Última actualización: Martes 28 de Julio de 2015 - a las 16:30h

Hepatitis B

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Qué es

La hepatitis B es una infección hepática que está causada por el virus de la hepatitis B. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), esta patología supone un importante problema de salud a nivel mundial, ya que es el tipo más grave de hepatitis viral.

La hepatitis B puede causar hepatopatía crónica y conlleva un alto riesgo de muerte por cirrosis y cáncer de hígado.

El período medio de incubación de la hepatitis B es de 75 días, pero puede oscilar entre 30 y 180 días. El virus, que se puede detectar entre los 30 y los 60 días de la infección, persiste durante un período de tiempo variable.

Incidencia

Esta enfermedad se puede manifestar en cualquier parte del mundo. Sin embargo, la máxima prevalencia se localiza en Asia oriental y en el área del África subsahariana. En estas zonas las infecciones se suelen producir en la infancia, aunque entre el 5 y el 10 por ciento de la población adulta tienen la enfermedad cronificada.

Otros lugares con tasas altas de hepatitis B son Europa central y oriental y la cuenca del Amazonas. Según los últimos datos, entre un 2 y 5 por ciento de la población de Oriente Medio tiene hepatitis crónica. En el caso de América del Norte y Europa occidental, la hepatitis B afecta a menos del 1 por ciento de la población.

Causas

Las causas de la hepatitis B se centran en el contagio por el virus de la hepatitis B.

En las zonas donde la prevalencia del virus es muy alta, la hepatitis B se suele transmitir de la madre al bebé en el parto o durante la primera infancia a través del contacto interpersonal.

La transmisión perinatal o en la primera infancia puede representar más de una tercera parte de las infecciones crónicas en zonas de baja endemicidad, aunque en esos entornos las principales vías de contagio son la transmisión sexual y el uso de agujas contaminadas, especialmente entre los consumidores de drogas por vía parental.

Una de las características del virus de la hepatitis B es que puede sobrevivir fuera del organismo hasta siete días. En ese período todavía puede causar infección si penetra en el organismo de una persona no protegida por la vacuna.

A diferencia de la hepatitis A, no se contagia a través de alimentos o agua contaminada, ni por contactos ocasionales en el lugar de trabajo.

Síntomas

Al igual que en la hepatitis C, la mayor parte de los afectados no presentan síntomas durante la fase aguda. No obstante, en algunos casos, los pacientes pueden presentar un cuadro agudo con manifestaciones que pueden permanecer durante varias semanas. Esos síntomas son:

  • Coloración amarillenta de la piel y los ojos (ictericia).
  • Orina oscura.
  • Fatiga extrema.
  • Náuseas.
  • Vómitos.
  • Dolor abdominal.
  • Diarrea.

En algunos casos la hepatitis B puede causar también una infección hepática crónica que podría desembocar en cirrosis o cáncer del hígado.

Más del 90 por ciento de los adultos sanos infectados con el virus de la hepatitis B se recuperarán y se librarán del virus en un plazo de seis meses”, destacan desde la OMS.

Prevención

En 1982 se desarrolló la vacuna contra la hepatitis B. Hoy por hoy es la principal vía para prevenir el contagio de la hepatitis B. De hecho, las autoridades sanitarias recomiendan que se administre la vacuna a todos los recién nacidos en las primeras 24 horas de vida.

Desde que se administra la vacuna se ha reducido el contagio a menos del 1 por ciento entre los niños vacunados.

La dosis inicial deberá ir seguida de dos o tres dosis para completar la serie primaria. La serie completa puede generar unos niveles de protección superiores al 95 por ciento en lactantes, niños y adultos jóvenes. Esta protección dura por lo menos 20 años y, en algunos casos, toda la vida

Los grupos de riesgo que deben administrarse la vacuna son:

  • Niños y adolescentes de menos de 18 años que no hayan sido vacunados con anterioridad.
  • Pacientes que necesitan transfusiones  y receptores de trasplantes de órganos sólidos.
  • Personas que están en prisión.
  • Consumidores de drogas por vía parenteral.
  • Parejas y contactos familiares de pacientes con infección crónica por el virus de la hepatitis B.
  • Personas sexualmente promiscuas, así como el personal sanitario y otras personas que por su trabajo podrían estar expuestas al contacto con sangre y productos sanguíneos.
  • Personas que no hayan completado la serie de vacunación contra la hepatitis B y prevean viajar a zonas en las que la enfermedad es endémica.

