del útero. Aparece en el 15 por ciento de las situaciones.

Diagnóstico

Las pruebas de Papanicolaou (Pap) pueden detectar de forma exacta y poco costosa hasta un 90 por ciento de los cánceres de cérvix, incluso antes de que aparezcan los síntomas. En consecuencia, el número de muertes por esta enfermedad se ha reducido en más del 50 por ciento.

Es recomendable que las mujeres se hagan su primera Pap cuando comienzan a ser sexualmente activas o a partir de los 18 años y que lo repitan sucesivamente una vez al año. Si los resultados son normales durante 3 años consecutivos, entonces la prueba puede espaciarse y realizarla cada 2 o 3 años, siempre que no se cambie el hábito de vida. Si todas las mujeres se sometieran a la Pap de forma periódica podrían eliminarse las muertes causadas por esta clase de cáncer. Sin embargo, casi el 40 por ciento de las mujeres de los países desarrollados no se hace la prueba regularmente.

Si se encuentra una masa, una úlcera u otra formación sospechosa sobre el cuello uterino durante una exploración pélvica, o si los resultados de las Pap indican una anomalía o cáncer, se debe realizar una biopsia (extracción de una muestra de tejido para examinarla al microscopio).

La muestra de tejido se obtiene durante una colposcopia, intervención terapéutica en la que se usa un tubo de visualización con una lente de aumento (colposcopio) para examinar el cuello interno del útero minuciosamente y escoger el lugar idóneo de la biopsia.

Se realizan dos clases de biopsia: la biopsia en sacabocados, en la que se extrae una diminuta porción del cuello uterino que se selecciona visualmente con el colposcopio, y el legrado endocervical, en el que se raspa el tejido del canal del cuello inaccesible visualmente. Ambos procedimientos son un poco dolorosos y producen una pequeña hemorragia, aunque juntos suelen proporcionar suficiente tejido para que el patólogo establezca un diagnóstico.

Si éste no resulta claro, se realiza una conización, en la que se extrae una mayor porción de tejido. Por lo general, esta biopsia se realiza mediante escisión electroquirúrgica en la propia consulta del médico.

Una vez que se ha establecido el diagnóstico, se deben determinar el tamaño y la localización exacta del cáncer (es decir, se realiza un estadiaje). El proceso se inicia con una exploración física de la pelvis y varias pruebas (cistoscopia, radiografía de tórax, pielografía intravenosa, sigmoidoscopia) para determinar si el cáncer cervical se ha extendido a otras estructuras circundantes o a partes más distantes del cuerpo. Asimismo, pueden realizarse otras pruebas, como una tomografía computarizada, un enema con papilla de bario y radiografías de huesos e hígado, dependiendo de las características de cada caso.

Tratamientos

Según la oncóloga Isabel Bover, la elección del tratamiento dependerá del tamaño del tumor, de la localización, del estado del paciente y de si quiere tener hijos.

Las opciones actuales son la cirugía y la radioterapia y, en algunas ocasiones, la quimioterapia. “La decisión sobre el tratamiento suele decidirse por consenso entre especialistas (ginecólogo, radioterapeuta y oncólogo médico)”, señala Bover. “La cirugía y la radioterapia son tratamientos locales que sólo afectan al área del tumor, mientras que la quimioterapia afecta a todo el cuerpo”.

Cirugía

Dependiendo del estadio de la enfermedad y de la extensión del tumor el especialista puede extirpar sólo el tejido maligno, el cuello cervical completo, el útero (preservando o no los ovarios y las trompas) y los ganglios linfáticos regionales.

Los tipos de cirugía que se pueden realizar según especifican desde SEOM son:

  • Conización: Este método es una biopsia en cono que se realiza si el cáncer es microinvasivo.

 

  • Cervicectomía radical o traquelectomía: Esta cirugía se utiliza para extirpar el cuello uterino y dejar intacto el útero pero diseccionando de los ganglios linfáticos pélvicos. Puede utilizarse en mujeres jóvenes que desean preservar la fertilidad y siempre que sea posible, según el tamaño del tumor. Este procedimiento ha logrado aceptación como alternativa a la histerectomía en estas situaciones.

 

  • Histerectomía: Puede ser simple (sólo se extrae el útero y el cuello uterino) o radical (incluye la extirpación del útero y cuello uterino, parte superior de la vagina, el tejido el tejido que rodea al cuello del útero y los ganglios linfáticos pélvicos). En los casos en los que se extirpen las trompas de Falopio y los ovarios (opcional, según la edad de la paciente) se realizará de modo simultáneo a la histerectomía.

 

  • Exenteración pélvica: Se extirpa el útero, vagina, colon inferior, el recto y/o la vejiga, si el cáncer se ha diseminado a estos órganos tras la radioterapia.

Radioterapia

La radioterapia puede utilizarse sola, como tratamiento único antes de la cirugía o en combinación de quimioterapia.

Este tipo de tratamiento puede tener efectos secundarios en la mujer y dependen de la dosis y de la parte del cuerpo donde se administre. Los más comunes son cansancio, piel seca o enrojecida, pérdida de apetito, náuseas, vómitos, molestias urinarias y diarrea. Estos efectos suelen desaparecer una vez que el tratamiento ha finalizado.

Durante el tratamiento es aconsejable evitar las relaciones sexuales que se pueden reanudar transcurridas unas semanas desde que ha finalizado el tratamiento”, especifica Bover.

Quimioterapia

Suele administrarse para eliminar las células malignas por vía intravenosa para que se traslade al torrente sanguíneo con la finalidad de destruir las células que pudieran quedar tras la cirugía o radioterapia.

Los efectos secundarios más comunes son náuseas, vómitos, diarrea, fatiga, pérdida de apetito, leucocitos o hemoglobina bajos, sangrado o hematomas, adormecimiento o cosquilleo en manos y pies, dolor de cabeza, pérdida del cabello y oscurecimiento de la piel y las uñas. Estos síntomas no aparecen de forma simultánea y suelen desaparecer al finalizar la terapia.

Otros posibles efectos son que la paciente puede tener imposibilidad para quedarse embarazada y menopausia prematura.

Tratamiento en mujeres embarazadas

En estas situaciones conviene estudiar empezar el tratamiento una vez que ha nacido el bebé. Desde SEOM indican que el tratamiento del tumor y el momento para efectuarlo dependerá del estadio de la enfermedad, la fase del embarazo y los deseos de la futura madre.

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Otros datos

Pronóstico

Gracias al aumento de los cribados y del comienzo del tratamiento en las fases tempranas del cáncer, la mortalidad se ha reducido mucho en los últimos cincuenta años en los países desarrollados.

En la actualidad la supervivencia a cinco años en todos los estadios del cáncer es del 71 por ciento y si se detecta en una fase temprana tiene una supervivencia a cinco años del 92 por ciento.

Vida sexual de la mujer

Este tipo de tumor aparece en mujeres relativamente jóvenes por lo que puede afectar a la vida sexual y a la fertilidad por lo que el tratamiento de la disfunción sexual deberá abarcar tanto el aspecto físico y psicológico, tal y como señala la oncóloga Isabel Bover.

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