Última actualización: Martes 28 de Julio de 2015 - a las 17:00h

Hepatitis C

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Qué es

La hepatitis es la inflamación del hígado provocada por la infección del virus de la hepatitis C. El síntoma principal es la ictericia (coloración amarilla de la piel). Como consecuencia de la inflamación, se bloquea el paso de la bilis que produce el hígado al descomponer la grasa y se altera la función del hígado. Cuando una persona contrae hepatitis, el hígado se inflama y deja de funcionar correctamente.

Incidencia

El Observatorio de la Hepatitis C indica los datos de prevalencia establecen que aproximadamente esta patología afecta al 2 por ciento de la población española.

El número de casos nuevos ha disminuido en los últimos años. Así, por ejemplo en 2000 la incidencia era del 2,7 por ciento. Las razones de este descenso son los controles establecidos para detectar enfermedades contagiosas en los procesos de donación de sangre. Antes de la década de los 90, no se comprobaba si la sangre de un donante estaba infectada por el virus de la hepatits C, de modo que muchos pacientes actuales contrajeron la patología tras una transfusión.

Causas

Los virus responsables de la hepatitis son gérmenes que hacen que la enfermedad, en sus tres tipos más habituales, A, B y C, se contagien de una persona a otra; se denominan, respectivamente, virus de la hepatitis A, virus de la hepatitis B y virus de la hepatitis C.

La dificultad que entraña esta patología es que en la mayoría de los casos es asintomática y el diagnóstico se realiza cuando la enfermedad ya está establecida y es crónica.

Los enfermos de hepatitis C pueden sufrir una patología leve durante mucho tiempo y no ser conscientes de que tienen hepatitis C, o descubrirlo tras hacerse unos análisis que dan un resultado positivo. Sin embargo, también existe la posibilidad de que se enteren porque la enfermedad ha progresado rápidamente; entonces el diagnóstico se realiza en una fase de cirrosis hepática o de cáncer de hígado.

Esta enfermedad, que desde hace años es la primera causa de fibrosis hepática en el adulto, sobre todo en Occidente, así como de cáncer primario de hígado, puede contagiarse a cualquier persona, ya que se transmite por la sangre. En el momento en que haya un contacto de la sangre de una persona sana con sangre contagiada se produce el contagio y la infección.

Síntomas

Los síntomas de la enfermedad son comunes a los que causan los virus de las hepatitis A y B. La persona que contrae cualquiera de las formas de hepatitis, A, B o C experimenta manifestaciones similares a las de una gripe. Hay síntomas que aparecen en la mayoría de los casos y otros que sólo los presentan algunos pacientes. Algunos enfermos incluso pueden sufrir hepatitis C asintómatica. De cualquier forma, si se presentan algunos de los trastornos que siguen a continuación, lo aconsejable es acudir al médico. Si éste sospecha que puede tratarse de hepatitis, seguramente hará una prueba serológica.

Síntomas habituales:

  • Cansancio.
  • Náuseas.
  • Fiebre.
  • Pérdida del apetito.
  • Dolor de estómago.
  • Diarrea.

Síntomas que sólo presentan algunas personas:

  • Oscurecimiento de la orina.
  • Excrementos de color claro.
  • Color amarillento de ojos y piel (ictericia).

Prevención

El único método que existe en la actualidad para prevenir el contagio por el virus de la hepatitis C es evitar estar en contacto con la sangre de personas con la patología.

El paciente debe vigilar todo lo que comporte un posible contagio. Debe utilizar jeringas desechables, utilizar materiales quirúrgicos debidamente esterilizados y prestar atención a cosas como un piercing o un tatuaje ya que, aunque comportan una posibilidad de contaminación mínima, si no se esterilizan bien los instrumentos para hacerlos pueden propiciar el contagio del virus.

Los especialistas señalan que las medidas de higiene personal, que refieren a la posibilidad de entrar en contacto con sangre de personas infectadas y al hecho de mantener relaciones sexuales seguras, son las cuestiones que tienen que tener más en cuenta los pacientes. Entre las recomendaciones destacan:

  • Usar preservativos cada vez que se mantengan relaciones sexuales.
  • Si consume drogas, no compartir con nadie la jeringuilla.
  • No usar el cepillo de dientes o la máquina de afeitar de una persona infectada, o cualquier otra cosa que pudiera tener restos de su sangre.
  • Asegurarse de que los instrumentos estén limpios, en caso de hacerse un tatuaje o perforación en alguna parte del cuerpo.

Tipos

La hepatitis crónica está dividida en cuatro fases en función de la afectación que tiene el hígado.

Genotipos del virus de la hepatitis C

Esta patología tiene distintos genotipos del virus y no todas las personas se contagian por el mismo genotipo. Hay diferencias genéticas entre un genotipo del virus C y otro. Hasta la fecha, se han descrito seis diferentes y en España los más habituales son los genotipos 1, 2, 3 y 4.

