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Pericarditis

Última actualización: Jueves, 5 de Agosto de 2010 - Actualizado a las 13:47h.

¿Qué es?

El pericardio es una membrana de doble capa en forma de saco que cubre el corazón y lo protege de las estructuras vecinas. Entre ambas capas, hay una pequeña cantidad de líquido que actúa a modo de lubricante para que puedan deslizarse la una sobre la otra. Cuando el pericardio se inflama, dando lugar a lo que se conoce como pericarditis, el nivel de líquido aumenta, pudiendo llegar a taponar el corazón e impidiendo su correcto funcionamiento. El pericardio no es imprescindible para el organismo, por lo que si presenta algún defecto congénito y éste no puede tratarse, lo habitual es extirparlo.

Causas

La pericarditis responde comúnmente a una infección viral o bacteriana, aunque también puede estar asociada a:

  • Enfermedades sistémicas como el cáncer, la insuficiencia renal, la leucemia, el VIH, la artritis reumatoide o el lupus eritematoso sistémico.
  • Patologías o cirugías cardíacas. En esta categoría entra el infarto de miocardio y la miocarditis.
  • Traumatismos torácicos, lesiones en el esófago o el corazón.
  • Determinados tratamientos, como la radioterapia, y ciertos fármacos, tales como los anticoagulantes, la procainamida, la penicilina, la fenitoína y la fenilbutazona.

Síntomas de Pericarditis

En el cuadro clínico de la pericarditis aguda destaca el dolor en la región precordial (zona anterior y central del pecho), que puede ser intenso y opresivo y, en ocasiones, irradia hacia la espalda, el cuello y el hombro y brazo izquierdos. El dolor se acentúa con la inspiración profunda, los movimientos laterales del tórax y cuando el paciente se acuesta boca arriba. Algunos pacientes experimentan un dolor constante a nivel del esternón similar al producido por el infarto agudo de miocardio, en cuyo caso puede aparecer fiebre y taquicardia.

La pericarditis crónica, por su parte, va acompañada de disnea, tos (debido a la expulsión de líquido hacia los sacos de aire que provoca la alta presión de las venas) y fatiga (debido al deficiente funcionamiento del corazón). Es común, asimismo, el depósito de líquido en el abdomen y las piernas pero la afección en sí es practicamente indolora.

Tipos de Pericarditis

Existen dos tipos de pericarditis:

  • La pericarditis aguda (dura menos de seis semanas) es una inflamación súbita del pericardio dolorosa y que, a menudo, desemboca en derrames pericárdicos, es decir, en la acumulación de líquido y productos de la sangre como la fibrina o los glóbulos rojos y blancos, entre la membrana que está pegada al corazón y la que está en contacto con los pulmones. Causa fiebre y un dolor en el pecho similar al provocado por un ataque al corazón que tiende a extenderse hacia el brazo izquierdo. Un pequeño porcentaje de los pacientes afectados por pericarditis aguda benigna presentan recaídas. Si los síntomas reaparecen al suprimir el tratamiento antiinflamantorio, o simplemente después de un tiempo libre de molestias, podemos estar ante una pericarditis incesante o recurrente. De ser así, habría que replantearse la causa, pues podría tratarse de una pericarditis secundaria originada por otra enfermedad.
  • La pericarditis crónica (dura más de seis semanas) resulta de la acumulación de líquido o de un engrosamiento del pericardio que puede producir retracción y calcificación del pericardio. En tal caso se habla de pericarditis constrictiva. Este tipo de pericarditis puede producir insuficiencia ventricular derecha, esto es, edemas o ácumulo de líquido en la zona abdominal así como en los tobillos y la región pretibial. La pericarditis crónica constrictiva pasa por la aparición de un tejido fibroso alrededor del corazón que lo comprime e impide su normal dilatación. Esta compresión aumenta la presión en las venas que llevan la sangre al corazón de manera que el líquido acaba por estancarse y en su intento por salir hacia fuera se acumula en el abdomen e incluso en el espacio que rodea a los pulmones.

Diagnósticos

La pericarditis aguda puede detectarse, además de por la descripción del dolor, a partir de la auscultación cardiaca. Una radiografía de tórax y un ecocardiografía pueden revelar la presencia de líquido en el pericardio. Los análisis de sangre, por otro lado, permiten detectar algunas de las causas, entre ellas, la leucemia o el VIH.

Una radiografía de tórax permite también observar si existen depósitos de calcio en el pericardio aunque puede no ser concluyente. Un cateterismo o una resonancia magnética ayudan a confirmar el diagnóstico y constatar el aumento del tamaño del pericardio.

Tratamientos

El tratamiento depende de la forma en que la pericarditis se presente así como de la causa que lo ocasione. En términos generales los pacientes deben ser hospitalizados y se les administran antiinflamatorios. Cuando el dolor es muy intenso, los médicos recomiendan la administración de opiáceos o corticoesteroides. Debe controlarse la posible aparición de complicaciones y especialmente de un taponamiento cardiaco, por ser potencialmente mortal. Si el tratamiento con fármacos no remite el episodio de pericarditis será necesario pasar por quirófano para extirpar el pericardio. La intervención quirúrgica es inevitable en el caso de la pericarditis constrictiva, aunque sólo es eficaz en el 85 por ciento de los casos.

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