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Última actualización: Jueves, 13 de Agosto de 2009 - Actualizado a las 12:02h.
La bursitis se produce cuando unas bolsas, llamadas bursas, se inflaman o irritan causando dolor. La bursa se localiza en lugares donde hay puntos de roce, como los músculos, tendones o huesos. La misión de estas bolsitas es ayudar al movimiento normal de las articulaciones y evitar fricciones entre ellas. Hay bursas por todo el cuerpo humano, se calcula que existen más de 150, aunque la bursitis se manifiesta, sobre todo, en los hombros, rodillas, caderas, pelvis, codos, dedos de los pies y talones, es decir, aquellas zonas donde el movimiento articular es más repetitivo diariamente.
La bursitis puede resultar del uso excesivo de una articulación de manera crónica, de heridas, gota, seudogota, artritis reumatoide o infecciones, pero con frecuencia, se desconoce la causa. Aunque los hombros son los más propensos a la bursitis, también se inflaman frecuentemente las bolsas de los codos, las caderas, la pelvis, las rodillas, los dedos del pie y los talones.
La bursitis se caracteriza por dolor e incapacidad para llevar a cabo ciertos ejercicios o movimientos usuales en la vida diaria. Pero los síntomas dependen de la zona del cuerpo afectada. En todo caso hay una limitación del movimiento y un dolor que difiere si afecta a un hombro o a los dedos de los pies, por ejemplo. Puede aparecer de manera repentina o con un proceso de menos a más dolor, que el paciente lo nota por el movimiento y el tacto, pues la piel que rodea a la bursa está más sensible. Otro síntoma puede ser la fiebre.
Hay dos tipos de bursitis:
Se puede estimar que se trata de una bursitis cuando por el tacto en la zona que rodea a la bursa o por el movimiento de esa articulación existe dolor. Además esta bolsa puede estar inflamada, por lo que el médico puede sustraer una muestra de líquido del interior para conocer las causas de la hinchazón.
En la mayoría de los casos la bursitis desaparece sin ningún tratamiento específico. Si se trata de una bursitis aguda no infectada hay que evitar sobreesfuerzos, aplicar a la zona afectada calor o frío y tablillas. Para acabar con la hinchazón y el dolor el médico puede recetar cortico-esteroides, como la prednisona. Además, para mejorar los movimientos es necesario realizar ejercicios en la zona afectada, y en último extremo, recurrir a la cirugía. El tratamiento de la bursitis crónica sin infección es similar al de la bursitis aguda, pero el reposo no suele tener efecto. En este caso hay que recurrir a métodos más agresivos como al fisioterapia intensiva o inyecciones de corticosteroides. Si la bursa está infectada es necesario extraer el líquido acumulado, acompañado de unos antibióticos adecuados.
Una prueba de ADN en saliva es útil para determinar la predisposición genética del paciente a sufrir una artrosis de rodilla de evolución rápida, según un estudio.
©2009. Madrid. Unidad Editorial, Revistas
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