Última actualización: Viernes 19 de Febrero de 2016 - a las 11:15h

Rubéola

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Qué es

La rubéola es una infección vírica contagiosa que afecta, principalmente, a niños y a adultos jóvenes.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la rubéola puede ser grave para las mujeres embarazadas, debido al denominado síndrome de rubéola congénita (SRC).

Una mujer infectada durante las primeras 16 semanas (sobre todo las primeras 8 o 10 semanas) del embarazo puede abortar, dar a luz un bebé muerto o que éste nazca con defectos congénitos.

Las epidemias ocurren en intervalos irregulares durante la primavera. Las mayores epidemias ocurren cada 6 o 9 años. En los países desarrollados actualmente el número de casos es cada vez menor. 

Causas

Se transmite a través de estornudostos o el contacto con superficies contaminadas (pañuelos, vasos, o manos).

Las posibilidades de que una persona no vacunada adquiera la enfermedad si convive con alguien que la tiene son del 90 por ciento.

Cuando el virus se introduce en el organismo, pasa a la sangre atacando a los glóbulos blancos, que a su vez transmiten la infección a las vías respiratorias, la piel y otros órganos.

Una vez que se padece la enfermedad, el paciente adquiere inmunidad permanente, por lo que no vuelve a ser afectado por el virus. En el caso de los bebés infectados antes del nacimiento, éstos pueden ser contagiosos durante muchos meses después de nacer.

El periodo de incubación de la enfermedad, tiempo que transcurre desde que el virus entra en contacto con una persona hasta que comienzan a desarrollarse los síntomas, suele oscilar entre dos y tres semanas.

A su vez, una persona infectada por el virus de la rubéola puede transmitir la enfermedad a otras personas dos días antes de que los síntomas se muestren, no desapareciendo el riesgo de contagio hasta una semana después de la aparición de los signos de la enfermedad.

Síntomas

Los síntomas comienzan entre los 14 y los 21 días después de la infección. La rubéola se caracteriza por la aparición de pequeñas erupciones en la piel de un color rosáceo que se inician en la cabeza y progresan hacia las extremidades, haciéndose más numerosas en el tronco.

Estas erupciones no provocan picores ni molestias y suelen desaparecer en pocos días. Suelen mostrarse uno o dos días después del contagio.

Junto a las manchas rojizas, los síntomas de la rubéola son bastante similares a los de un síndrome gripal, con malestar general, fiebre poco intensa, enrojecimiento de los ojos, dolor de garganta (faringitis) e inflamación dolorosa de los ganglios, del cuello sobre todo,  alrededor de la nuca y en la región posterior de las orejas.

Mientras que en los niños la rubéola suele revestir escasa gravedad, acompañándose algunas veces de otitis (infecciones de oídos), es más frecuente la complicación de la enfermedad entre los adultos que la padecen.

Éstos pueden sufrir otras patologías más graves provocadas por bacterias como neumonía o encefalitis (en uno de cada 1.000 casos). Esta última consiste en una infección que afecta al cerebro y conlleva riesgo de coma, epilepsia e incluso muerte del paciente.

Prevención

La vacuna triple vírica, que protege frente a la rubéola, el sarampión y las paperas, es eficaz en casi la totalidad de las personas a las que se les administra.

Es una vacuna combinada que se recomienda en la niñez y es aconsejable administrar la primera dosis cuando el niño cumple 15 meses, aunque en algunos casos no proporciona la inmunidad adecuada.

En estos casos, se suele facilitar una segunda dosis antes de la escolarización (entre los cuatro y los seis años) o antes de la adolescencia (entre los once y los trece años). En cualquier caso, también se recomienda la vacunación en personas adultas no inmunes.

Vacuna contra la rubéolaLa vacuna triple vírica, que protege frente a la rubéola, el sarampión y las paperas, es eficaz en casi la totalidad de las personas a las que se les administra. 

Tipos

Actualmente, no existe una clasificación en tipos para esta afección.

Diagnóstico

El diagnóstico se basa en los síntomas que presenta el paciente. Sin embargo, muchos casos de rubéola son leves y/o pasan inadvertidos.

Es difícil llevar a cabo el diagnóstico, ya que las erupciones en la piel suelen ser poco intensas y de escasa duración. No obstante, el especialista puede saber, mediante un análisis de sangre, si la persona ya ha padecido la enfermedad y por tanto es inmune.

Tratamientos

No existe un tratamiento específico para la rubéola. La actuación de los especialistas durante la enfermedad suele centrarse en el control de los síntomas y va dirigida a mitigar la fiebre y el malestar general, como si se tratara de un proceso gripal. 

Se recomienda reposo y el aislamiento del paciente para evitar nuevos contagios. Hay que acudir al pediatra si el niño con rubéola respira con dificultad o la tos dura más de cuatro o cinco días.

En el caso de que se produzcan sobre infecciones bacterianas, como la otitis o la neumonía, el especialista administrará antibióticos al paciente. 

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Otros datos

Los bebés con este síndrome pueden presentan bajo peso al nacerdiarrea, neumonía y meningitis. Las primeras 8 semanas de gestación son las más susceptibles para el feto, con mayor probabilidad de malformaciones congénitos, ya que es una época muy importante del crecimiento fetal, con numerosos órganos y sistemas en pleno desarrollo, que pueden verse dañados por el virus.

Los especialistas recomiendan que las mujeres en edad fértil estén inmunizadas contra la enfermedad para evitar el síndrome congénito de la rubéola, o someterse a un análisis antes del embarazo con el fin de detectar la presencia de anticuerpos contra la rubéola.

La vacuna no se debe administrar durante el embarazo ni en los tres meses anteriores a la concepción y las mujeres embarazadas deben mantenerse alejadas de personas que ya se encuentren infectadas.

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