Tipos

Según la forma en la que se contrae la hepatitis, se habla de:

  • Hepatitis epidémica, cuando se contrae de forma directa: ingestión de un alimento en malas condiciones (leche, mantequilla, mariscos, etcétera).
  • Hepatitis de inoculación, cuando se contrae durante un acto terapéutico que comporte inyección de sangre u otros productos que la contengan, o por utilización de material contaminado (agujas, jeringas, etc...).
    • Tocar el excremento de una persona infectada (por ejemplo, cuando se le cambia el pañal a un bebé infectado), y luego comer o beber con las manos sucias.
    • Comer alimentos preparados por alguien que ha tocado excremento infectado.
    • Beber agua contaminada con excremento infectado (muy frecuente en los países en desarrollo).
    • Practicar sexo anal con una persona infectada.

La ventana de transmisión de la hepatitis B es el tiempo en que la persona portadora del virus de la hepatitis puede contagiar a otras personas. Es importante darse cuenta de que una persona portadora, aunque no tenga síntomas, puede contagiar la enfermedad. Se contagia por el contacto con excremento de una evacuación intestinal, que puede producirse de diversas formas:  

Se ha demostrado que la sangre de voluntarios inoculados experimentalmente es infectada muchas semanas antes de que comiencen a aparecer los primeros síntomas y lo sigue siendo durante todo el curso clínico agudo de la enfermedad y en la fase de portador crónico, que puede persistir durante toda la vida. La capacidad de infectarse de las personas con infección crónica varía desde casos altamente infectantes hasta los que apenas lo son. Los primeros pueden evolucionar y transformarse en los segundos, pero rara vez se observa lo contrario.

Diagnóstico

Las manifestaciones clínicas no permiten diferenciar la hepatitis B de la hepatitis causada por otros agentes virales y, consiguientemente, es esencial la confirmación del diagnóstico en laboratorio.

El diagnóstico de laboratorio de la hepatitis B se centra en la detección del antígeno superficial del virus de la hepatitis B (HBsAg). La OMS recomienda que se analice la presencia de este marcador en todas las donaciones de sangre, a fin de evitar la transmisión del virus a los receptores.

Tratamientos

La hepatitis B no necesita un tratamiento específico en la fase aguda. Las medidas se centran en mantener el bienestar y el equilibrio nutricional, que incluye la reposición de los líquidos perdidos por los vómitos y la diarrea.

Cuando la enfermedad evoluciona a una fase crónica, el paciente necesitará seguir una terapia farmacológica. En estos casos se suelen prescribir medicamentos antivirales, como tenofovir y entecavir, e inyecciones de interferón.

Beneficios del tratamiento:

  • Puede retardar la progresión de la cirrosis.
  • Reducir la incidencia del carcinoma hepatocelular.
  • Mejorar la supervivencia a largo plazo. 
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Grupos de riesgo

Hay grupos de personas en los cuales la enfermedad puede darse con más frecuencia:

  • Recién nacidos de madres portadoras del virus.
  • Trabajadores expuestos a sangre humana.
  • Drogadictos que comparten jeringuillas.
  • Aquellos que mantienen relaciones sexuales sin protección con personas infectadas.
  • Los que han recibido una transfusión de sangre antes de que hubiera disponible mejores análisis de sangre (1975).
  • Hemofílicos.
  • Población reducida en penitenciarios o correccionales.
  • Personas originarias de ciertos países (Asia, África, Europa Oriental, Islas de Pacífico, cuenca del Amazonas, Oriente Medio o Alaska) o que viajan a ellos.
     

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