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Patologías del pie

Existen muchos tipos diferentes de patologías que afectan al pie. Cada una cuenta con un tratamiento específico, pero una higiene adecuada es la mejor medida de prevención.

13/10/2003 00:00

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Hiperhidrosis

La sudación excesiva del pie o hiperhidrosis es un trastorno frecuente que ocasiona importantes molestias e incluso favorece las infecciones. Aunque no se puede eliminar definitivamente, sí se puede regular con algunas medidas eficaces. Las principales medidas de prevención son:
- Emplear calcetines o medias de materiales naturales: hilo, algodón, lana o medias de seda, que permiten la transpiración.
- Cambiar los calcetines varias veces al día.
- Usar ácido bórico o polvos de talco para regular la sudación.
A veces el sudor es consecuencia de una infección mixta por hongos o bacterias, por lo que el tratamiento va dirigido en primer lugar a controlar la infección y, en consecuencia, la sudación va desapareciendo.
El exceso de sudor también puede ir acompañado de mal olor, que se produce por la degradación de pequeños microorganismos, como los hongos, y que pueden dar origen a numerosas infecciones. En los casos de sudación severa se hace necesario el uso de fármacos específicos.



· Uñas encarnadas

Aunque en el origen de la uña encarnada influyen muchos factores, surge principalmente como consecuencia de un mal corte o del uso de calzado inadecuado. Consiste en una respuesta del organismo ante una agresión. En su discurrir, la uña encuentra un tope en la carne y no puede seguir creciendo, por lo que reacciona con una inflamación y, si sigue creciendo, una infección. Este trastorno afecta especialmente a niños en edad escolar y a adolescentes.
Quitar la uña es un remedio drástico. Sin embargo, existen tratamientos mucho más sencillos para corregir la uña. En los casos leves las medidas higiénicas (lavado, secado, corte de uñas) pueden evitar que el trastorno se complique. Pero cuando estas medidas fallan es necesario un tratamiento quirúrgico.



· Callos

El callo se produce por un exceso de crecimiento de la capa córnea (última capa de la piel) debido a una fricción o sobrecarga continua. Como consecuencia aparece una hiperqueratosis (fragmento de piel dura y engrosada) que llega a ser muy dolorosa cuando existe un núcleo y que coincide con la zona de presión. En su aparición influye el calzado empleado, la forma de caminar o la deformidad de los pies, y se localiza en el dorso de los dedos o en la planta del pie.
El tratamiento dependerá del lugar en el que esté localizado y de su gravedad, y consiste en el uso de plantillas especiales u ortesis de silicona (fundas que tienen una función correctora).
Si es una hiperqueratosis sin dolor es mejor no tocarla para no estimular su crecimiento. Es tejido muerto, pero si lo quitamos la piel vuelve a defenderse creando más callosidad y podemos agravar el proceso. El mal uso de callicidas también puede empeorar la situación, por lo que conviene consultar al podólogo para conocer la mejor manera de tratar y evitar los callos.



· Juanetes

Los juanetes (‘hallux valgus’) son una deformidad del dedo gordo o primer dedo que produce una prominencia lateral del hueso. Entre las causas que determinan la aparición de juanetes, los factores hereditarios son los más influyentes, aunque también pueden aparecer por reumatismos inflamatorios o por otras enfermedades del pie (pies planos, cavos).
Las mujeres son más propensas a sufrir juanetes que los varones. Esto se explica porque los tacones altos (a partir de 4 cm) pueden agravar el juanete. Así como un calzado demasiado estrecho en el antepié (parte anterior del zapato).
Si los juanetes no son dolorosos y no impiden el calzado, los especialistas aconsejan no operarlos. A veces se confunde la estética con la dificultad para calzarse. Cada pie requiere un tipo de zapato que se ajuste a sus características. No se puede pretender calzar un zapato estrecho, si se tiene un pie ancho. No hay que operarse por motivos estéticos.
La operación por un problema de juanetes está indicada en aquellos casos dolorosos o en los que no permiten caminar con normalidad.
Existen más de 200 técnicas de corrección quirúrgica. El especialista determinará cuál es la más idónea en cada caso, dependiendo del grado de deformidad, de la edad del paciente o de la causa.
Entre las últimas novedades quirúrgicas, destaca la cirugía percutánea. Hasta el momento los resultados son prometedores. Consiste en practicar pequeñas incisiones con las que se elimina el saliente del hueso. Se practica en cirugía ambulatoria (el paciente regresa a casa el mismo día de la operación) y con anestesia local.
Otros tipos de tratamientos no quirúrgicos también pueden ser útiles en la corrección del juanete. En algunos casos basta con la utilización de unas plantillas ortopédicas que se confeccionan a medida del paciente.



