Última actualización: Jueves 05 de Agosto de 2010 - a las 12:45h

Insuficiencia cardiaca

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Qué es

Se habla de insuficiencia cardiaca cuando la función del corazón está alterada o no bombea suficiente sangre como abastecer a los órganos, músculos y tejidos del organismo. Cuando el corazón empieza a fallar, el organismo lo detecta inmediatamente y pone en marcha los mecanismos compensatorios, por lo que muchos pacientes no llegan a percibir los síntomas anormales que manifiesta el corazón. Estos mecanismos sólo son eficaces durante cierto tiempo, por lo que llega un momento en el que el organismo no puede remediar el fallo en el bombeo del corazón.

Causas

La causa más común de IC es la enfermedad coronaria, como la angina de pecho y, especialmente, el infarto de miocardio. Otra causa habitual es la hipertensión arterial, que debe ser detectada y controlada a tiempo para prevenir y evitar el desarrollo de IC. La tensión arterial debe encontrarse por debajo de 140/90 en la consulta, y 135/85 si la medición la realiza el propio paciente o la familia en el domicilio. También el consumo excesivo de alcohol puede llevar a una situación de IC, ya que daña el músculo cardiaco y origina la denominada miocardiopatía dilatada, una dilatación progresiva del corazón debida a un adelgazamiento y debilitamiento de sus paredes.

El primer síntoma de la insuficiencia cardiaca se manifiesta cuando el enfermo se somete a cualquier situación en la que es necesario un mayor bombeo del corazón y una mayor cantidad de sangre al organismo. El paciente sentirá ahogo y falta de aire mientras realiza ejercicio o lleva a cabo actividades que antes toleraba bien.

Poco a poco la situación se va agravando y la insuficiencia puede repercutir en otros órganos vitales como los riñones. Entre los principales mecanismos de defensa se encuentran la taquicardia en situación de reposo (al no bombear suficiente sangre el corazón aumenta el número de latidos en cada unidad de tiempo) y el aumento progresivo del tamaño del corazón para conseguir contracciones más fuertes que compensen su deficiencia. Por este motivo los enfermos con IC suelen tener un aumento del tamaño del corazón. La IC puede afectar a la calidad de vida del paciente y limitar sus actividades cotidianas debido a la fatiga y los problemas para respirar. La enfermedad no cursa de manera lineal, es decir que hay periodos en los que el paciente permanece estable y otros en los que aparecen descompensaciones que hacen necesaria la hospitalización.

Síntomas

  • Disnea: sensación de falta de aire al respirar. Al principio aparece al realizar un esfuerzo físico, caminar deprisa o subir escaleras, pero poco a poco los episodios se hacen más intensos y aparecen al realizar cualquier tarea, como vestirse o asearse, e incluso en reposo.
  • Ortopnea: dificultad para respirar cuando se está tumbado, de manera que el enfermo se ve obligado a dormir con dos o tres almohadas o en posición algo incorporada.
  • Fatiga: el cansancio muscular se debe al bombeo insuficiente de sangre.
  • Edema: hinchazón de las piernas motivada por la retención de agua y sal. En los casos severos el edema puede ser muy aparatoso.
  • Oliguria: significa eliminar menos cantidad de orina de la habitual (menos de 400 miligramos al día). La disnea y los edemas suelen ir precedido de oliguria. En la IC los riñones retienen agua y sal de forma anómala, que luego se acumulará en los pulmones y en los tejidos, produciendo disnea y edemas. A menudo va acompañada por nocturia, que es el aumento de la diuresis por la noche, al adoptar la posición de decúbito y aumentar el retorno venoso.

Otros síntomas de la IC son la plenitud gástrica, molestias intestinales, hinchazón abdominal, dolor en el lado derecho del abdomen, congestión de las venas del cuello, palpitaciones, mareos, síncopes, falta de apetito o anorexia. Cuando el corazón no realiza bien el bombeo la sangre que llega al corazón para ser bombeada se estanca en las venas que van al corazón y éstas se congestionan. Parte de los líquidos que forman la sangre tienden a pasar a los tejidos, especialmente en las piernas y los pies por efecto de la gravedad. También en los pulmones se produce el paso del líquido al espacio que debería estar ocupado por aire, lo que provoca la disnea.

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