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La gripe es una enfermedad del aparato respiratorio producida por el virus de la influenza. Si algo caracteriza a este microorganismo es su capacidad de contagio. El virus pasa con mucha facilidad de una persona a otra a través de las gotitas de saliva que se expulsan al hablar, toser o estornudar. El contacto con manos u objetos contaminados también supone una vía de infección. En el hemisferio norte, la gripe aparece todos los años entre los meses de noviembre y abril, siendo más agresivo de diciembre a marzo. En cambio, en el sur, el virus aparece en el periodo de mayo a octubre.
Al comienzo la gripe cursa con dolores de cabeza, escalofríos y tos seca, síntomas a los que le sigue la fiebre (aparece en el segundo o tercer día), dolor muscular en brazos, piernas y espalda, y un estado de malestar general y cansancio. Con la fiebre los síntomas respiratorios se hacen visibles: congestión nasal, enrojecimiento y malestar en la garganta. Los síntomas suelen permanecer durante una semana, luego desaparecen, aunque permanece la sensación de cansancio e inapetencia unos días más. Muy pocas veces la gripe va acompañada de síntomas gastrointestinales.
Son pocas las medidas de prevención eficaces frente al virus de la gripe, sin embargo, existen algunos medios para alejarlo en cierta medida: seguir una dieta equilibrada que incluya cereales integrales, verduras, marisco y sustancias como el ajo, consumir hierbas como la equinácea, el saúco, astrágalo y milenrama, aumentar la ingesta de vitamina C y extremar las medidas de higiene para evitar contagios. Sin embargo, la vacuna es la medida de prevención más eficaz en aquellas personas con mayor riesgo de padecer la enfermedad o de sufrir complicaciones.
La vacuna no ofrece una protección total, su índice se sitúa alrededor del 80 por ciento de individuos vacunados. El periodo idóneo de vacunación es entre septiembre y octubre, puesto que el efecto protector aparece a las dos semanas de administrarla. A partir de los trece años de edad, la vacuna se administra con una inyección intramuscular. Está contraindicada en alérgicos al huevo (anafilaxia), en personas con fiebre de más de 38ºC y en embarazadas. Un cinco por ciento de los vacunados sufren reacción a la misma. La más común es fiebre y malestar general, además de alteraciones alérgicas en la zona donde se ha administrado la inyección. Generalmente, desaparecen a los dos días.
El mejor tratamiento es “pasar la gripe”, lo que significa que hoy por hoy no tiene curación. Aún así, existe algunos fármacos antivirales (no antibióticos) y remedios de origen natural que pueden reducir la intensidad de los episodios. Las recomendaciones médicas resultan muy familiares: permanecer en cama y reposar, beber mucho líquido (zumos y caldos) y recurrir a los antitérmicos, analgésicos y antipiréticos para rebajar los síntomas. Los antibióticos no sirven para tratar un cuadro gripal. La acción de estos fármacos sólo se dirige hacia las bacterias, y la gripe está producida por un agente viral. Sólo en caso de que evolucione hacia complicaciones como neumonía o bronquitis, tiene sentido valerse del tratamiento antibiótico. Pero además de los fármacos antivirales, el paciente tiene la posibilidad de recurrir a terapias naturales para reducir la agresividad de los síntomas.
Dentro del amplio espectro de plantas medicinales (lo que constituye la base de la llamada fitoterapia) se encuentra la equinácea, una planta que ha probado su eficacia frente a la gripe y los procesos catarrales en diversos estudios científicos. Los médicos recomiendan adquirir los preparados de equinácea en farmacias y no prolongar el tratamiento más de seis semanas. En algunos casos se han descrito alteraciones del hígado, como principales efectos adversos, aunque de forma esporádica.
La transmisión del virus de la influenza se produce a través de las mucosas que se encuentran en los ojos, nariz y boca. Una vez que penetra en el organismo, el virus permanece latente unos dos o cuatro días, tras los cuales aparecen los síntomas de la enfermedad. Las personas enfermas pueden transmitir el virus durante los primeros días de la gripe.
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Los fármacos aprobados para el tratamiento del parkinson podrían ser útiles también para combatir la tuberculosis farmacorresistente, que se cobra la vida de 2 millones de personas al año, según un estudio de Philip E. Bourne, de la Facultad de Farmacia de la Universidad de California en San Diego (Estados Unidos), que se publica en Public Library of Science Computacional Biology. Se trata, en concreto, de la entacapona y la tolcapona.
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©2009. Madrid. Unidad Editorial, Revistas
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