Enfermedades:
Hipertensión arterial
Última actualización: Miércoles, 4 de Agosto de 2010 - Actualizado a las 14:26h.
¿Qué es?
La hipertensión arterial es el aumento de la presión arterial de forma
crónica. Es una enfermedad que no da síntomas durante mucho tiempo y,
si no se trata, puede desencadenar complicaciones severas como un
infarto de miocardio, una hemorragia o trombosis cerebral, lo que se
puede evitar si se controla adecuadamente. Las primeras consecuencias
de la hipertensión las sufren las arterias, que se endurecen a medida
que soportan la presión arterial alta de forma continua, se hacen más
gruesas y puede verse dificultado al paso de sangre a su través. Esto
se conoce con el nombre de arterosclerosis.
Causas
Se desconoce el mecanismo de la hipertensión arterial más frecuente,
denominada "hipertensión esencial", "primaria" o "idiopática". En la
hipertensión esencial no se han descrito todavía las causas
especificas, aunque se ha relacionado con una serie de factores que
suelen estar presentes en la mayoría de las personas que la sufren.
Conviene separar aquellos relacionados con la herencia, el sexo, la
edad y la raza y por tanto poco modificables, de aquellos otros que se
podrían cambiar al variar los hábitos, ambiente, y las costumbres de
las personas, como: la obesidad, la sensibilidad al sodio, el consumo
excesivo de alcohol, el uso de anticonceptivos orales y un estilo de
vida muy sedentario.
- Herencia: cuando
se transmite de padres a hijos se hereda una tendencia o predisposición
a desarrollar cifras elevadas de tensión arterial. Se desconoce su
mecanismo exacto, pero la experiencia acumulada demuestra que cuando
una persona tiene un progenitor (o ambos) hipertensos, las
posibilidades de desarrollar hipertensión son el doble que las de otras
personas con ambos padres sin problemas de hipertensión.
- Sexo:
Los hombres tienen más predisposición a desarrollar hipertensión
arterial que las mujeres hasta que éstas llegan a la edad de la
menopausia. A partir de esta etapa la frecuencia en ambos sexos se
iguala. Esto es así porque la naturaleza ha dotado a la mujer con unas
hormonas protectoras mientras se encuentra en edad fértil, los
estrógenos, y por ello tienen menos riesgo de padecer enfermedades
cardiovasculares. Sin embargo, en las mujeres más jóvenes existe un
riesgo especial cuando toman píldoras anticonceptivas.
- Edad y raza:
La edad es otro factor, por desgracia no modificable, que va a influir
sobre las cifras de presión arterial, de manera que tanto la presión
arterial sistólica o máxima como la diastólica o mínima aumentan con
los años y lógicamente se encuentra un mayor número de hipertensos a
medida que aumenta la edad. En cuanto a la raza, los individuos de raza
negra tienen el doble de posibilidades de desarrollar hipertensión que
los de raza blanca, además de tener un peor pronóstico.
- Sobrepeso:
los individuos con sobrepeso están más expuestos a tener más alta la
presión arterial que un individuo con peso normal. A medida que se
aumenta de peso se eleva la tensión arterial y esto es mucho más
evidente en los menores de 40 años y en las mujeres. La frecuencia de
la hipertensión arterial entre los obesos, independientemente de la
edad, es entre dos y tres veces superior a la de los individuos con un
peso normal. No se sabe con claridad si es la obesidad por sí misma la
causa de la hipertensión, o si hay un factor asociado que aumente la
presión en personas con sobrepeso, aunque las últimas investigaciones
apuntan a que a la obesidad se asocian otra serie de alteraciones que
serían en parte responsables del aumento de presión arterial. También
es cierto, que la reducción de peso hace que desaparezcan estas
alteraciones.
Síntomas de Hipertensión arterial
La presión arterial elevada rara vez presenta síntomas. Estar nervioso
o tenso, por ejemplo, no es sinónimo de tener la presión arterial
elevada.
Diagnósticos
La única manera de detectar la hipertensión en sus inicios es con
revisiones periódicas. Mucha gente tiene la presión arterial elevada
durante años sin saberlo. El diagnóstico se puede realizar a través de
los antecedentes familiares y personales, una exploración física y
otras pruebas complementarias.
Tratamientos
La hipertensión no puede curarse en la mayoría de los casos, pero
puede controlarse. En general debe seguirse un tratamiento regular de
por vida para bajar la presión y mantenerla estable. Las pastillas son
sólo parte del tratamiento de la hipertensión, ya que el médico también
suele recomendar una dieta para perder peso y medidas como no abusar
del consumo de sal, hacer ejercicio con regularidad. Consejos para el
paciente con hipertensión:
- Reduce el peso corporal si tienes sobrepeso.
- Reduce
el consumo de sal a 4-6 gramos al día; consume menos productos
preparados y en conserva, y no emplees demasiada sal en la preparación
de los alimentos. No obstante, existen pacientes que no responden a la
restricción salina.
- Reduce la ingesta de alcohol, que en
las mujeres debe ser inferior a 140 gramos a la semana y en los hombres
inferior a 210 gramos.
- Realiza ejercicio físico,
preferentemente pasear, correr moderadamente, nadar o ir en bicicleta,
de 30 a 45 minutos, un mínimo de 3 veces por semana.