· Pies planos

El pie plano se caracteriza por una falta de arco longitudinal o de bóveda plantar (justo la alteración contraria que la del cavo). La huella que deja un pie plano es fácil de reconocer porque carece de la curva característica del pie o ésta es menos pronunciada.
Hasta la edad de dos años no se puede determinar la presencia de la alteración, porque el pie del niño cuenta con un tejido adiposo (grasa) en la planta del pie. Esta almohadilla desaparece con el tiempo y no requiere tratamiento alguno.
Los especialistas aconsejan realizar una serie de ejercicios para optimizar el desarrollo de los pies: caminar de puntillas, descalzo por terreno irregular o por la playa y agarrar objetos con los dedos de los pies.
Estos sencillos hábitos ayudan a formar el arco y por lo tanto previenen la aparición del pie plano, a pesar de que, en la mayoría de los casos este tipo de alteración es hereditaria.
Generalmente, el pie plano no supone un problema para caminar o calzarse. Es conveniente observar una serie de reglas básicas en el calzado, tales como emplear siempre un zapato ancho, cómodo y flexible, que esté bien ventilado y tenga buena adherencia al suelo.
Cuando el pie plano es patológico y es causa de dolor y molestias al caminar, el especialista debe valorar qué tratamiento es el indicado. En algunos casos, se puede recurrir a calzado ortopédico, no tanto para eliminar el pie plano, como para facilitar la marcha e impedir los dolores. La cirugía no suele un tratamiento frecuente en estos casos.



· Pies cavos

La deformidad en cavo del pie consiste en una elevación anómala de la bóveda de la planta. Los dedos pueden quedarse agarrotados o flexionados hacia dentro, lo que disminuye el tamaño del pie.
Identificar un pie cavo es fácil. El pie no deja huella de la parte central de la planta, ni de los dedos. En los casos más leves de pie cavo, los padres suelen detectar este problema cuando los niños empiezan a andar con soltura (tres o cuatro años) y observan las huellas que dejan en la playa o un mayor desgaste en la parte posterior de la suela del zapato.
En el 80 por ciento de los casos el origen del pie cavo es familiar (hereditario). Existe la posibilidad de que esta alteración se produzca por una enfermedad neurológica, por lo que es vital que el especialista realice un diagnóstico.
El pie cavo es bastante frecuente entre la población general, aunque en sus formas más leves. Estos casos de pie ligeramente cavo no tienen porqué recibir un tratamiento específico, siempre que no ocasionen molestias ni dificulten la marcha.
Cuando la deformación es más acusada, pueden recrudecerse algunos síntomas con la edad:
- dolor en las almohadillas de la planta de los dedos al apoyar (metatarsalgia)
- dolor en el talón al apoyar (talalgia)
- durezas dolorosas en las zonas de mayor apoyo (hiperqueratosis plantares)
- dedos en garra (flexionados hacia dentro)
- aparición de tendinitis
- dificultad para calzarse
- lumbalgias frecuentes. Dificultad o cansancio extremo para permanecer de pie sin moverse.
Si se acusan estos síntomas, el especialista determinará el tratamiento más adecuado, que puede ser con ejercicios específicos o calzado ortopédico (plantillas). En general, se recomienda el uso de zapatos cómodos, flexibles y anchos, sobre todo en la puntera, para permitir movilidad en los dedos.
El tratamiento también puede ser quirúrgico en los casos más graves. Ramón Viladot, presidente de la Escuela del Pie de la Sociedad Española de Reumatología, recuerda que los pies cavos asintomáticos (no dolorosos o molestos) no deben tratarse con cirugía y, en todo caso, hay que esperar a que el pie crezca y se desarrolle completamente.



· Pies zambos

El pie zambo es aquel que no se apoya en el suelo de forma normal. En este tipo de malformación, el pie aparece flexionado hacia un lado (hacia dentro o hacia el exterior). Puede manifestarse en uno o ambos pies. En la mayoría de los casos se trata de una deformación hereditaria, aunque puede influir una mala postura intrauterina.
Si la deformación es muy grave requiere un tratamiento inmediato, desde el nacimiento, con yesos correctores. La terapia con yesos puede resultar insuficiente en determinados niños, por lo que se recurre a la cirugía (normalmente alrededor del primer año).
En los casos más leves incluso puede que no sea necesario tratamiento alguno, porque el pie zambo se corrige con la edad y el inicio de la marcha. El ortopeda le aconsejará sobre la opción más adecuada.



