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Pruebas radiológicas

Consiste en irradiar al paciente con rayos X que atraviesan en mayor o menor grado los distintos tipos de tejidos en función de su contenido en gas, líquido o elementos sólidos. Situando al paciente entre la fuente de rayos X y una placa con un negativo, la imagen que se forma en ésta permite identificar las vértebras, mostrando su disposición, y da una idea superficial de la composición de las propias vértebras y de algunos de los tejidos del entorno.

Redacción.   |  23/01/2003 00:00

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Esta prueba permite detectar los siguientes trastornos:

- Patologías que causan dolor de espalda pero que no son patologías mecánicas del ráquis; infecciones, tumores, fracturas vertebrales o señales de osteoporosis (pérdida de masa ósea). La existencia de estas afecciones descarta la posibilidad de un diagnóstico de patología mecánica del raquis.

- Las variaciones de la forma de la columna vertebral, como anomalías de transición lumbosacras y las escoliosis. En este último caso, permite cuantificar con precisión el número de grados de la curvatura.

- Algunas anomalías orgánicas de la columna vertebral: la espondilolistesis y la artrosis facetaria. En la artrosis vertebral permite observar la existencia de osteofitos, las degeneraciones importantes del disco, en las que el núcleo pulposo prácticamente ha desaparecido y ha sido sustituido por aire -es lo que se denomina el fenómeno de ‘vacío discal’- y, en las fases más iniciales, la aproximación de las vértebras a consecuencia de la pérdida de altura de los discos intervertebrales por su degeneración (que es lo que antiguamente se denominaba ‘pinzamiento’ discal). La radiología convencional no permite diagnosticar la existencia de fisuras, protrusiones ni hernias discales, ni la de fibrosis postquirúrgicas.

La utilidad de la radiología convencional en las patologías mecánicas del raquis es bastante limitada ya que, el dolor de espalda se debe habitualmente a causas que no se ven en una radiografía y la mayor parte de las anomalías que puede detectar la radiología convencional no aumentan el riesgo de padecer dolor de espalda, y evidenciarlas no conlleva ningún cambio en la estrategia de tratamiento.

La radiología no es dolorosa pero la irradiación con rayos X es nociva, por lo que conviene limitar su uso a los casos en los que está realmente justificado. No está indicada en dolores de espalda de menos de 4 semanas, salvo que haya datos que sugieran que puedan deberse a causas distintas a la patología mecánica del raquis o haya compresión de un nervio. Por el contrario, puede indicarse para descartar la existencia de enfermedades generales que causan dolor en la espalda pero que no son propiamente de la espalda (tumores, infecciones,fracturas o aplastamientos vertebrales).


El escáner o tomografía axial computarizada (TAC)
El escáner es un aparato que hace muchas radiografías a la vez y desde distintos ángulos. Un ordenador reúne todas las imágenes y las transforma en una sola, que es la suma de todas las obtenidas desde los distintos puntos de vista. De esta manera, se pueden ver los tejidos blandos que por su poca consistencia dejan pasar gran parte de los rayos X. Aunque no es doloroso, expone al paciente a una irradiación considerable, equivalente a la de varias radiografías a la vez.

Está recomendado cuando se tiene interés ver el hueso o cuando es necesario observar los tejidos blandos pero no se dispone de resonancia magnética.


Resonancia magnética
Consiste en colocar al paciente en el centro de un campo magnético muy intenso y de una frecuencia específica. La atracción magnética generada por el aparato dirige los electrones de algunas sustancias corporales hacia la fuente del campo magnético. En ese momento se capta una imagen que visualiza la forma de los tejidos formados por esa sustancia.

Es el procedimiento que permite ver mejor los tejidos blandos, es decir, todos los componentes de la columna vertebral que no son hueso, como el disco intervertebral, la médula espinal, las raíces nerviosas o la eventual existencia de fibrosis postquirúrgica. Aunque también muestra el hueso, éste se ve mejor con el escáner.

La resonancia no expone al paciente a ningún tipo de irradiación peligrosa ni es dolorosa. Requiere, sin embargo, que el paciente esté quieto durante unos 15 minutos en un espacio pequeño, por lo que puede ser desagradable para los que sean ansiosos o tengan tendencia a la claustrofobia.

Este procedimiento está indicado en los casos en los que se sospecha que el dolor no se debe a una patología mecánica del raquis, como es el caso de pacientes con, o cuando el dolor aparece acompañado de alteraciones neurológicas generalizadas. Asimismo, es útil cuando los datos sugieren la necesidad de operar con urgencia, como pérdida de control de los esfínteres, pérdida marcada o progresiva de fuerza, o anestesia en el periné (entrepierna) y la zona interna de los muslos.

En el caso de pacientes con ciática -dolor que baja por la pierna siguiendo el trayecto de una raíz
nerviosa- resistente al tratamiento aplicado, es recomendable esperar unas 6 semanas antes de realizar la resonancia magnética.


La gammagrafía ósea
Consiste en inyectar en la sangre una sustancia radiactiva que se fija al hueso. Un aparato capaz de detectar la actividad radiactiva, denominado gammacámara, permite medir la cantidad de radiactividad que emite cada hueso, lo que refleja la cantidad de sustancia que se ha fijado a él. Por ejemplo, en un hueso con una infección o con algunos tipos de tumor hay más actividad y riego sanguíneo, por lo que se fija a él más sustancia radioactiva y, por lo tanto, la gammacámara detecta que emite más radiactividad.

La gammagrafía puede ser muy útil para detectar infecciones o tumores que se hayan formado en el seno del hueso. También permite descubrir una fractura antes de que se vea en una radiografía.

Está indicada en los casos en los que se sospecha la existencia de una fractura, un tumor o una infección, aun cuando las pruebas radiológicas son normales.


La discografía
Consiste en la inyección de una sustancia, denominada contraste, en el interior de la envuelta fibrosa del disco, donde se halla el núcleo pulposo. Una vez inyectada, se hace una radiografía convencional, que muestra la distribución del contraste en el interior del disco. Si existe una fisura en la envuelta fibrosa del disco, ésta se rellena de líquido y la radiografía la detecta. De esta manera, permite determinar si la envuelta fibrosa del disco está íntegra o, por el contrario, tiene fisuras o roturas.

La discografía puede doler y en ocasiones el contraste genera alergia y la irritación o infección del disco. Está recomendada en pacientes con dolor crónico, y se emplea especialmente para provocar el dolor y confirmar que se debe a una fisura discal.


La mielografía
Consiste en la inyección de un contraste en el canal medular que impide el paso de los Rayos X. Una vez inyectada, se hace una radiografía convencional, de forma que el canal medular, que en condiciones normales no se vería en la radiografía, se hace visible por estar relleno de contraste. Si una lesión está invadiendo el canal medular, se observa que el líquido no rellena esa zona.

Así, permite ver el espacio que ocupa la médula y las raíces nerviosas, diagnosticar la existencia de estenosis espinales o hernias discales.

La mielografía es dolorosa y entraña un pequeño riesgo de infección y de alergia al contraste. El escáner y la resonancia magnética han relegado esta técnica a un segundo plano.

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