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La adyuvancia de sorafenib con terapia ablativa debe esperar

Sin llegar a ser buenos, los resultados de supervivencia en hepatocarcinoma se han multiplicado por tres en los últimos 20 años. La llegada de sorafenib y una mejor detección precoz del tumor, junto a técnicas de ablación percutánea y terapias paliativas, han permitido la mejora.

José A. Plaza - Jueves, 18 de Junio de 2009 - Actualizado a las 00:00h.

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A pesar de la puesta en marcha de sistemas de detección precoz de la enfermedad y los esfuerzos ligados al cribado de población de riesgo, los resultados globales de supervivencia a largo plazo en hepatocarcinoma celular siguen sin ser buenos. Bruno Sangro, de la Clínica Universidad de Navarra, ha participado en el Congreso de la Sociedad Española de Patología Digestiva, celebrado en Madrid, y ha valorado los avances diagnósticos y terapéuticos de los últimos años. Entre otras mejoras, la detección temprana de la enfermedad, que hace 30 años era sólo del 5 por ciento, hoy se acerca al 40 por ciento.

  • La quimioembolización arterial y la radioembolización con Ytrio 90 logran un control temporal de la enfermedad sin metástasis

Los números hablan
Sangro confía en las cifras para explicar las mejoras: si se excluye a los pacientes sometidos a trasplante hepático (en los que se obtiene una supervivencia a cinco años del 72 por ciento), la supervivencia a cinco años es del 34 por ciento si se diagnostica en estadio precoz; en estadio intermedio esta tasa baja hasta el 9 por ciento y alcanza el cero por ciento en fases avanzadas (sin curación posible).

La situación ha cambiado en los últimos 20 años. Entonces la supervivencia a cinco años era sólo del 10 por ciento, y ahora hay mejores indicaciones terapéuticas y quirúrgicas. La mortalidad operatoria "es casi nula en los centros de referencia. Las técnicas de ablación percutánea, como la radiofrecuencia, en estadios precoces y en pacientes que no se pueden operar o trasplantar, también son útiles".

  • Las estatinas han permitido buenos resultados 'in vitro' y en modelo animal, pero Sangro cree que hay opciones mejores basadas en sorafenib

Dos tipos de tratamientos locorregionales de intención paliativa, como son la quimioembolización arterial y la radioembolización con Ytrio 90, llaman la atención de Sangro: "Ambos logran control temporal de la enfermedad que no ha salido del hígado e incrementan la supervivencia de forma discreta, aunque sólo muy excepcionalmente curan la enfermedad".

En estadio avanzado, hasta hace bien poco "no existía nada. La quimioterapia tradicional se había mostrado resistente, en parte porque el tumor es poco quimiosensible y en parte porque el paciente, al ser cirrótico, tiene muy mala tolerancia a una terapia con tanta toxicidad". Pero la situación cambió con la llegada de sorafenib, un inhibidor de las tirosincinasas que ya se había utilizado en cáncer renal, y que permite incrementar la supervivencia un 40 por ciento de forma homogénea y constante.

Sangro alude a sectores "a los que esta cifra les parece poco rotunda, porque dicen que el 40 por ciento de una supervivencia que ya de por sí es baja no aporta una gran mejoría". Pero no duda de que el éxito del fármaco no reside en los porcentajes, sino "en haberse convertido en la primera piedra sobre la que edificar el futuro de un tratamiento eficaz de la enfermedad oncológica avanzada hepática".

Combinaciones
Según ha explicado, comparando sorafenib con otras patologías, como cáncer colorrectal y de pulmón, "el avance que ha permitido es mayor que el de los primeros fármacos que mejoraron la situación en estos tumores, como el 5-fluorouracilo como agente único en colon". Sorafenib ha abierto la puerta a moléculas similares y posibles combinaciones que potencien su actividad.

A este respecto, Sangro añade que "está claro que las terapias de combinación son la base de todos los tratamientos positivos en cáncer", y pide cautela para otro tipo de acercamientos, como pueda ser el de las estatinas: hay estudios sobre su posible validez (podrían mejorar la eficacia de la doxorrubicina), pero ve muy verde esta posibilidad: "Su uso como fármaco anticancerígeno no es nuevo; hay datos in vitro y en modelo animal que avalan esta utilidad, pero por el momento no hay resultados clínicos que lo confirmen".

Por contra, sí confía en las posibilidades de las sinergias de sorafenib con los inhibidores de mTOR.

Con respecto a la terapia ablativa, cree que "tiene una aplicación percutánea y quirúrgica muy clara. Es el método de elección para pacientes en estadios precoces, pero aún así surgen recidivas y nuevos focos de tumor en un hígado propenso a ello". Un ensayo internacional a gran escala ya está investigando el uso adyuvante de sorafenib junto a la ablación, pero quedan años para obtener resultados. Hasta entonces, "no tiene sentido utilizarlo en adyuvancia de forma indiscriminada".

 

 

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