· Hongos

Entre las patologías que afectan al pie, las infecciones por hongos están bastante extendidas. La onicomicosis, que se localiza en las uñas de los dedos del pie y la tiña pedis o pie de atleta, que afecta a la planta del pie, son las más importantes por su frecuencia.
La onicomicosis es una infección causada por un grupo de hongos llamados dermatofitos que alteran la queratina de la uña. Según los expertos, esta patología afecta a entre el 3 y el 8 por ciento de la población. En España, se ha observado que la onicomicosis es más frecuente en mujeres que en hombres, lo cual se puede explicar por el calzado que se utiliza que puede ocasionar un traumatismo a largo plazo.
El traumatismo continuo puede ser una de las causas de que el hongo anide en la uña, si bien éste puede aparecer por otros motivos, como la destrucción de la uña por otras patologías como la psoriasis. A pesar de su elevada prevalencia, los especialistas recuerdan que la onicomicosis está infradiagnosticada en la actualidad, ya que alrededor de un 60 por ciento de los afectados no acude al médico, a pesar de que existen tratamientos eficaces para combatir la enfermedad, que suelen durar un mínimo de seis meses.
En la tiña pedis, comúnmente denominada pie de atleta, la infección se presenta en la planta y en los espacios comprendidos entre los dedos del pie. Es muy contagiosa y se transmite entre personas que comparten toallas, calzado, duchas públicas o incluso se bañan en la misma piscina.
El pie de atleta puede evitarse siguiendo una serie de consejos, como evitar caminar descalzo por el borde de las piscinas, llevar sandalias de goma al utilizar las duchas públicas, usar calzado que permita una buena transpiración en el pie, sobre todo en verano, ya que la humedad favorece la aparición de los hongos, y observar una higiene diaria del pie.
Los síntomas del pie de atleta incluyen picor en la zona y ablandamiento, aparición de grietas y descamación de la piel, si bien pueden aparecer también pequeñas ampollas con un líquido acuoso. En caso de observar alguno de estos signos, deberá acudir al especialista, quien le prescribirá el tratamiento adecuado. Siguiendo una buena higiene y cumpliendo el tratamiento, la infección suele remitir en poco tiempo.



· Espolón

El espolón calcáneo es una prominencia ósea que puede aparecer en la parte anterior del talón (calcáneo) como consecuencia de estiramientos excesivos y continuados de la fascia plantar, una banda de tejido conjuntivo que recubre los músculos de la zona. Al estirarse excesivamente, la fascia puede calcificarse, formándose el espolón, que es bastante doloroso y dificulta el apoyo normal de talón, ocasionando a veces una inflamación en la zona que lo rodea.
El espolón es más frecuente entre personas que tienen el pie muy arqueado o que sufren sobrepeso, aunque también puede aparecer entre aquellos que realizan movimientos violentos con el pie. Asimismo, el pie plano y las contracturas que inciden en el tendón de Aquiles también aumentan la tensión en la fascia plantar, por lo que pueden acarrear la aparición de espolones calcáneos.
Esta lesión suele tratarse con éxito mediante el uso de plantillas ortopédicas que alivian la tensión sobre la zona haciendo que los movimientos sean menos dolorosos. Las férulas nocturnas y los ejercicios de estiramientos también son efectivos para eliminar o disminuir el dolor. En caso de que aparezcan inflamaciones, se pueden tratar mediante infiltraciones de fármacos antiinflamatorios.
El avance en las técnicas quirúrgicas ha propiciado que el espolón calcáneo pueda corregirse mediante una intervención. Mediante la operación se hace una resección o eliminación del espolón con una mínima incisión de dos o tres milímetros en la piel hasta llegar a la prominencia ósea.



· Prevención

La higiene del pie es imprescindible para evitar infecciones y lesiones en el pie. Cuatro pasos importantes que deben realizarse correctamente para que no surjan complicaciones:
- Lavado: El lavado del pie debe hacerse con agua fría o tibia y con jabón o gel de pH ácido 5.5 que es similar al de la piel durante un tiempo máximo de 10 minutos. No es conveniente el uso de jabones básicos o neutro porque pueden alterar el ecosistema del pie y hacerlo vulnerable a las infecciones. Tampoco es recomendable añadir fórmulas caseras al agua, como bicarbonato o sal, ya que no tienen poder terapéutico y resecan la piel.
- Secado: La humedad favorece las infecciones por hongos, bacterias o virus, por lo que es importante secar bien el pie, especialmente entre los dedos, con una toalla o gasa sin friccionar la piel para evitar lesiones.
- Hidratación: Hay que emplear cremas hidratantes con lanolina o vaselina en toda la superficie del pie, especialmente en el talón, donde suelen aparecer callosidades y grietas, pero siempre en pequeñas cantidades.
- Cortar las uñas: Por regla general las uñas se cortan rectas, sin cortar los picos y siguiendo en la medida de lo posible la morfología del dedo. Siempre hay que dejar que el borde libre de la uña sobresalga uno o dos milímetros por delante del pulpejo del dedo.

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