Diagnóstico

Para comprobar si alguien padece o no hepatitis el médico puede realizar dos tipos de pruebas:

  • Análisis de sangre o hematológico (se extrae sangre con una jeringuilla).
  • Mediante biopsia, una prueba sencilla que consiste en extraer un pequeño pedazo de hígado para analizar los tejidos al microscopio y comprobar si están o no dañados. Las alteraciones más constantes son el aumento de la bilirrubina en sangre y el aumento de la actividad de las transaminasas (enzimas hepáticos, conocidos por sus iniciales ALT o GPT y AST o GOT). Se hallan entre 20 y 40 veces más elevadas de los valores normales. Estas pruebas no sólo explican si se tiene hepatitis, sino que también determinan de qué tipo, A, B o C y la gravedad de la enfermedad.

El diagnóstico se confirma por la demostración de anticuerpos contra el virus de la hepatitis en el suero de los pacientes.

Tratamientos

En la actualidad, la hepatitis C no tiene ninguna vacuna. Sin embargo, los tratamientos pueden llegar a curar completamente a los enfermos con esta patología. Según Ricardo Solá, jefe de sección de Hepatología del Hospital del Mar de Barcelona, “es una enfermedad que se podía curar desde el principio. Sin embargo, se curaba muy poco”.

El especialista indica que, al principio, sólo se podía dar a los pacientes interferón (tratamiento utilizado también en la hepatitis B) o interferón y ribavirina. Estos fármacos se utilizaban entre el año 90 y 95 y conseguían curar a menos del 10 por ciento de las personas.

En el año 2000 se produjo el primer avance en el tratamiento al descubrir una forma de aplicar el interferón, el interferón pegilado. Con esta fórmula la eficacia del tratamiento subió a cerca del 50 por ciento y posteriormente, cuando se introdujeron los primeros fármacos asociados al interferón, ascendió al 60 por ciento.

Sin embargo, el gran avance ha venido en los dos últimos años, sobre todo en el último, con el desarrollo de los nuevos tratamientos. “Se han empezado a utilizar fármacos libres de interferón (ya no es necesario administrarlo), medicamentos que ya no provocan efectos secundarios y que en muy poco tiempo curan prácticamente al cien por cien de las personas. El problema es que estos fármacos son muy caros”, apostilla Solá, quien añade que el precio de estas terapias está entre los 25.000 y los 100.000 euros. El experto indica que de estos fármacos hay muchas familias propiciando que hoy en día haya una oferta realmente importante.

“En el momento en que se administran estos medicamentos a un enfermo con hepatitis C las posibilidades de curación son enormes, incluso en cianóticos. Si se aplica en las fases más iniciales la curación es absoluta y la persona se olvida del virus y también de la enfermedad del hígado”, especifica. “En los pacientes que tienen cirrosis, el hecho de eliminar el virus mejora la evolución pero la cirrosis continúa existiendo en muchos casos, por lo tanto deben estar vigilados y buscar siempre la posibilidad de que no avance la enfermedad o desarrollen cáncer”.

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Calidad de vida

La calidad de vida de los pacientes con hepatitis C en fase inicial apenas se ve afectada, ya que en ocasiones ni siquiera se experimentan síntomas. En las fases intermedias, el cansancio suele ser habitual y puede limitar la autonomía de la persona para realizar actividades cotidianas. En la fase avanzada, la calidad de vida es muy baja, la enfermedad es muy progresiva y muchas veces mortal.

Grupos de riesgo

A la hora de explicar quién puede contagiarse de la hepatitis C, hay que tener en cuenta que depende sobre todo de la vía por la que se transmite. Así, las personas que corren mayor riesgo son:

  • Hemofílicos.
  • Personal sanitario.
  • Adictos a drogas que se inyectan directamente en venas.
  • Personas a las que se les hicieron transfusiones sanguíneas antes de 1990.

¿Cómo se contagia la hepatitis C?

Las formas de trasmisión son:

  • Compartir agujas para inyectarse droga.
  • Pincharse con una aguja contaminada con sangre infectada.
  • Hacerse un tatuaje o perforar alguna parte del cuerpo con un instrumento infectado.
  • Tener relaciones sexuales con una persona infectada, aunque este caso se produce pocas veces. En cambio, hay determinadas formas de relación con el entorno y con las personas que ningún riesgo de contacto.

Así, la hepatitis no se contagia de las siguientes maneras:

  • Por contacto casual, tal como darse la mano.
  • Al comer alimentos preparados por una persona portadora.
  • Al besar en las mejillas a un portador.
  • Al compartir utensilios de mesa, platos o taza.
  • Al visitar en sus hogares a personas infectadas.
  • Jugar con un niño infectado.
  • Estornudos o tos.
     

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