- Reduce el consumo de café y no consumas más de 2-3 cafés al día.
- Consume alimentos ricos en potasio, como legumbres, frutas y verduras.
- Abandona el hábito de fumar.
- Sigue
una dieta rica en ácidos grasos poliinsaturados y pobre en grasas
saturadas. Además de las medidas recomendadas, el hipertenso dispone de
una amplia variedad de fármacos que le permiten controlar la
enfermedad. El tratamiento debe ser siempre individualizado. Para la
elección del fármaco, hay que considerar factores como la edad y el
sexo del paciente, el grado de hipertensión, la presencia de otros
trastornos (como diabetes o valores elevados de colesterol), los
efectos secundarios y el coste de los fármacos y las pruebas necesarias
para controlar su seguridad. Habitualmente los pacientes toleran bien
los fármacos, pero cualquier fármaco antihipertensivo puede provocar
efectos secundarios, de modo que si éstos aparecen, se debería informar
de ello al médico para que ajuste la dosis o cambie el tratamiento.
Otros datos
Existen diversas maneras de medir la presión arterial:
- El esfigmomanómetro de mercurio. Es el más exacto y menos expuesto a errores. Para su uso se requiere un fonendoscopio.
- El
esfigmomanómetro de aire. Es el más utilizado y es también un aparato
preciso. Igualmente necesita de un fonendoscopio para su uso.
- El
aparato electrónico. Se utiliza mucho para realizar el autocontrol, no
necesita fonendoscopio porque lleva un detector del pulso incorporado y
es de fácil manejo. No obstante, se trata de un aparato muy sensible a
los ruidos y a los movimientos, por lo que para que los valores
obtenidos sean exactos, es necesario que el brazo no se mueva y que no
se hable. Es importante que el aparato esté en buenas condiciones y se
revise periódicamente. Además, para medir la presión arterial se
requiere cumplir una serie de condiciones:
Para medir
la presión arterial debe colocarse el manguito del esfigmomanómetro a
la altura del corazón. El borde superior debe estar como mínimo dos
centímetros por encima de la flexura del codo. A continuación se infla
el manguito hasta una presión de 180 milímetros de Hg. Si se sabe que
en determinaciones anteriores la presión sistólica era superior a esta
cifra, se infla hasta una presión 20 mm Hg por encima de la última
conocida. Se coloca la campana del fonendo allí donde previamente se ha
localizado el latido arterial en la flexura del codo y se procede a
desinflar poco a poco el manguito. El primer latido que se escucha
corresponde a la presión sistólica o máxima y la desaparición del
latido a la presión diastólica o mínima. En los niños y también en
algunos adultos, los latidos no desaparecen; entonces se considera como
presión diastólica aquella en la que se modifica la tonalidad de los
latidos.
Riesgos. El principal riesgo es el
infarto de miocardio. Un hipertenso no tratado tiene, como media, 10
veces más riesgo de morir de infarto que un individuo con tensión
normal. Asimismo, la hipertensión puede producir trombos o rupturas
arteriales, pudiendo dar lugar a hemorragias, daño en las células
nerviosas, pérdida de memoria o parálisis. El riñón también sufre las
consecuencias de la hipertensión arterial y entre los pacientes
hipertensos se produce insuficiencia renal con más frecuencia que entre
los normotensos. Los pequeños vasos del fondo del ojo, también se ven
amenazados por la hipertensión, que favorece su rotura y las
hemorragias, que puedan llevar incluso a la pérdida de la visión.
Complicaciones.
Las complicaciones mortales o no de la HTA se relacionan de modo muy
directo con la cuantía del aumento de la tensión arterial y el tiempo
de evolución. Por este motivo, la mejor manera de prevenirlas es
establecer el diagnóstico precoz de la hipertensión.
Hábitos correctos. Es importante según las siguientes pautas:
- -
Ejercicio físico: La práctica de ejercicio físico es altamente
recomendable, pues no sólo reduce la presión arterial, sino que también
tiene un efecto beneficioso sobre otros factores de riesgo
cardiovascular como la obesidad, la diabetes o el colesterol alto. Sea
cual sea su edad, hacer regularmente ejercicio físico moderado es un
hábito saludable que reporta beneficios a lo largo de toda la vida.
Conviene comenzar a hacer ejercicio con un programa que implique un
entrenamiento suave y vaya incrementando su intensidad de forma
gradual.
- - Consumo moderado de alcohol: Beber alcohol en
exceso aumenta la tensión arterial, pero este efecto no se manifiesta
si las cantidades de alcohol son moderadas. Es importante señalar que
el consumo de hasta 40 gramos diarios, no solo no produce elevación de
la tensión arterial, sino que se asocia a una pequeña disminución,
aunque al hipertenso que no bebe no se le aconseja empezar a hacerlo.
No obstante, hay que recordar que las bebidas alcohólicas tienen
calorías, por ello, si estamos sometidos a una dieta baja en calorías
se debe restringir su uso. Algunas veces hay que restringir aún más el
consumo de alcohol, sobre todo si la hipertensión se asocia a
enfermedades metabólicas como diabetes o al aumento de ciertas grasas
en la sangre (triglicéridos).