Última actualización: Jueves 17 de Septiembre de 2015 - a las 10:30h

Tuberculosis

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Qué es

La tuberculosis es una infección persistente causada por el Mycobacterium tuberculosis, que afecta a diversos órganos, pero particularmente los pulmones. Un feto puede contraer tuberculosis a través de su madre antes de nacer, al respirar o tragar líquido amniótico infectado antes o durante su nacimiento, o después de nacer, al respirar aire con microgotas infectadas. Alrededor de la mitad de los hijos de madres afectadas de tuberculosis activa desarrolla la enfermedad durante el primer año de vida si no reciben tratamiento con antibióticos o si no se les vacuna. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que en la actualidad el 30 por ciento de la población mundial tiene tuberculosis latente; además, de ese porcentaje se calcula que el 10 por ciento desarrollará una tuberculosis activa. 

La tuberculosis es una enfermedad infecciosa que alcanzó su máximo apogeo en el siglo pasado durante la Revolución Industrial, debido al desplazamiento de la gente a las ciudades, donde vivía hacinada y en penosas condiciones higiénicas. El responsable de esta infección es el ‘Mycobacterium tuberculosis’ que, en honor a su descubridor, Roberto Koch, recibe el nombre de bacilo de Koch.

Causas

Entre los humanos se transmite a través del aire, por minúsculas gotas que contienen los bacilos y que las personas infectadas sin tratamientos, o que se encuentran en los primeros días de incubación, eliminan al toser, estornudar o hablar. La transmisión por vía alimentaria no es frecuente, aunque la leche no pasteurizada puede ser fuente de contagio en los países en los que la tuberculosis es muy frecuente.

Síntomas

Los síntomas más frecuentes son:

  • Cansancio intenso.
     
  • Malestar general.
     
  • Sudoración abundante, especialmente al caer el día.
     
  • Pérdida de peso.
     
  • Sangre en los esputos.
     
  • Tos seca, persistente.
     
  • Temperatura corporal que oscila entre los 37 y 37,5 grados.

No obstante, en ocasiones no aparece ningún síntoma.

Prevención

La prevención pasa por la detección precoz de la enfermedad, de manera que se pueda evitar la transmisión al resto de la gente. La OMS recomienda la vacunación con BCG a todos los recién nacidos con alta incidencia de tuberculosis, incluyéndola en el calendario infantil de forma sistemática. Debe administrarse sólo una vez, ya que no está probada la eficacia de la revacunación. Asimismo, no está recomendada a personas adultas que vayan a trasladarse a zonas de alto riesgo, pues tampoco se ha demostrado su eficacia en este campo. No obstante, la OMS recomienda su administración en niños y jóvenes que vayan a pasar largas temporadas en zonas de incidencia. Joan Caylá, jefe del Servicio de Epidemiología de la Agencia de Salud Pública de Barcelona destaca al respecto que “la efectividad de la vacuna es muy limitada y no llega a niveles de prevención epidemiológica como los logrados, por ejemplo, con el sarampión”, por lo que destaca que “la prevención pasa por crear estrategias de programas de control de contactos de las personas infectadas”, aunque admite que estas medidas suponen “la elaboración de estrategias muy costosas a nivel comunitario y el empleo de muchos recursos, lo que hace muy complicada la prevención en países pobres”. 

La BCG está contraindicada en personas con sida, independientemente de la edad que tengan.

En cuanto a la alimentación, si viaja a una zona afectada por la enfermedad absténgase de tomar leche o cualquier producto lácteo que no haya sido pasteurizado. En caso de contacto prolongado con una persona infectada que no está en tratamiento acuda lo antes posible a un médico y sométase a la prueba de la tuberculina. El especialista valorará si debe administrarle el tratamiento o la quimioprofilaxis específica frente a la enfermedad.

Tipos

Se distinguen dos tipos de tuberculosis: pulmonar y extrapulmonar.

La tuberculosis pulmonar puede aparecer inmediatamente después de la infección. Esta variedad se conoce como infección primaria y afecta especialmente a los niños del continente africano. Cuando el niño goza de buena salud la enfermedad puede cursar con alteraciones locales en los pulmones y ganglios. Pero si está desnutrido o sufre otras infecciones, como sida, aparecen complicaciones graves entre las que destacan la obstrucción bronquial, derrame pleural o acumulación de líquido en el espacio comprendido entre las membranas que recubren el pulmón.

Si la tuberculosis aparece al menos dos años después de contraer la infección, se habla de enfermedad postprimaria o tuberculosis del adulto. Esto indica que la infección permanecía latente, por lo que es más agresiva que la primaria, provoca lesiones pulmonares graves y se disemina más fácilmente por el resto del cuerpo.

Diagnóstico

Cuando los bacilos entran en el organismo, se extienden y desencadena la respuesta inmune del huésped, que puede demostrarse mediante la ‘prueba de la tuberculina’ o de Mantoux. Esta prueba consiste en la administración intradérmica, en la cara anterior del brazo, de un derivado proteínico del bacilo. A las 72 horas de su administración se valora la reacción local generada.

A las embarazadas se les practica sistemáticamente una prueba cutánea para detectar la presencia de tuberculosis (prueba de tuberculina). Si se observa una reacción positiva, se debe realizar una radiografía de tórax.

A los niños cuyas madres les ha dado positiva la prueba de tuberculina también se les practica este análisis. Sin embargo, algunos niños tienen falsos resultados negativos. Si se sospecha de una tuberculosis, se envían al laboratorio muestras de líquido cefalorraquídeo y de líquido de los conductos respiratorios y del estómago para su cultivo. Una radiografía del tórax suele mostrar si los pulmones están infectados. Puede ser necesario realizar una biopsia del hígado, de algún ganglio linfático o de los pulmones y de la membrana que los rodea (pleura) para confirmar el diagnóstico.

Cuando el diagnóstico sea positivo, lo más recomendable es seguir de forma correcta el tratamiento recetado por el especialista. Caylá destaca que “aunque el tratamiento va a hacer que el paciente se cure, su eficacia sólo va a estar garantizada si se sigue correctamente”. También es conveniente recomendar a las personas del entorno que se realicen pruebas diagnósticas para averiguar si tienen la enfermedad, de forma latente o activa. 

Tratamientos

  • Sin tratamiento, la tuberculosis lleva irremediablemente a la muerte. Para su tratamiento se emplea una combinación de fármacos, entre los que se encuentran la isoniacida, la rifampicina, la pirazinamida, el estambutol y la estreptomicina. Son fármacos eficaces pero que tienen efectos adversos, por lo que su uso debe ser supervisado por un especialista. Los niños con alergias anafilácticas al huevo pueden requerir pruebas antes de administrar la vacuna, aunque normalmente la triple vírica no está contraindicada en estos casos.
     
  • Si una embarazada presenta una prueba de tuberculina positiva, pero no tiene síntomas y la radiografía del tórax es normal, debe tomar el fármaco isoniacida por vía oral, ya que habitualmente es el único tratamiento que se necesita para curar la enfermedad. Sin embargo, para empezar dicho tratamiento suele esperarse hasta el último trimestre de embarazo o hasta después del parto, porque el riesgo de lesión hepática por este fármaco en la mujer es más alto durante el embarazo.
     
  • Si una mujer embarazada tiene síntomas de tuberculosis, se le administran los antibióticos isoniacida, pirazinamida y rifampina. Si se sospecha de una variedad de tuberculosis resistente, pueden administrarse otros fármacos adicionales. Aparentemente, todos estos fármacos no dañan al feto. La madre infectada es aislada de su bebé hasta que deja de ser contagiosa. El bebé recibe isoniacida como medida preventiva.
     
  • El recién nacido también puede ser vacunado con la vacuna BCG. Ésta no necesariamente previene la enfermedad pero, en general, reduce su gravedad. Como la vacuna BCG no es efectiva al cien por cien, en algunos países no se aplica de forma sistemática ni a los niños ni a los adultos. Una vez que una persona ha sido vacunada, siempre le darán positivo las pruebas de tuberculosis, por lo que no se podrá detectar una nueva infección. Sin embargo, a pesar de ello, en muchos países con un alto índice de tuberculosis se aplica la vacuna BCG de forma sistemática. Un bebé con tuberculosis recibe tratamiento con los antibióticos isoniacida, rifampicina y pirazinamida. Si el cerebro también se ve afectado, pueden administrársele corticosteroides al mismo tiempo.

En la actualidad, el tratamiento es prácticamente el mismo que hace 40 años. Caylá justifica esto afirmando que “en un momento determinado, en el mundo político y sanitario se pensó que la tuberculosis había sido eliminada, lo que al final resultó muy negativo porque se dejó de investigar; es lo que explica que se sigan utilizando prácticamente las mismas pautas establecidas tantos años atrás”. Sin embargo, el experto destaca que “la ventaja que ha habido en cuanto al tratamiento es que en los primeros años había que dar las pastillas por separado, lo que provocaba que un paciente infectado con tuberculosis debía tomar unas 15 pastillas al día; hoy en día, la gran mejora es que en una misma pastilla hay dos o cuatro fármacos”. El tratamiento de la tuberculosis tiene una duración aproximada de seis meses en los que, según Caylá, “el paciente debe tomar unas cinco pastillas durante los dos primeros meses y dos pastillas durante los cuatro meses restantes”. El experto también destaca la importancia de seguir correctamente el tratamiento para garantizar su eficacia. 

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Otros datos

Cuándo acudir al médico

Uno de los factores más importantes a tener en cuenta a la hora de detectar si se trata de un caso de tuberculosis es la duración de los síntomas. Si la sintomatología (tos, fiebre, expectoración, pérdida de peso, etcétera) dura 15 días o más, es necesario acudir al médico. Hay muchas tuberculosis que debutan con expectoración hemoptoica (expulsión de sangre en la tos), lo que puede llegar a asustar al paciente; hay que tener en cuenta que este síntoma también puede ser provocado por un resfriado, el tabaco o por otras enfermedades graves como el cáncer. Por todo esto, es importante controlar la duración de los síntomas y acudir a un experto para obtener un diagnóstico. 

Consejos para pacientes

Otro de los factores para garantizar la curación tiene que ver con los hábitos que se siguen. Un paciente de tuberculosis tiene que alimentarse bien (llevando una dieta variada y equilibrada que aporte los nutrientes y la energía suficientes y que sirva para reforzar el sistema inmunológico), dormir lo suficiente y evitar malos hábitos como el alcoholismo, el tabaquismo y el consumo de drogas, especialmente la heroína.

El consumo de tabaco es muy perjudicial para la tuberculosis ya que, si se fuma cuando se padece esta enfermedad, la curación es mucho más complicada, se sigue expectorando durante mucho más tiempo y, al durar más, se eleva el riesgo de contagio de otras personas.

Si el paciente es adicto a la heroína, las complicaciones pueden dificultar la curación de la tuberculosis y empeorar la enfermedad. Los efectos que causa la sustancia (anemia, pérdida de peso, insomnio) y los hábitos de los consumidores, así como el desarrollo de infecciones ligadas a las condiciones higiénicas del consumo, harán que la curación sea más complicada. 

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